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Edición:
20 de julio de 2003


Los nativos de América del Sur
que no desean tener contacto con la civilización
enfrentan un genocidio cultural, advierte un alto funcionario
de la ONU.
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| Indígena
de la etnia huaorani, amazonia ecuatoriana, una de las
que están en peligro de extinción en Suramérica. |
La
retórica gubernamental y las leyes garantizan la existencia
de los pueblos indígenas aislados que sobreviven en
las selvas amazónicas de Brasil, Ecuador y Perú,
y en el Chaco paraguayo, pero su ruta hacia la extinción
parece estar ya trazada.
Los korubo de Brasil, los tagaeri de Ecuador, los ayoreo de
Paraguay y los mashco-piros, los ashaninkas y los yaminahuas
de Perú, que en conjunto no suman más de 5.000
individuos, soportan la presión creciente de una civilización
que avanza sobre sus territorios.
Lo que enfrentan los nativos aislados es un verdadero
genocidio cultural, dijo a Tierramérica Roberto
Stavenhagen, relator especial de la Organización de
las Naciones Unidas (ONU) sobre Derechos Humanos y Libertades
Fundamentales de los Indígenas.
Me temo que en las circunstancias actuales es muy difícil
que sobrevivan muchos años más, pues el llamado
desarrollo niega el derecho de esos pueblos a seguir siendo
pueblos, señaló.
Los nativos están decididos a vivir aislados y a no
seguir el camino de extinción física y cultural
de otros pueblos indígenas. Eso los ha llevado a matar
ante la amenaza de los explotadores de caucho, madera, petróleo,
oro y recursos genéticos.
También avanzan sobre ellos religiosos, antropólogos
y empresarios turísticos, y han sido presa de asesinos,
como sucedió en mayo en la Amazonia ecuatoriana, cuando
una decena de tagaeris, de los menos de 300 que aún
sobreviven, fueron masacrados por indígenas huaoranis
integrados a Occidente.
Esa matanza se relacionó con el interés de empresas
madereras en explotar territorios vírgenes.
Muchos de estos grupos surgieron a la historia occidental
hace menos de 60 años, al registrarse hechos violentos
en sus territorios y debido a intentos empresariales de explotar
sus riquezas.
En un inicio fueron calificados de salvajes, violentos y caníbales
por algunos religiosos, empresarios e incluso integrantes
de otras etnias indígenas.
Las historias rodeadas de violencia son un denominador común
de los grupos nativos aislados, que en el pasado llegaron
a ser cazados como animales para luego ser exhibidos ante
la civilización.
Así sucedió en 1956, cuando un grupo de ayoreos
de Paraguay fue perseguido a caballo por trabajadores de una
empresa que lograron atrapar a un niño indígena
de menos de 12 años llamado Iquebi, el primero de su
etnia que fue exhibido en ese país.
El sistema económico actual no respeta la diversidad
cultural, y a los indígenas voluntariamente asilados
se los considera un estorbo, dijo a Tierramérica
el indígena brasileño Sebastiao Manchineri,
portavoz de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas
de la Cuenca Amazónica.
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El
futuro de estos pueblos hermanos no está garantizado,
por lo que caminan hacia su extinción, lamentó.
Según el estudio Amazonia sin Mitos, financiado por
la ONU, cuando los europeos llegaron a América, esa
zona selvática estaba ocupada por alrededor de 2.000
pueblos indígenas, que sumaban unos siete millones
de personas.
Más de cinco siglos después, y tras explotación
laboral, persecución y múltiples enfermedades
que los nativos no conocían, quedan menos de 400 pueblos
y unos dos millones de individuos, de los cuales menos de
5.000 aún se resisten a tener contacto con la civilización.
Las leyes nacionales e internacionales y el discurso oficial
prometen defender la existencia de esos últimos grupos
nativos aislados, pero también hay quien reconoce desde
el gobierno que será difícil cumplir con ese
objetivo.
Para el jefe del departamento de Indígenas Aislados
de la estatal Fundación Nacional Indígena de
Brasil, Sydney Possuelo, el futuro de los nativos no es nada
halagüeño.
La supervivencia de los indígenas depende de
un cambio de paradigmas, de la reducción del consumismo.
Sin ese cambio (...) seguirán siendo destruidos en
nombre del progreso, dijo el funcionario a Tierramérica.
Con cada etnia extinta desaparece también un
pueblo, lo que es lamentable, señaló.
El pueblo korubo de Brasil, del que se especula tiene 300
miembros, es quizás uno de los más numerosos
de los que sobreviven aislados en ese país, pues hay
otros de tan sólo cuatro integrantes.
También hay uno del que queda una sola persona, que
no quiere contacto, vive solo en su casucha y ataca con flechas
a quien se acerca, explicó Possuelo.
En Brasil, Ecuador y Paraguay, las constituciones reconocen
el derecho al territorio de los grupos indígenas, cosa
que no ocurre en Perú, pero los cuatro países
admiten la validez del acuerdo 169 de la Organización
Internacional del Trabajo, que garantiza los derechos de los
pueblos nativos sobre su entorno físico y cultural.
Pero los hechos dicen otra cosa. Inspecciones realizadas en
la selva peruana demuestran que las empresas que operan en
la Amazonia no cumplen con los compromisos respecto a los
pueblos aislados, indicó a Tierramérica Cristina
Valdivia, funcionaria del estatal Programa de Defensa de Comunidades
Nativas de Perú.
La población de mashco-piros de Perú, de unos
1.100 integrantes, es acosada por diversas empresas, y en
la actualidad debe moverse entre obras de perforación
para explotar yacimientos de gas.
Según expertos, los mashco-piros están en riesgo
crítico, igual que los ashaninkas y yaminahuas, cuya
población sería de unos 2.200 individuos.
Presionados desde múltiples flancos, los grupos peruanos
se han visto involucrados en cruentos ataques, al igual que
en Ecuador, Paraguay y Brasil.
En Paraguay, uno de esos hechos se registró a fines
de los años 90, cuando los llamados ayoreo totobiegosode
arremetieron con lanzas contra trabajadores de una empresa
que abría caminos en la selva del Chaco.
Los ayoreo se mueven en la frontera con Bolivia sobre una
superficie de casi tres millones de hectáreas, cada
vez más presionada por el avance de la frontera agrícola.
Los nativos paraguayos, como los de otros países con
zonas selváticas, afrontan también el acoso
de grupos religiosos, en su caso del evangelista Misión
a Nuevas Tribus de Estados Unidos.
La responsabilidad del gobierno ante los ayoreo totobiegosode
es protegerlos de toda perturbación externa,
que son muchas, (por lo que) hay que luchar contra mucha gente
con intereses dentro de su territorio, dijo a Tierramérica
Óscar Centurión, presidente del estatal Instituto
Paraguayo del Indígena.
La socióloga Tarcila Rivera, del no gubernamental Centro
de Culturas Indígenas de Perú, sostuvo que no
deberían hacer falta leyes para que se protejan los
derechos de los pueblos nativos, pues los tienen de forma
natural, como el resto de la población.
El problema en el caso de los indígenas es que se
tiende a considerarlos pueblos salvajes, fuera de la protección
que rige para los demás ciudadanos, señaló.
Si los gobiernos no toman medidas, los pueblos indígenas
voluntariamente aislados serán eliminados sin que se
pueda hacer nada al respecto, sentenció Manchineri.
El
autor es corresponsal de IPS. Con aportes de Abraham Lama
(Perú),
Mario Osava (Brasil) y Alejandro Sciscioli (Paraguay)
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