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28 de mayo de
2005
Lluvia de críticas a supergasoducto
en Brasil
Crece el rechazo al gigantesco proyecto que transportaría
unos 150 millones de metros cúbicos de combustible
a través de la Amazonia.
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Tuberías
de gran diámetro, como la de la foto, son inviables
en varias zonas amazónicas, según expertos.
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El proyecto del supergasoducto
sudamericano, que transportaría combustible a través
de la Amazonia y otros ecosistemas, recibe una lluvia de críticas
en Brasil, donde varios sectores lo dan por muerto tras la
nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia.
El gasoducto nació semimuerto, sin ninguna
factibilidad económica, según Wagner Victer,
secretario de Energía del oriental estado brasileño
de Río de Janeiro. El proyecto es una locura,
completó el ambientalista Roberto Smeraldi, director
de Amigos de la Tierra/Amazonia Brasileña.
La nacionalización de la industria del petróleo
y el gas en Bolivia, decretada el 1 de mayo, puede ser el
tiro de gracia para el gasoducto, consideran analistas.
La medida, que afecta sobre todo a la petrolera estatal Petrobras,
tensó las relaciones entre ambos países y reavivó
la polémica sobre la dependencia brasileña del
gas boliviano.
El ambicioso gasoducto, la obra de infraestructura física
más grande de América del Sur, es impulsado
por los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela; Néstor
Kirchner, de Argentina, y Luiz Inácio Lula da Silva,
de Brasil.
Tendría por lo menos siete mil kilómetros que
pueden ampliarse a más de 10 mil dependiendo de la
ruta elegida, según expertos. Transportaría
150 millones de metros cúbicos diarios y su construcción
podría costar 25 mil millones de dólares.
El proyecto no tiene coherencia económica,
cruza muchos ríos y bosques, haciendo imposible precisar
sus costos, y encarecería demasiado el gas venezolano
entregado en Argentina, si no es subsidiado por Brasil, sentenció
Victer.
Tras el anuncio de la medida boliviana, el gobierno de Brasil
se apresuró a definir planes con Petrobras para la
autosuficiencia nacional en materia de gas natural, acelerando
la producción interna y medidas para importar gas natural
licuado.
Pese al nuevo panorama, no se ha abandonado la idea del gasoducto.
Hay siete grupos de trabajo estudiando los aspectos económicos,
ambientales, de ingeniería, trazado de ruta, financiamiento
y regulaciones que afectan al proyecto. Se va cumpliendo así
el guión definido por Chávez, Lula y Kirchner
en Sao Paulo el 26 de abril. La meta es que el gasoducto esté
diseñado y listo para ser propuesto a los demás
gobiernos sudamericanos en septiembre.
Entretanto, arrecian las críticas de ambientalistas
y expertos en energía. Según Adriano Pires,
director del Centro Brasileño de Infraestructura, el
proyecto enfrenta riesgos ambientales, económicos,
políticos, financieros y tecnológicos que lo
hacen inviable.
En lo político, los gobiernos que usan la energía
como instrumento estratégico, violando contratos y
estableciendo precios según sus intereses políticos,
promueven la desintegración energética,
opinó el experto.
También hay problemas tecnológicos inherentes
a un proyecto tan gigantesco, agravados porque el gas venezolano
es asociado al petróleo, destacó Pires. Ante
tantas incertidumbres, ¿qué banco financiaría
y cómo una obra de 25 mil millones de dólares?,
preguntó.
Venezuela posee las mayores reservas sudamericanas de gas
natural cerca de 4,2 billones de metros cúbicos,
pero 90 por ciento (de ellas) están asociadas
al petróleo y para extraerlas hay que producir más
crudo, confirmó a Tierramérica Elie Habalián,
ex gobernador venezolano ante la Organización de Países
Exportadores de Petróleo (OPEP).
Los planes de inversiones de la estatal Petróleos de
Venezuela (PDVSA), de más de seis mil millones de dólares
hasta 2012, aseguran gas suficiente para el gasoducto, según
el ministro Ramírez. La producción actual, de
176 millones de metros cúbicos, casi se duplicará
en seis años, contando con yacimientos en tierra firme
y en aguas del Atlántico y el Caribe.
Pero no sólo la situación creada por la nacionalización
de hidrocarburos en Bolivia conspira contra el gasoducto sudamericano.
Este es inviable por su impacto socioambiental,
dijo a Tierramérica Adilson Vieira, coordinador del
Grupo de Trabajo Amazónico, red de 600 organizaciones
y movimientos sociales.
También tendría efectos sociales violentos,
atravesando muchas áreas indígenas en Brasil
y Venezuela y exigiendo desviaciones o compensaciones incalculables,
señaló. Obtener licencias ambientales
para atravesar la Amazonia sería una hazaña.
Si todo marchase bien, sin trabas judiciales, demoraría
cinco o seis años como mínimo, evaluó
Smeraldi, de Amigos de la Tierra.
Además enfrentaría disputas agrarias, especialmente
en el norte y centro brasileños. Es dificilísimo
que se construya el gasoducto, pero hay que seguir discutiéndolo
porque otras locuras ya se hicieron realidad en
el subcontinente, alertó Smeraldi.
La resistencia ambientalista también es intensa en
Venezuela. La organización Amigos de la Gran Sabana
(Amigransa), que defiende un hermoso parque en el sudeste
fronterizo con Brasil, advirtió que el proyecto sería
el paso definitivo para la destrucción de la
Amazonia, la Guayana venezolana y diversos ecosistemas de
la costa caribeña y atlántica.
El solo planteamiento de este faraónico proyecto,
inconsulto por demás, viola convenios sobre derechos
económicos, sociales y culturales, dijo a Tierramérica
María Eugenia Bustamante, portavoz de Amigransa.
Corresponsal de Inter Press Service (IPS). Con aporte de Humberto
Márquez (Venezuela).
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