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Edición:
20 de julio de 2003


Un equipo
científico liderado por Brasil investiga los efectos
del gas emitido por los vehículos, una nueva pesadilla
para las mega-ciudades.
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Un
grupo de militares cruza la calle no pavimentada frente
al actual Palacio Nacional en 1924. El Hotel Nuevo Mundo
se observa al fondo.
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El gas
ozono que en la estratosfera forma una capa protectora contra
los rayos solares dañinos, se convierte en la superficie
terrestre en un contaminante enemigo de la salud humana. Además
de daños conocidos al aparato respiratorio hay fuertes
indicios que lo vinculan con el cáncer de pulmón.
Científicos de Alemania, Brasil, Francia y Gran Bretaña
comprobaron que una intensa exposición a ese gas provoca
mutaciones genéticas similares a las halladas en personas
no fumadoras que contrajeron cáncer pulmonar, que constituyen
diez por ciento del total de casos de este tipo de enfermedad
oncológica en Sao Paulo, según el Hospital de
Cáncer de esa ciudad brasileña.
Aunque el tabaco es el gran factor de riesgo de esa enfermedad,
el ozono debe ser considerado como otra posible causa
en áreas urbanas, dijo a Tierramérica
el profesor de microbiología molecular del Instituto
de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Sao Paulo,
Carlos Menck, coordinador del estudio.
Confirmar esa relación requiere más investigaciones,
reconoció el científico. Pero el avance en la
identificación de alteraciones genéticas provocadas
por el ozono suma preocupaciones a grandes ciudades con gran
contaminación atmosférica, como Sao Paulo, con
más de 10 millones de habitantes, y México,
con 20 millones.
Según la investigación, el ozono puede inducir
alteraciones genéticas en células humanas expuestas
a su presencia, según observaciones de las secuencias
de las cuatro letras (o bases) químicas
del ácido desoxirribonucleico (ADN).
Normalmente, la C (citosina) siempre está unida a la
G (guanina), mientras la T (timina) se junta a la A (adenina).
En genes de células expuestas al ozono, esas duplas
aparecen trocadas o en un orden alterado, en forma similar
a la del cáncer pulmonar de no fumadores, destacó
Menck.
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¿Qué
es el ozono?
El ozono es un gas incoloro, invisible y de olor agradable.
Se trata de una molécula formada por tres átomos
de oxígeno (O3), a diferencia de la molécula
de oxígeno que respiramos y que está formada
por dos átomos (O2).
A unos 20 kilómetros de altura, en la estratosfera,
se encuentra la ozonosfera o capa de ozono, que es beneficiosa
porque nos protege de las radiaciones ultravioleta (rayos
UV) provenientes del sol. Se trata de una capa dinámica:
las moléculas de ozono se están formando
y destruyendo constantemente, absorben los UV y evitan
que éstos puedan llegar a la tierra.
El ozono situado en la troposfera, la capa de la atmósfera
más cercana a la superficie (entre el suelo y
unos 10 kilómetros) es el troposférico.
La única manera de disminuir los niveles de ozono
superficial es evitando que las industrias y el tráfico
rodado emitan óxidos de nitrógeno y compuestos
orgánicos al aire.
www.gencat.es/mediamb/
cast/aire/e_ozo.htm

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Expusimos
el ADN a una dosis de ozono superior a la del aire contaminado,
admitió Soraia Calil Jorge, genetista que participó
en el estudio.
En verdad,
las personas inhalan menos gas, pero lo hacen con frecuencia
y por muchos años y el ozono tiene un efecto acumulativo,
dijo la especialista a Tierramérica.
La simple exposición no afecta de inmediato a los genes,
pues el ozono primero entra en contacto con la membrana
de las células y no siempre llega al ADN, hay
un largo camino anterior, explicó.
Pero el
estudio reveló la posibilidad de que el ozono provoque
alteraciones en el gen P53, que controla el ciclo celular
e induce al suicidio a las células alteradas
o cancerosas, impidiendo una multiplicación que provocaría
tumores, añadió.
Las mutaciones en ese gen regulador son frecuentes en enfermos
de cáncer de pulmón en no fumadores, según
la especialista.
La presencia de ozono (cuya molécula está formada
por tres átomos de oxígeno) es un problema mundial
de ciudades congestionadas de tránsito vehicular.
En 2002, Sao Paulo padeció 82 días con concentraciones
de ozono por encima de los límites aceptados, de hasta
160 microgramos por metro cúbico de aire, informó
a Tierramérica la química María Helena
Martins, gerente de muestreo y análisis del aire de
la estatal compañía de Tecnología de
Saneamiento Ambiental de Sao Paulo (CETESB).
Mediante
exigencias técnicas a la fabricación de nuevos
vehículos, en vigor desde 1986, Brasil logró
reducir emisiones contaminantes, como monóxido de carbono
y partículas sólidas.
Pero la presencia de ozono se mantuvo estable en Sao Paulo,
sin tendencia de aumento ni de caída, observó
Martins.
El ozono no es producto de emisión directa, sino de
reacciones químicas que involucran óxidos de
nitrógeno e hidrocarburos, generados por la quema de
combustibles, por la combustión incompleta o por la
evaporación.
Los vehículos son las mayores fuentes de estos agentes
precursores del ozono, también emitidos
por empresas gasolineras y algunas industrias.
La luz solar es indispensable en la reacción química
que une los tres átomos de oxígeno, en un proceso
que demora algunas horas. Eso determina el ciclo
del ozono, cuya concentración en el aire empieza a
formarse a las once horas de la mañana, disminuyendo
al final de la tarde, pero sólo en días soleados,
explicó Martins.
La masa de aire contaminado se extiende por toda la región
metropolitana de una ciudad, pero el viento provoca mayor
concentración en algunas áreas. No siempre las
avenidas más transitadas son las más afectadas,
porque el óxido de nitrógeno, por ejemplo, es
precursor pero también destruye ozono, señaló
la química.
Muchas veces el gas se concentra en áreas verdes, como
el parque paulista de Ibirapuera, donde muchos residentes
suelen pasear o practicar deportes en busca de aire
puro.
La CETESB mantiene un sistema de control de la calidad del
aire, indicando los barrios donde la contaminación
es excesiva.
El ozono castiga a Sao Paulo especialmente desde septiembre,
cuando con la primavera austral comienza la escasez de lluvias
y nubes, y el sol fuerte se abre paso. Y se prolonga hasta
febrero o marzo, observó Martins.
Otros contaminantes, como el monóxido de carbono, atacan
más en el invierno, pues las bajas temperaturas impiden
su dispersión.
Es sabido que la exposición sostenida al ozono inflama
los pulmones, alterando su elasticidad, irrita en general
todas las membranas y disminuye la capacidad de defensa del
organismo ante las infecciones.
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Vista
panorámica de Sao Paulo, que en 2002
padeció 82 días con concentraciones
de ozono por encima de los límites
aceptados.
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El
ozono es un contaminante secundario que se forma
a partir de otros contaminantes atmosféricos
primarios (óxido de nitrógeno
y compuestos orgánicos).
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El
autor es corresponsal de IPS
Si quieres saber más conéctate a http://www.sciencedirect.com/science
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