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30
de abril de 2006
CUENTO
El espejo
Era de noche y una leve llovizna caía; apenas se escuchaba
que golpeaba el techo. Me había enfadado porque la
energía eléctrica se cortaba y volvía
a cada momento, lo cual interrumpía mi lectura. Tomé
un espejo de mano y durante un periodo en que no se interrumpió,
observé mi rostro: algunas arruguitas en la frente,
un puntito negro en la nariz y luego, dirigí la mirada
a los ojos.
De pronto tuve la sensación de no ser yo el de enfrente.
Luego me aterrorizó el hecho que los ojos en el espejo
se dirigían hacia mí. Recé en mi mente
una oración mientras aquéllos me escudriñaban.
No podía soltarlo, pues al parecer, el miedo bloqueaba
mi voluntad. ¡El mismísimo demonio estaba frente
de mí!, porque el de la imagen no era yo. No podía
cerrar los ojos ni despegar la mirada y terminar así
con esa pesadilla.
La imagen continuaba sin pestañar; yo lo mismo.
Entonces probé hacer algún gesto: presentí
en mi interior que si movía un poco mi rostro podría
recobrar la voluntad: fruncí el ceño. ¡Gracias
Dios! exclamé en mi mente, sin embargo,
algo terrible sucedió: la imagen también frunció
el suyo. La pequeña esperanza que abrigué fue
extinguida por el espanto que ese hecho me causó, pero
decidí no re
ndirme, así que hice una mueca y, como lo temía,
él hizo lo mismo. Abrí la boca, saqué
la lengua y la imagen también lo hizo; luego cerré
los labios con fuerza y emití un sonido, ella hizo
lo mismo, pero en silencio. Eso me alegró porque el
reflejo sólo podía remedarme. Así que
le grité ¡estúpido!.
La imagen hizo como que si decía estúpido,
pero no emitió sonido alguno, así que me reí
de ella, la que a la vez fingía que se reía
y cuando más me convencí de que el reflejo no
podía hablar, más me reía. Después
las carcajadas invadieron toda la habitación
La imagen continuaba viéndome y hacía todo lo
que yo hacía, pero no hablaba, porque sólo era
un burdo reflejo. Llegó un momento en que la energía
eléctrica se c
ortó de nuevo y como lo anticipé, la cobarde
desapareció y en medio de la oscuridad me reía
de forma escandalosa. La luz volvió. Sin miedo tomé
el espejo y cuando miré, la misma seguía ahí
viéndome, pero esta vez ya no sentí terror,
sino que me causó risa que sólo pudiera remedarme.
Me convencí entonces de que esa imagen era inofensiva,
como todas las que he visto a lo largo de mi vida, sobre vidrieras,
espejos, el agua y más.
Pero luego medité que si la imagen en el espejo sólo
era un reflejo, entonces, de quién era ese horrible
rostro en él. ¡Oh, por Dios! ¡La maléfica
imagen era yo! ¡Yo el demonio! Y nunca antes me había
dado cuenta de ello.
El reflejo simplemente me miró con horror cuando yo
lo miraba. ¡Era yo quien miraba a la imagen!, y ella,
horrorizada, no podía dejar de verme por el miedo.
Así que frunció el ceño y yo hice lo
mismo, gritó y yo también, luego se regocijó,
porque no me escuchaba, porque en realidad para ella, yo solamente
era una estúpida imagen y nada más.
Ganador ES del libro
Más paraíso y menos infierno
Patricia Guadalupe Estrada de Herrera
José Manuel Flores
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teléfono 2231-7772.
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