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25
de junio de 2006
PLASTICA
El simbolismo de las muñecas
Devota
de lo espiritual, pero también romántica por
convicción y estilo, seguidora de lo natural y de las
cosas comunes de la vida cotidiana. Así es la pintora
Conchita Kuny Mena.
El simbolismo de Conchita Kuny Mena se expresó inicialmente
en las muñecas, graciosamente vestidas, otras tanto
levitando y con una expresión de bondad y amor como
sólo puede encontrarse en los niños, en cualquier
lugar y sin distinción de raza. Ese fue el paso natural
hacia el figurativo y los seres humanos.
Mucho antes, en sus años infantiles, mientras cursaba
la primaria, y posteriormente la secundaria en un colegio
de monjas, había dibujado manos y rostros, una suerte
de acometer la rigurosidad de la línea, los cuadrados
y la circunferencia como preparándose para los grandes
retos del futuro.
El ojo visionario de su madre pronto comprendió que
el futuro de su hija estaba en las artes plásticas,
sobre todo la pintura.
Y ese simbolismo no sólo se manifestó en las
muñecas, sino en bolsas de papel, cajitas de cartón
y muchos recursos más como para demostrar que hasta
los desechos, lo cotidiano, son útiles para un artista
y, sobre todo, para los seres humanos tocados con un mínimo
de espiritualidad y sensibilidad.
Ello, desde luego, requiere imaginación, tal como lo
demostraron los profetas y simbolistas del nabis.
Esos elementos son ahora, 30 años después, recurrentes
en los distintos estilos de su pintura fuerte en colorido
y detalles, donde la fantasía derivada de humanismo
y espiritualidad se presenta con energía.
Con el transcurrir de los años, esta artista surgida
de la academia del maestro Valero Lecha (1966-1968) llevaría
su estilo hacia una especie de intimismo por su no oculto
interés hacia los temas cotidianos y domésticos.
En la actualidad, la pintura de Conchita toca las escuelas
clásicas y hasta el estilo neoclásico a pesar
de cierto apego a la escuela romántica, por las sensaciones,
las emociones y hasta lo pasional. Ya lo hemos dicho con anterioridad
al incursionar en esta escuela surgida de la Revolución
francesa: el sentimiento sustituyó a la lógica
y el individualismo al método.
Con toda razón esta fue la época de grandes
artistas en todas las ramas (Beethoven, Goethe, Chateaubriand,
Ingres, Delacroix, etc.), quienes crearon una orgía
de influencias mutuas entre la palabra, el sonido y el color.
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| Un
modesto aguacate se convierte en un medio adecuado para
expresar lo sublime. |
El
Romanticismo procedió en la pintura de la misma
manera que Beethoven lo hizo en la música. Utilizó
por igual tonos sombríos y colores brillantes, multitudes
abigarradas y solitarios personajes, la escena histórica
y el harén oriental.
Conchita ha transitado por caminos diferentes de esta escuela,
la sensualidad de sus retratos, frutas y telas es apenas perceptible,
quizás más cerca de Ingres y tan alejada del
dramatismo y violencia de Delacroix.
Las frutas de la pintora
Conchita es pintora de muchas cualidades: a sus atributos
personales (humildad, sencillez, sinceridad, esposa, madre
y amiga) une ética y profesionalismo en el arte. Su
coherencia y un estado de vida lo manifiesta en ambos campos.
Cuando incursionó en el simbolismo marcó una
relación objetiva con el figurativo y sus derivaciones.
Y es porque en una sola obra de arte lo que importa son las
relaciones entre las imágenes; por eso su puesta en
escena de diversos estilos es perfectamente objetiva, no respecto
de hechos o acontecimientos de la naturaleza, sino del arte.
Su obra es perfecta, y a pesar de los relativos tránsitos,
no se puede ubicar en estancos particulares; si hay coherencia
y objetividad es un universo en sí misma, pertenece
a lo universal, con ese rasgo de solemnidad de las cosas asombrándonos
por siempre.
En este punto debo referirme al significado dado por esta
artista a la naturaleza muerta, de manera muy particular al
fruto tan popular e importante en la dieta alimenticia de
los salvadoreños: el aguacate. Representar cosas inanimadas
como las muñecas, de un simbolismo trascendente, y
las frutas, no tendría mayor significado si fuera el
simple bodegón; pero no.
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| Pintora
Conchita Kuny Mena. |
Esta
pintura las envuelve en una atmósfera tan diferente
y especial, debido a los colores utilizados, a los motivos
y a la composición. Cuando se contemplan cuadros como
Blasón de un criollo o Sobre el gran
cu (túmulo piramidal destinado al culto), entonces
se comprende por qué en momentos estelares de las artes
plásticas, la naturaleza muerta llegó a constituir
un nuevo género en la pintura.
