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28
de mayo de
2005
ACTUALIAD
Personajes que unen pueblos
Antoine
de Saint-Exupéry y Consuelo Suncín quedaron
inmortalizados en el Liceo Francés de San Salvador,
el que desde el pasado lunes 22 de mayo será conocido
por los nombres del autor de El Principito y de
la salvadoreña que enamoró al escritor.
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Fue en
Argentina donde se conocieron allá por el año
1930. Cuentan que Consuelo Suncín lo encantó
desde la primera vez que se vieron,
mientras que Antoine de Saint-Exupéry la conquistó
al estilo francés, o sea romántico, muy romántico,
con susurros al oído y galantería de hombre
seductor acostumbrado a las mujeres bellas.
Vivieron juntos por 13 años, con sus momentos felices
y también difíciles. Ambos eran de espíritu
inquieto, pero los dos aceptaron frente a otros que eran el
amor de sus vidas.
Ahora bien, no es la historia de amor apasionada, tórrida
la que les ha hecho famosos, sino la inspiración literaria
de Antoine, quien publicó El Principito,
una obra considerada como legado universal, y la influencia
que ejerció Consuelo Suncín sobre su esposo
y su obra literaria.
Según ha escrito Gladys Abigaíl Alvarado (sobrina
nieta de Consuelo Suncín), en 1943 Antoine de
Saint-Exupéry, cuando estaba escribiendo El Principito
le confía a su amigo André Guide que Consuelo
había sido la inspiradora de sus mejores libros, que
la necesitaba tanto para escribir como para vivir.
A ella le confiaba esta elocuente parábola: Amada,
quiero contarte un sueño que tuve en nuestra separación.
Estaba yo en un campo. La tierra estaba muerta.
Los árboles estaban muertos. Nada tenía olor
ni sabor. Y de repente, aunque en apariencia nada había
cambiado, todo cambió.
La tierra volvió a vivir, los árboles volvieron
a vivir. Todo se llenó de tanto sabor que era demasiado
fuerte para mí. Yo sabía por qué y decía:
Consuelo ha resucitado.
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¡Consuelo
esta aquí!. Tú eras la sal de la tierra,
tú habías despertado mi amor por todas las cosas,
con tan solo regresar. Consuelo, entonces entendí que
la quería para la eternidad.
A medida
que va pasando el tiempo, se va descubriendo y demostrando
cada vez más la poderosa influencia que Consuelo Suncín
ejerció en el gran escritor. Sobre todo, en gran medida
a la importancia de la rosa en los análisis de El Principito.
Es así como la trascendencia de estos dos personajes
influyó en la colocación del nombre del Liceo
Francés.
Es así como desde el pasado lunes 22 de mayo esta institución
educativa será conocida como Liceo Francés
Antoine et Consuelo de Saint-Exupéry.
Este nombre fue seleccionado por el embajador de Francia en
El Salvador, Francis Roudièri, a raíz de la
relación intelectual y sentimental entre la salvadoreña
Consuelo y el galo Antoine, un vínculo que puede simbolizar
el lazo amistoso que existe entre El Salvador y Francia.
Hay que destacar que alrededor del mundo ya hay otros liceos
franceses que tienen el nombre del autor de El Principito.
No obstante, después de 35 años de fundado el
Liceo Francés en el país, sólo en El
Salvador se retoma a los dos personajes, quienes siguen unidos
aun después de muertos.
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Un
noble aventurero
Antoine
de Saint-Exupéry nació en Lyon, Francia,
en 1900 y falleció en 1944. En realidad nunca
se supo qué ocurrió con él, sólo
se sabe que piloteaba un avión en una misión
militar durante la Segunda Guerra Mundial, pero que
desapareció entre la isla de Córcega y
Francia.
Estudió arquitectura, y en 1926 logró
el título de piloto. Como aviador realizó
varias misiones, al tiempo que su interés por
la literatura es cada vez más creciente.
Saint-Exupéry comenzó escribiendo en prosa
lírica vivencias de carácter novelesco
y, posteriormente, continuó con diarios, informes
y cartas.
