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26 de marzo de
2005
Suez hace maletas para no volver
Tras la revocación de su contrato en Argentina, la
poderosa transnacional francesa espera que su salida de Bolivia
sea menos conflictiva. Por algún tiempo, sin embargo,
América Latina no será uno de sus destinos favoritos.
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Abel
Mamani lideró en 2005 a una multitud contra Suez.
Como ministro del Agua definirá el futuro de
esa empresa.
Photo Stock .
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La transnacional
francesa del agua Suez, villana favorita del movimiento global
contra la privatización, entró en la recta final
de su retirada de Argentina y Bolivia, donde viene haciendo
maletas desde hace tiempo. Y tanto como demoró en irse,
podría tardar en regresar a América Latina.
El gobierno argentino de Néstor Kirchner anunció
el 21 de marzo que rescindía el contrato de 30 años
con Aguas Argentinas, subsidiaria de Suez, a la que acusó
de reiterados incumplimientos.
La medida provocó una escalada de tensión en
la maltrecha negociación entre las autoridades argentinas
y la empresa, que duraba ya tres años y que ha enturbiado
las relaciones diplomáticas con Francia.
Sin la concesión en la capital argentina, por la cual
dotaba del líquido a unos 10 millones de personas,
y con un decreto presidencial de 2005 que rescinde su contrato
en Bolivia, a la multinacional le quedan negocios hídricos
en apenas dos países de la región: Brasil y
México.
Y aunque se trata de las economías más poderosas
de la zona, sus concesiones son de pequeña envergadura
e incluso en algunas funge como accionista minoritaria.
Suez es un gigante de la energía y el gas, cuyas ganancias
alcanzaron tres mil millones de dólares en 2005, 48
por ciento más que en 2004, y es también una
de las empresas de agua más poderosas del mundo, a
través de su división Suez Environnement.
Desde hace ya varios años, la división apuesta
a concesiones hídricas en países de Asia y Europa,
considerados más estables que los latinoamericanos.
La empresa explica el fracaso de sus negocios de agua en Argentina
y Bolivia por riesgos financieros y políticos que le
impidieron obtener ganancias en un sector con bajas tasas
de retorno de inversión (de alrededor de cinco por
ciento).
En Argentina fue el shock macroeconómico y la
devaluación del peso que impidieron cumplir con algunas
cláusulas del contrato, y en Bolivia fue la imposibilidad
del gobierno, por cuestiones políticas, de aumentar
las tarifas después de cinco años, dijo
a Tierramérica Jacques Labre, director de relaciones
institucionales de Suez, quien participó en México
en el IV Foro Mundial del Agua entre el 16 y el 22 de marzo.
Suez insistió reiteradamente en subir las tarifas del
servicio, congeladas en Argentina en 2002 al igual que en
Bolivia. Pero ambos países rechazaron los aumentos
por exorbitantes (hasta de 400 por ciento) y acusaron a la
empresa de no proveer servicios de calidad, mientras miles
de enfurecidos habitantes pobres salieron a las calles a exigir
la salida de la firma.
El golpe mediático de la oleada de marchas indígenas
contra la firma desde la empobrecida ciudad boliviana de El
Alto, que terminó en la renuncia del presidente Carlos
Mesa en 2005, fue especialmente implacable.
En medio de esta ruidosa hostilidad contra las multinacionales
del agua, la inversión privada en el sector ha ido
en descenso en América Latina en la última década.
Según Labre, esta tendencia se explica por las enormes
carencias en infraestructura en la región que obligan
a ajustar las tarifas al alza y la imposibilidad de garantizar
los subsidios públicos por presupuestos expuestos a
múltiples presiones.
Pero las autoridades bolivianas acusan a Suez de ir sólo
tras el lucro y de dejar sin acceso al agua a unas 350 mil
familias, mientras en Argentina califican de pésimo
su servicio y denunciaron que unas 300 mil personas están
en riesgo por la contaminación del líquido con
nitratos.
Alexander Brailowsky, ex voluntario de Médicos sin
Fronteras y director de desarrollo sustentable de Aguas Argentinas
desde 1999, defiende los logros de la concesión. Nuestras
tarifas eran las más bajas en el país. En diez
años unos dos millones de personas accedieron al agua
por primera vez, dijo Brailowsky a Tierramérica.
Hemos aprendido del pasado y vamos a ir a otros proyectos
(en la región) cuando tengamos un mínimo de
garantía que nuestra participación va a ser
para beneficio de todo el mundo, dijo.
Pero Suez continuará con la demanda que interpuso ante
el tribunal de arbitraje adscrito al Banco Mundial, para recuperar
1,700 millones de dólares que aduce haber invertido
en el país desde 1993.
La postura de la empresa no ha hecho más que elevar
la indignación en diversos sectores dentro y fuera
de Argentina. Están pidiendo compensaciones muy
altas e injustificadas cuando trajeron más problemas
que beneficios, no cumplieron con el acceso al servicio ni
resolvieron la contaminación, dijo a Tierramérica
Danielle Miterrand, ex primera dama de Francia y activista.
Puede que en Bolivia las cosas evolucionen de otra manera.
Abel Mamani, ex líder de la Federación de Juntas
Vecinales (Fejuve) que lideró las marchas contra Suez
en El Alto y ahora ministro del Agua, aseguró a Tierramérica
que garantizarán un repliegue ordenado
de la firma.
A fines de marzo, según Mamani, contarán con
los resultados de una auditoría a Aguas del Illimani,
concesionaria de Suez en El Alto y La Paz, y decidirán
el cronograma de salida. Suez, en tanto, mantiene un discurso
conciliatorio e incluso está abierta a explorar un
nuevo tipo de contrato en Bolivia.
Sin embargo, el presidente Evo Morales parece estar apostando
a otro socio: el Banco Mundial, organismo al que en el pasado
calificó de terrorista. Mamani se reunió
con el jefe de Energía y Agua, Jamal Saghir, durante
el Foro del Agua en México, para explorar acuerdos.
Kirchner por su parte anunció, tras la búsqueda
infructuosa de socios privados para una nueva concesión,
la creación de la empresa pública Aguas y Saneamiento
Argentinos (AySA) para hacerse cargo del servicio que deja
Suez.
Directora Editorial de Tierramérica
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