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22
de enero de 2006
HUMANITARISMO
Exitosa misión a Honduras
Cuando
la tormenta tropical Gamma azotó a la población
hondureña, cuatro pilotos de la Fuerza Aérea
Salvadoreña traspasaron la frontera con sus helicópteros
para participar en una operación humanitaria. Al final
fueron condecorados por el Gobierno de Honduras por la ayuda
que brindaron.
Mi capitán, ha venido una misión para
la república de Honduras, necesito la tripulación....
Esa fue la alerta que recibió Elenilson Moraga, mientras
cenaba en la Costa del Sol, en La Paz, donde estaba destacado
para cubrir cualquier emergencia de la pesca del marlin.
Era el día sábado 19 de noviembre de 2005. Moraga
era en ese momento el comandante del grupo de operaciones
de la Primera Brigada Aérea, por lo que fue contactado
por el Centro de Operaciones Aéreas (COA), para que
organizara el grupo que daría apoyo en Honduras, debido
a los estragos que estaba causando la tormenta tropical Gamma.
Acostumbrado a las emergencias, Moraga comenzó a pensar
en quiénes serían los escogidos para esa misión.
Debían ser pilotos que no estuvieran con otras responsabilidades,
experimentados en vuelos riesgosos, y lo que más le
preocupaba era asegurar el éxito de esa misión
internacional.
Así seleccionó al teniente coronel Artemio Napoleón
Ramos, al mayor Juan Amílcar González Umaña
y al teniente Ernesto Adonai Hernández. Los dos primeros
veteranos condecorados del pasado conflicto armado en el país.
El COA contactó esa misma noche a los elegidos: Ramos
estaba en su casa viendo televisión, González
estaba de servicio en la base de Ilopango y Hernández
llegaba con su familia a la casa de su madre en Cojutepeque.
Cualquier actividad programada para el día siguiente
quedó suspendida, ya que debían volar hacia
Tegucigalpa en dos helicópteros Bell 412, naves con
capacidad para 15 personas y que tienen tres años de
servicio en la Fuera Aérea.
A las
diez de la mañana del domingo 20, los rotores de los
helicópteros rugían listos para ir hacia la
ciudad del luchador de la unión centroamericana, Francisco
Morazán.
Para los cuatro pilotos era la primera misión fuera
de El Salvador de carácter humanitario. La aeronave
FAS 252 era comandada por el mayor (quien en esa época
era capitán) Juan Amílcar González Umaña
y su copiloto era el teniente Ernesto Adonai Hernández;
mientras que el helicóptero FAS 253 tenía como
piloto al mando al teniente coronel Artemio Napoleón
Ramos, y de copiloto al capitán Elenilson Moraga.
Después
de una hora de vuelo llegaron a la base de la Fuerza Aérea
Hondureña, donde estaban el embajador de
El Salvador en Honduras, coronel Sigifredo Ochoa Pérez,
y el ministro de Defensa hondureño, entre otros oficiales.
Una hora después, ya con las instrucciones precisas,
y con un oficial hondureño de guía, despegaron
hacia San Pedro Sula, con una carga de 3,000 libras en alimentos.
La ciudad los recibió con el cielo gris, nuboso y con
amenazas de lluvia.
Acciones inolvidables
Durante las operaciones de evacuación y traslado de
víveres que realizaron los pilotos, sus vidas se enriquecieron
con experiencias sobrecogedoras.
Pero hay
dos que ellos destacan: una es cuando llegaron a Mucula, que
está a cinco minutos de vuelo del caserío Urraco,
en San Pedro Sula.
Ahí se encontraba Jenny López, que con
lágrimas y presa de las contracciones que anunciaban
que estaba por nacer su bebé, al oír los motores
de los helicópteros agarró su ropa y salió
junto a su hermana hasta el campo de fútbol,
menciona el artículo Como caídos del cielo,
escrito por la periodista Jessica Figueroa, quien acompañaba
a los pilotos salvadoreños y que publicó la
nota el día miércoles 23 de noviembre en el
diario La Prensa, de Honduras.
El mayor
González recuerda que la mujer fue transportada justo
a tiempo hacia el centro de operaciones en Urraco, donde los
periodistas la condujeron después al hospital donde
tuvo a su bebé en un embarazo de alto riesgo.
La otra experiencia la relata el teniente coronel Ramos. Llevábamos
un cargamento de comida a uno de los caseríos inundados;
eran como las seis de la tarde, estaba oscureciendo, ya no
había tropa y los únicos dos policías
que estaban habían perdido sus fusiles en el desbordamiento
de un río.
La población
al vernos aterrizar se encimó al helicóptero;
en pocos minutos se estaban aprisionando ellos mismos, la
gente peleaba por las bolsas con comida, y en ciertos momentos
hasta sentía que le darían vuelta a la nave.
Entonces decidimos levantarnos a una altura mayor de dos metros,
para lanzar las bolsas con los víveres, y cuando tomé
una para tirarla de repente vi a un niño agarrado de
la bolsa. Como ya no podíamos descender optamos por
llevarlo hacia San Pedro Sula.
Desde aquí le avisaron a la madre del niño,
quien no sabía que su hijo andaba en el tumulto. Fue
hasta el día siguiente que lo devolvimos bien vestidito,
dice Ramos.
Satisfechos de haber ayudado a los hondureños, con
casi 60 horas de vuelo, 68 personas transportadas, 73 evacuados
y de haber trasladado alrededor de 102,000 libras de carga,
los militares regresaban a El Salvador el sábado 26,
sin saber que el Gobierno, el pueblo y las fuerzas armadas
hondureñas se los agradecería con diplomas de
reconocimiento y la medalla Al Mérito II Clase,
una condecoración que es otorgada a los militares de
países amigos por servicios distinguidos al pueblo
hondureño.
Los militares hondureños se portaron muy atentos,
colaboradores; nos consideraban otros compañeros más,
menciona el mayor Juan Amílcar González, quien
asegura, junto a sus compañeros, que está dispuesto
a participar en otra misión humanitaria, sin importar
el lugar que sea.
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Durante
la semana del 20 al 26 de noviembre de 2005, los pilotos
salvadoreños ayudaron en la situación de
emergencia que vivió Honduras, debido a la tormenta
tropical Gamma, la que dejó 35 personas muertas,
13 desaparecidos, alrededor 38 mil evacuados y casi 4,000
damnificados.
Los salvadoreños se unieron a las acciones humanitarias
de militares hondureños, guatemaltecos y estadounidenses,
gracias a las gestiones de coordinación que hiciera
el embajador salvadoreño destacado en Honduras,
coronel Sigifredo Ochoa Pérez. |
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Los
cuatro pilotos de la misión
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Nombre:
Artemio Napoleón Ramos.
Rango: Teniente
coronel.
Edad: 43 años.
Tiempo en la Fuerza Aérea:
24 años.
Horas de vuelo:
3,300.
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Nombre:
Juan Amílcar González Umaña.
Rango: Mayor.
Edad: 38 años.
Tiempo en la Fuerza Aérea:
17 años.
Horas de vuelo:
2,000.
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Nombre:
Elenilson Moraga.
Rango: Capitán.
Edad: 32 años.
Tiempo en la Fuerza Aérea:
10 años.
Horas de vuelo:
1,000.
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Nombre:
Ernesto Adonai Hernández.
Rango: Teniente
Edad: 30 años.
Tiempo en la Fuerza Aérea:
10 años.
Horas de vuelo:
1,550.
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