Sus textos son consecuencia de reflexiones profundas
de índole humanista y de crítica a la
cultura. Entre sus novelas sobresalen Vuelo nocturno
y El correo del sur, Piloto de guerra,
pero su obra emblemática es El Principito,
un cuento que ha sido vendido alrededor del mundo se
calcula 80 millones de ejemplares, y que ha sido traducido
aproximadamente a 160 lenguas.
En sus páginas se encuentran los valores de la
solidaridad, la bondad, la entereza, la tenacidad, el
compañerismo y el entusiasmo por el conocimiento.
El libro es un símbolo de búsqueda permanente
del hombre, de aquellos principios que enriquecen el
espíritu y que traen paz al alma.
Según el poeta y escritor argentino Jorge Carrol,
quien es catedrático de la Universidad Landívar,
en Guatemala,el asteroide B-612 (planeta de El Principito)
está basado en paisajes de la Antigua Guatemala,
donde Antoine vivió su convalecencia (junto a
su esposa Consuelo Suncín), después de
un accidente aéreo en 1938 en Guatemala.
Carrol asegura que los volcanes que limpia El Principito
en el
capítulo IX son el de Agua, Fuego y Acatenango,
de Antigua, ya que la ubicación real de éstos
con los del cuento coinciden.
También asegura que la capital colonial es la
ciudad de las rosas eternas, y la flor que tenía
el príncipe era una rosa.
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La
rosa de El Principito
Consuelo Suncín nació en 1901, en Armenia,
Sonsonate. Fue amiga de Carmen Brannon, mejor conocida
como Claudia Lars, la poetisa salvadoreña.
Atractiva y premonitoria es una anécdota de estas
dos niñas cuando estaban platicando de lo que iban
a ser cuando fueran grandes. Claudia le dijo a Consuelo
que escribiría versos lindísimos y que sería
una persona famosa. Consuelo le contestó:
... Si me guardas un secreto te diré que
voy a ser reina de un país lejano, y tendré
vestidos de plata y oro, y anillos y collares con piedras
maravillosas. ¡Eso seré yo cuando crezca,
una reina verdadera!.
Ese día, las niñas pronosticaron su futuro
acertadamente. Con el tiempo Claudia sería una
poetisa reconocida. Y Consuelo Suncín se relacionaría
con la intelectualidad europea, ganando su admiración
y confianza.
Estudio inglés en San Francisco, California; viajó
a México para estudiar derecho y conoce al Maestro
de América, el gran José Vasconcelos,
con quien tuvo una relación importante y él
la llamaba Scheherezada tropical, ya que Consuelo tenía
el don de transfigurar los episodios de su vida en historias
maravillosas, llenas de magia y encanto.
Luego se casa con el guatemalteco Enrique Gómez
Carrillo, nacionalizado argentino, quien era toda una
celebridad en Europa, conocido por Príncipe
de la crónica, ciudadano honorario de varios
países y comendador de la Legión de honor
de Francia, había sido nombrado cónsul de
Argentina en ese país.
Fue por Gómez Carrillo que Consuelo empezó
a codearse con la crema y nata parisiense y a ser reconocida
en el círculo de intelectuales y artistas europeos.
Pero la felicidad les duró poco tiempo, Gómez
Carrillo murió el 29 de noviembre de 1927, sólo
once meses después del casamiento.
En 1930, el presidente de Argentina Hipólito Yrigoyén
le hizo una invitación a Consuelo para el homenaje
que la nación rendiría a Gómez Carrillo.
Y fue allí en donde conoce al hombre que sería
el gran amor de su vida, el conde Antoine de Saint-Exupéry,
con quien vivió por 13 años.
Consuelo murió en 1979, pero 20 años después
fueron hallados en un baúl algunos escritos de
ella, los que fueron publicados en el año 2000
con el título Memorias de la rosa.
En éstos Consuelo revela cómo fue su vida
matrimonial y confiesa que la rosa roja que
aparece en la obra El Principito en ella y
que ésta fue escrita originalmente para ella. |
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