22 de enero de 2006

ETNIAS
Gitanos marginados en los Balcanes

Centenares de romaníes viven en medio de la suciedad sin los medios más básicos para una vida digna. Incluso en el frío y la lluvia, muchos pequeños caminan descalzos por la basura y el barro.

Thomas Brey
DPA

Hablemos


Un grupo de chicos romaníes delante de sus chozas hechas de cartón, restos de madera o restos de alfombra.

La esperada salvación podía haber llegado de la ciudad alemana de Essen. Ochenta y cinco viviendas-contenedores fueron embarcadas por el gobierno de esa ciudad a través del Danubio hacia Belgrado.

Pero cuando en noviembre por fin llegaron a la capital de Serbia-Montenegro, el audaz proyecto ya había sido descartado.

Más de 400 gitanos de la etnia romaní iban a tener un nuevo hogar en los contenedores. Los arquitectos habían planeado hasta el detalle cómo sería el pueblo en un barrio de Belgrado.

Pero dos semanas de protestas de los vecinos alcanzaron para suspender la iniciativa.
“No queremos a los sucios gitanos como vecinos”, decían.

Los precios de las viviendas en propiedad podían caer si la zona se desvalorizaba con el asentamiento de los romaníes, era otro de los argumentos. Las autoridades locales aceptaron y retiraron el proyecto.

“Ahora los contenedores se ubicarán individualmente en los muchos asentamientos romaníes que hay en Belgrado”, explica Rudi Loffelsend. El empleado de la organización católica Cáritas no está satisfecho con esta evolución, pero algo es algo. “En esos lugares se convertirán en algo así como centros sociales”. Allí los gitanos encontrarán asesoramiento médico, consejo para los trámites legales, apoyo para los niños y de vez en cuando una sopa caliente.

A pesar de lo modestos que estos planes parecen a primera vista, su implementación supone un enorme paso adelante. Porque en los más de cien asentamientos romaníes vegetan miles y miles de integrantes de esta minoría, sin agua, electricidad o canalizaciones.

Las chozas están hechas de cartón, restos de madera o restos de alfombra. En habitaciones de 20 metros cuadrados muchas veces viven entre ocho y diez personas. “Los perros de los serbios viven mejor que nosotros”, se queja Milica Menisevic con su hijo de dos años, Alen, gravemente enfermo.

La mujer de 26 años vive desde hace 10 años debajo de un puente de una autopista en Belgrado. Allí se levantaron 173 casillas en los últimos 15 años. Centenares de marginados viven en medio de la suciedad sin los medios más básicos para una vida digna. Incluso en el frío y la lluvia, los muchos niños pequeños caminan descalzos por la basura y el barro.

La mayoría ni siquiera tiene documentos de identidad. En algún momento llegaron desde la provincia serbia, desde zonas inmersas en guerra civil de la antigua Yugoslavia o desde países vecinos con la esperanza de encontrar una salida a la miseria.

Branko Kalanjos es uno de ellos, pero ya no cree en ningún milagro. El hombre de 34 años vive con sus cuatro hijos, su esposa y su madre impedida en un espacio mínimo. Con la recolección de papel impide que su familia se muera de hambre. “Por un kilo nos dan entre dos y tres dinares”, relata. “Si todos nos esforzamos, podemos reunir 3,000 dinares al mes”. Eso supone 41 dólares para siete personas.

El agua se saca en bidones sucios de caños rotos o de establecimientos de lavado de coches. Varias chozas comparten una cocina primitiva. El fuego se alimenta con basura: zapatos y plástico viejo de los contenedores de basura de la ciudad.

“Es un círculo diabólico que hasta ahora no pudo ser roto”, señala Zivojin Mitrovic, encargado de los romaníes en el gobierno de Belgrado. “La gente no tiene papeles, no está inscrita, no tienen derecho a ayuda social ni asistencia médica. Los niños no pueden ir a la escuela”.

Por eso, la mayoría no tiene formación y apenas sabe leer o escribir. Sin educación, no hay posibilidades en la búsqueda de trabajo. “Los niños sin partida de nacimiento directamente no existen. A veces incluso tenemos problemas para enterrar a un niño porque oficialmente no existen”, relata Mitrovic con amargura.

Cientos de marginados viven en medio de la suciedad sin los medios más básicos para una vida digna.

Medio millón de romaníes

El pueblo de los romaníes está fuertemente presente en toda la península balcánica y hasta el centro de Europa. En Serbia, en las estadísticas oficiales hay 108.000 romaníes.

Pero dado que la mayoría no se inscribe, los expertos creen que hay alrededor de medio millón. Algunas estimaciones incluso parten de 900,000 romaníes.

En Rumania la cifra oficial es de 540,000 y la extraoficial de hasta dos millones. En Bulgaria, aparentemente hay 800,000; en la República Checa, 300,000, para nombrar sólo algunos países de la región.

Y en todas partes la imagen es igual de desoladora: “Viven sobre la basura, de la basura y para la basura”, opina resignado un voluntario.

En amplios sectores de la población queda mucho trabajo de convencimiento para acabar con los prejuicios con respecto a estas personas de piel oscura, que para muchos son demasiado diferentes.

 


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