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22
de enero de 2006
ETNIAS
Gitanos marginados en los Balcanes
Centenares
de romaníes viven en medio de la suciedad sin los medios
más básicos para una vida digna. Incluso en
el frío y la lluvia, muchos pequeños caminan
descalzos por la basura y el barro.
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Un
grupo de chicos romaníes delante de sus chozas
hechas de cartón, restos de madera o restos de
alfombra.
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La esperada
salvación podía haber llegado de la ciudad alemana
de Essen. Ochenta y cinco viviendas-contenedores fueron embarcadas
por el gobierno de esa ciudad a través del Danubio
hacia Belgrado.
Pero cuando en noviembre por fin llegaron a la capital de
Serbia-Montenegro, el audaz proyecto ya había sido
descartado.
Más de 400 gitanos de la etnia romaní iban a
tener un nuevo hogar en los contenedores. Los arquitectos
habían planeado hasta el detalle cómo sería
el pueblo en un barrio de Belgrado.
Pero dos semanas de protestas de los vecinos alcanzaron para
suspender la iniciativa.
No queremos a los sucios gitanos como vecinos,
decían.
Los precios de las viviendas en propiedad podían caer
si la zona se desvalorizaba con el asentamiento de los romaníes,
era otro de los argumentos. Las autoridades locales aceptaron
y retiraron el proyecto.
Ahora los contenedores se ubicarán individualmente
en los muchos asentamientos romaníes que hay en Belgrado,
explica Rudi Loffelsend. El empleado de la organización
católica Cáritas no está satisfecho con
esta evolución, pero algo es algo. En esos lugares
se convertirán en algo así como centros sociales.
Allí los gitanos encontrarán asesoramiento médico,
consejo para los trámites legales, apoyo para los niños
y de vez en cuando una sopa caliente.
A pesar de lo modestos que estos planes parecen a primera
vista, su implementación supone un enorme paso adelante.
Porque en los más de cien asentamientos romaníes
vegetan miles y miles de integrantes de esta minoría,
sin agua, electricidad o canalizaciones.
Las chozas están hechas de cartón, restos de
madera o restos de alfombra. En habitaciones de 20 metros
cuadrados muchas veces viven entre ocho y diez personas. Los
perros de los serbios viven mejor que nosotros, se queja
Milica Menisevic con su hijo de dos años, Alen, gravemente
enfermo.
La mujer de 26 años vive desde hace 10 años
debajo de un puente de una autopista en Belgrado. Allí
se levantaron 173 casillas en los últimos 15 años.
Centenares de marginados viven en medio de la suciedad sin
los medios más básicos para una vida digna.
Incluso en el frío y la lluvia, los muchos niños
pequeños caminan descalzos por la basura y el barro.
La mayoría ni siquiera tiene documentos de identidad.
En algún momento llegaron desde la provincia serbia,
desde zonas inmersas en guerra civil de la antigua Yugoslavia
o desde países vecinos con la esperanza de encontrar
una salida a la miseria.
Branko Kalanjos es uno de ellos, pero ya no cree en ningún
milagro. El hombre de 34 años vive con sus cuatro hijos,
su esposa y su madre impedida en un espacio mínimo.
Con la recolección de papel impide que su familia se
muera de hambre. Por un kilo nos dan entre dos y tres
dinares, relata. Si todos nos esforzamos, podemos
reunir 3,000 dinares al mes. Eso supone 41 dólares
para siete personas.
El agua se saca en bidones sucios de caños rotos o
de establecimientos de lavado de coches. Varias chozas comparten
una cocina primitiva. El fuego se alimenta con basura: zapatos
y plástico viejo de los contenedores de basura de la
ciudad.
Es un círculo diabólico que hasta ahora
no pudo ser roto, señala Zivojin Mitrovic, encargado
de los romaníes en el gobierno de Belgrado. La
gente no tiene papeles, no está inscrita, no tienen
derecho a ayuda social ni asistencia médica. Los niños
no pueden ir a la escuela.
Por eso, la mayoría no tiene formación y apenas
sabe leer o escribir. Sin educación, no hay posibilidades
en la búsqueda de trabajo. Los niños sin
partida de nacimiento directamente no existen. A veces incluso
tenemos problemas para enterrar a un niño porque oficialmente
no existen, relata Mitrovic con amargura.
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Cientos
de marginados viven en medio de la suciedad sin los
medios más básicos para una vida digna.
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Medio
millón de romaníes
El pueblo de los romaníes está fuertemente presente
en toda la península balcánica y hasta el centro
de Europa. En Serbia, en las estadísticas oficiales
hay 108.000 romaníes.
Pero dado que la mayoría no se inscribe, los expertos
creen que hay alrededor de medio millón. Algunas estimaciones
incluso parten de 900,000 romaníes.
En Rumania la cifra oficial es de 540,000 y la extraoficial
de hasta dos millones. En Bulgaria, aparentemente hay 800,000;
en la República Checa, 300,000, para nombrar sólo
algunos países de la región.
Y en todas partes la imagen es igual de desoladora: Viven
sobre la basura, de la basura y para la basura, opina
resignado un voluntario.
En amplios sectores de la población queda mucho trabajo
de convencimiento para acabar con los prejuicios con respecto
a estas personas de piel oscura, que para muchos son demasiado
diferentes.
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