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26
de marzo de 2006
Semblanza
El profeta del simbolismo
Es
un visionario de la pintura, realista latinoamericano y profeta
del simbolismo. Su técnica le viene del profundo dominio
del dibujo; pero también de esa devoción al
tema social y de la permanente búsqueda de la fuerza
interior y de todo ese misterio que rodea al ser humano y
a la sociedad.
Es un
artista apegado a sus particulares convicciones. Su creatividad
y fantasía están más arriba de sus planteamientos
morales o aceptación a reglas preconcebidas; por su
habilidad es un pintor auténtico y el resultado es
una obra artística.
Me refiero a Rafael Varela, consumado dibujante y visitador
asiduo del mundo onírico, no opuesto al naturalismo;
pero sí recurrente en temas relacionados con el ser
humano y con todas esas sensaciones y emociones tan arraigadas
en el hombre.
Todas las series conocidas (inundaciones, laberintos, lanchas,
etc.) son variaciones sobre un mismo tema; pero evocando un
mundo de luz, con tonos suaves y colores brillantes. Si reparamos
en obras como Navegando en el laberinto, Gemelas,
Homenaje a Norman Rockwell o Pirámide
azul, vemos que sus pinturas están llenas de
simbolismo, recursos abstractos y detalles donde esa fantasía
aludida se presenta con precisa naturalidad.
Más
allá de esa fuerza expresiva, del dibujo perfecto,
así como del trabajo plástico en las dos dimensiones
y hasta en la profundidad anunciada por el claroscuro, o lo
mismo el contraste o la gradación de lo claro y lo
oscuro, destaca su intimismo por su interés hacia los
aspectos sociales y su devoción al trabajo y a la aspiración
de los niños.
Si bien Varela mantiene la intención documental en
su pintura, así como valores del color y dominio del
dibujo (como dicho está es un realista latinoamericano
a lápiz), debe destacarse la profundidad y la sensación
de mucho espacio logrado en series como inundaciones y laberintos.
Esto
ha sido posible gracias a la síntesis de su dibujo
interior, en la estructura y en la simplificación de
la figura humana. Todos los elementos alentados en el lienzo,
por ejemplo niños, laberintos, gruesas paredes de concreto,
troncos de árbol, esa aspiración al infinito,
no sólo tienen sensación de energía,
sino de volumen y esa tercera dimensión ya señalada.
Todo ese conjunto de valores y recursos los logra por una
sucesión de sombras, tonos y colores muy especiales,
como ese colorido tantas veces utilizado en la estructura
arquitectónica.
Y por cierto lo hemos visto en esas escenas urbanas de Norman
Rockwell, conocido como el pintor de la cara amable
de la sociedad norteamericana, quizás por ser
el artista que mejor encarnó la imagen de su país.
De este pintor de gran talento, quien capturó la mente
y el alma de las personas, Rafael Varela ha sucumbido a esa
precisión para pintar esas escenas como eran y ocurrieron;
pero también en la proporción, perspectiva,
luz, sombras, detalles y transparencia.
Si se
analiza ese cuadro tan realista de Rockwell, conocido como
No nadar, se observará mucho de sus detalles
y perfiles sociológicos y sicológicos en toda
la serie Inundaciones de Varela. Sus influencias
son profundas; pero con la notable diferencia de lugares,
personajes criollos, temática y el gradual proceso
del paso de la luz a la sombra, para llegar al resultado final
de una total solidez plástica, donde las figuras en
ambientes variados (agua, concreto, tierra) sobresalen bien
fortalecidas.
En su serie Laberintos notamos espacios a veces
muy reducidos, y es por el efecto de las sombras y porque
el contraste entre el vacío restringido y el volumen
de las figuras está acentuado; lo observamos en sus
cuadros Laberinto inundado y en ese precioso simbolismo
de Niño sobre el tronco; por eso en estos
contrastes se acrecienta el valor de las figuras dándoles
una importancia monumental.
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| Seguiremos
asombrándonos con la fuerza y la composición
absoluta de la figura humana. |
El simbolismo
referido resalta la aspiración de las imágenes,
en este caso los niños, buscando salir de su interior,
escalando las paredes de concreto o utilizando el tronco de
madera en la más cara ascensión. Ningún
otro elemento o adorno puede suplantar ese mensaje no subliminal,
sino directo de la grandeza del ser humano. El pintor crece
aquí tanto en su trabajo plástico como en el
tema social. En ambos conceptos se aclara el movimiento metafórico
y a la vez acrecentado por el valor de las imágenes.
