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Edición:
21 de septiembre de 2003
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| EDICIÓN
ESPECIAL |
REUNIFICACIÓN |
TRÁFICO
DE SUEÑOS
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Joselyn,
de seis años, se despidió de su abuelita, y
sólo con un paquetito en sus manos, donde llevaba su
ropa interior, inició el viaje para completar el vago
recuerdo que guardaba de sus padres. Él coyote
nos dejó tirados, recuerda Joselyn, ahora que
ha experimentado esa aventura que cada año emprenden
unos 1,200 menores en El Salvador.
Visitamos la frontera sur (México-Guatemala) para cruzarnos
con el punto donde inician los riesgos que los pequeños
viajeros deben enfrentar.
Las regiones de Tecún Umán, en Guatemala, y
Tapachula, en México, se han convertido en el pie de
esa gigantesca montaña inundada de escabrosas veredas.
Allí los menores son víctimas de explotaciones
sexuales, de secuestros, de violaciones y de maltratos físicos
y sicológicos.
Conmueve la forma en que nuestros niños son transportados
por los traficantes de personas. Navegar en el océano
durante 12 horas y dormir en los cafetales, son relatos que
salen de sus labios.
También se encuentran los de 15 a 18 años que
emprenden la travesía sin más compañía
que sus sueños. Algunos antes de ser deportados se
aferran a los hierros del tren, y en el peor de los casos
terminan soltándose para dejar sus vidas entre los
rieles.
Las adolescentes se estacionan en los prostíbulos de
las dos ciudades para vender sus cuerpos a cambio de nada,
sólo por contar con un techo antes de continuar el
camino.
Los primeros responsables de estas tragedias son las bandas
de traficantes que han encontrado en la debilidad de las leyes
salvadoreñas el campo propicio para amasar grandes
fortunas.
Algunas de las redes se han especializado en llevar menores,
debido a las ganancias que les deja en sus bolsillos. Si por
transportar a un adulto cobran 5,000 dólares, por guiar
a un inocente aumentan el precio a 7,000.
Esta investigación demuestra que hasta el momento ningún
traficante ha sido condenado, pese a que el Código
Penal lo tipifica como un delito y que ya no es un secreto
que unos 40 niños han fallecido en su intento por llegar
a Estados Unidos.
Ese es en pocas palabras el panorama que en las siguientes
páginas queremos plantear a los lectores. ¿Qué
nos llevó a tomar la decisión de profundizar
en este tema?
Sencillo. Dejarles ver que el tráfico ilegal de menores
hacia Estados Unidos es el causante de mucho sufrimiento para
nuestros niños, y que de alguna forma, podemos aportar
para que menos inocentes caigan en las redes de esta pesadilla.
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