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26
de marzo de 2006
LIBROS
Sólo para...
La
novela del primer hervor
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FICHA
TÉCNICA
Obra: Sólo para damas
Autor: Mario Martínez Alfaro
De venta en Los tacos de Paco, La Casita,
La Ceiba, Fotocafé y La T",
en San Miguel
Precio: $3
Editorial Chipagua
192 páginas
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Con
una técnica creada ha siglos por el escritor bostoniano
Edgar Allan Poe (1809-1849); Arthur Conan Doyle (1959-¿?)
y Ágatha Christie (1890-1976), el escritor salvadoreño
Mario Martínez Alfaro trae bajo el brazo su primera
novela Sólo para damas, cuyo tema central
es el suspenso.
El
fisgoneo de Antonieta sobre Nathan y Richard, jóvenes
apuestos que durante la semana se dedican a su profesión:
el primero es un abogado; el otro, un ginecólogo, a
cuya clínica acuden mujeres encopetadas sólo
por coquetearle, da vida a una novela nacida del primer hervor.
Pero
Richard y Nathan, los fines de semana ya no son esos ciudadanos
respetados, pues hacen cambios radicales en su personalidad,
como ponerse camisas ajustadas, pantalones vaqueros, cabello
desaliñado...
Movidos por ese look ponen un anuncio en el periódico
detallando que darán horas de placer a señoras
aburridas, cita a la cual acude Irene, esposa
del ex presidente de la Corte Suprema de Justicia, Enrique
Montecarlo.
Tras horas de placer, los gigolos asesinan a Irene,
luego de saciar sus instintos carnales, acción de la
cual poco se acuerdan por la borrachera y los liñazos
de coca.
Richard salió de la habitación con la
cara pálida y descompuesta; en la sala, Nathan pudo
observar en la expresión de éste que algo malo
sucedía... fue directo al dormitorio... Regresó
corriendo a la sala.
¡Está muerta!....
Hasta allí todo va bien, pero Antonieta los sorprende
tratando de deshacerse del cuerpo, por lo que los chantajea
a fin de tener sexo con ellos, so pretexto de acudir a la
policía a denunciar el asesinato.
Mientras tanto, Roberto Salas, director de la policía,
un tipo sin escrúpulos que desconoce la palabra ética,
pues llega al puesto a través del compadrazgo
con el ex presidente de la CSJ, realiza fraudes procesales
e involucra a un humilde y analfabeta vigilante en el secuestro
de Irene de Montecarlo.
Este vigilante... trabaja en la discoteca Encuentros.
Tráigalo, dígale que necesitamos su colaboración...
hágalo sentarse en el Mercedes... pase el paquete a
la Fiscalía y exija que se tramite una orden de allanamiento...
usted entra primero y pone este regalito en algún
rincón dijo y sacó de la gaveta del escritorio
la bolsa con las prendas de Irene adentro.
No es de extrañar que el ardid montado por Salas son
técnicas añejas de la gendarmería para
tratar de sacar la verdad a como dé lugar
a humildes ciudadanos que a duras penas tienen para medio
irla pasando, mucho menos para pagar un abogado
que haga uso de las leyes y demostrar la inocencia
de sus clientes.
A estas alturas, Rodrigo ya sabe quién es el autor
material de la muerte de Irene, a quien visita en su clínica
y lo golpea, pero pasados unos minutos decide darle un número
telefónico por si necesita ayuda que lo
llame.
El vigilante es condenado a pasar una temporada en la cárcel,
acusado de un hecho que no cometió. Richard asesina
a Antonieta y Nathan vuelve a ser cómplice de él
al buscar donde enterrarla.
Pero la conciencia no deja en paz a Nathan, quien le dice
a Richard: ¿Sabés lo que es una convicción?
Yo iré mañana y contaré todo, sin importar
mi futuro ni la amistad con vos. Haré lo que es correcto,
aunque eso me hunda para siempre.
Sorprendido por lo que ha oído de Nathan, Richard decide
llamar al Dr. Montecarlo, quien ya conoce la fórmula
como deshacerse de tipos de esa calaña.
...en qué le puedo ayudar?, le dice Montecarlo
a Richard, quien de inmediato llama a Salas para que le solucione
el problema, pero éste tampoco hace trabajos
personalmente.
Pero como en momentos de ofuscamiento siempre habrá
quien ayude a salvar tu pellejo e intente dañar
a otros, Salas acude al servicio profesional del
detective Maldonado, quien más temprano que tarde contrata
sicarios para asesinar a Nathan y a Richard, apareciendo los
cuerpos en una hondonada camino a San Vicente.
Sólo para damas hace cómplice al
lector de las escenas, de tal forma que quien agarra el libro
viva junto a los personajes el desenfado con que solucionan
los problemas.
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