Cuando señalo el trabajo plástico también
me refiero a la preocupación de este artista por la
gradación de los neutros, al ampliar las partes sombreadas,
sobre todo en su serie Laberintos, aumenta el
relieve. En estos cuadros se aprecian rastros de luz, con
esas manchas sobre los muros, que van más allá
del claroscuro.
No es sorpresa, Varela es un estudioso de la teoría
y de las cualidades del color. Al igual que el talento de
Rockwell nos señala un rumbo en su pintura y nos deslumbra
con su habilidad en la expresión última del
realismo. Como lo destacamos, sus figuras, como en su cuadro
Gemelas en laberinto amarillo, ubicadas en un
espacio determinado por el dibujo interior y exterior, poseen
peso, unidad y hasta movimiento.
Sus figuras humanas están bien trabajadas y sobresale
su técnica para el dibujo; pero es en la síntesis
donde descansa su quehacer plástico, no sólo
por los arabescos, el color o el relieve, sino por esa coherente
relación entre la figura humana y el espacio dado por
una perspectiva correcta acentuando el peso de los cuerpos
e infundiendo movimiento a los mismos.
Las posibles limitaciones o efectos los resuelve con sombras
o claroscuros ya señalados. En el caso preciso de este
artista podemos afirmar: su fe en el destino humano prevalece
sobre su conocimiento. Si muchos de sus temas tienen marcado
lo social debe comprenderse su entrega absoluta a todo lo
misterioso, sensorial y sicológico que descansa en
el ser humano y en la sociedad.
El otro aspecto por destacar es la composición: en
sus series Inundaciones y Laberintos
asistimos a los espacios profundos para revalidar el relieve
de los primeros planos. Utiliza, no siempre, diagonales en
forma comedida, no con la intención tantas veces utilizada
por los renacentistas para destacar las formas geométricas,
sino para darle fuerza, presencia y movimiento a sus figuras
humanas.
El sentido de su perspectiva es producto del estudio metódico
de las formas, las líneas, los planos y el color, no
por mero instinto como atribuyen los historiadores de la plástica
a Giotto y a Piero della Francesca. Ese ideal de la perspectiva
y de la transparencia tan natural en ese paisajista urbano
llamado Norman Rockwell, de quien Varela es un ferviente devoto.
Los clásicos, desde luego, la llevaron a otros planos
por las exigencias divinas de la época renacentista
cuando los grandes pintores se ocupaban de pintar cuadros
religiosos y en consecuencia de exaltar por medio del color,
el dibujo y la proporción.
En consecuencia, el ideal de Varela descansa en la realidad
del acontecimiento. Desde luego, la misma luminosidad, el
trabajo con los medios tonos y el claroscuro, le da fuerza
a la figura humana en su plena composición, e incluso
a esos bodegones y frutas sensuales ya plasmadas en otros
momentos de su quehacer plástico. El trabajo de la
figura humana se basa, desde luego, en la anatomía
y el movimiento.
Ello quizás
no sería tan destacado si en el fondo no subyace el
consumado dibujante. Por lo demás, en el sentido de
la proporción y en la perspectiva ya señalada
se aprecia la exacta dimensión con el fondo y los segundos
planos. Anatomía y movimiento, espacio y luz, color
y dimensión, he ahí la exacta trilogía
en los aciertos y en la importancia del trabajo plástico
de este artista de la pintura contemporánea de El Salvador.
En la actualidad, Varela se ocupa del animalismo, directamente
de los caballos, al mejor estilo del gran pintor holandés
Paulus Potter. Los despoja de elementos extraños y
son cuadros muy modernos, tan distantes de aquellas estampas
clásicas con pastizales, paisajes y cielos abiertos.
En uno de sus lienzos apela a medidas precisas y a una relación
estrecha entre los caballos, con muchos contrastes y esas
sombras, claros y oscuros que dan fuerza y tensionan el ambiente
de los dos animales. No es el estilo de Varela ni mucho menos
una temática duradera; sin embargo, habla mucho de
la versatilidad y el conocimiento de este pintor.
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