Los aguacates de morado profundo o verde intenso de Conchita,
más allá del simbolismo señalado, expresan
un estado de ánimo y reivindican un tema menospreciado
para elevarlo a la categoría de valor ideal. De tal
suerte que esta pintora halla en el aguacate o las mismas
berenjenas un tema preferido por ser el más sencillo
y porque no le distrae de la búsqueda de líneas,
formas y colores que hablan de su estado de ánimo,
como dicho está.
En síntesis, en las naturalezas muertas, más
que en cualquier otro género de pintura, queda de manifiesto
el desapego artístico por las cosas representadas.
Por esto y muchas cosas más, el artista debe gozar
de entera libertad para plasmar sus creaciones.
En el Renacimiento y mucho antes del siglo XV los grandes
artistas pintaban motivos religiosos, no por falta de inspiración,
lo hacían por necesidad económica, quizás
por interés espiritual, y por el gran poder disuasivo
de la iglesia; lo mismo cuando trabajaban para los reyes y
emperadores.
Pero en el presente, cuando el realismo ha superado muchas
barreras, y nuevas tecnologías nos pintan el
mundo, la pintura moderna ha cobrado tanta energía,
que un modesto aguacate o una irresistible manzana se convierten
en medios adecuados para expresar lo sublime.
En el arte y en el amor todo es posible. Me explico: es posible
solamente si el creador considera el aguacate o la manzana
como pretexto para realizar líneas, formas, colores,
y se abstiene de representar tales frutos de un modo realista.
Es lo mismo para el figurativo, si reproduce todo el cuerpo
humano con exactitud material, deja de ser artista y se convierte
en un simple fotógrafo. Y como hay cuestiones artísticas
y naturales en el uso o no del color, entonces la fotografía
de un aguacate o de una manzana es menos interesante que la
fotografía de un niño.
La transformación de los frutos en el trabajo pictórico
de Conchita va más allá del simple retrato o
de lo sublime. Es la puesta en escena de muchos atributos:
el simbolismo a la cabeza; pero también en la exquisitez
del color, la luz frontal y lateral, las sombras y el volumen.
El aguacate, por ejemplo, en el cuadro Sobre el gran
cu es pequeño; pero sobresale por el gran contraste
con el fondo de cielo borrascoso y por situarse en la cima
de la pirámide vestida con pliegues dorados.
En
éste, como en otros lienzos de gran formato, el objeto
central tiene vida propia, no sólo independiente de
la naturaleza, sino también de la intepretación
de los espectadores. El encanto y la atención también
son captados por el efecto de los colores utilizados tres,
más sus alquimias revelando energía emocional.
La perfección en este tipo de pintura moderna lo ha
logrado por su disciplina, entrega, conciencia moral y amor
a las artes plásticas. Su valoración descansa
en una fuerte dosis de espiritualidad, en su paz interior
y en más de 30 años de dedicarse a esta rama
del arte.
Sólo así podía descubrir la belleza y
el simbolismo de las muñecas, ser vidente ante la humildad
del aguacate y encontrar el verdadero sentido de frutos y
cosas aparentemente comunes.
El colorido no es mucho; pero ello obedece a la fuerza del
tema central. Lo mismo ocurre con los efectos de luz y sombra,
reducido a una suerte de emoción. La forma está
dada por los pliegues dorados de la vestimenta, es sencillamente
el contorno; pero todo comporta una perfecta unidad de forma,
color, luz y sombra.
Como los grandes del Renacimiento, Conchita es rigurosa en
la selección del tema y las formas. Lo apreciamos en
pinturas tan antiguas como las manos, los retratos y hasta
los pocos desnudos; es más evidente y fuerte en acometer
el trabajo de las muñecas y el simbolismo de la naturaleza
muerta.
Ella es devota de lo espiritual; pero también romántica
por convicción y estilo, seguidora de lo natural y
de las cosas comunes de la vida cotidiana, como los frutos,
las bolsas de papel, las cajitas de cartón, las telas,
etc.
Los pocos colores empleados se deben a los temas tratados,
pero en el fondo revelan el estado de ánimo de esta
artista. Sus figuras y objetos guardan un reposo absoluto,
debido a la composición y al impacto producido por
esos colores tan especiales y por las sombras, los tonos y
los efectos de luz.
En síntesis, Conchita ha encontrado belleza moral en
sus creaciones, no sólo en esta su penúltima
etapa, antes de acometer con fuerza aspectos religiosos, sino
cuando comenzó con rostros, manos y muñecas.
Ya en su plena madurez, no significa eso un giro al espíritu
religioso, ella siempre ha permanecido en este campo, sin
conspirar contra problemas sociales.
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