22 de enero de 2005

ARQUEOLOGÍA
Pasado en el Golfo
Asombroso y olvidado

Un grupo de investigadores desentraña el pasado prehispánico y colonial que aún palpita con sus vestigios en el Golfo de Fonseca, periodos que, al menos allí, habían estado casi olvidados.

Morena Rivera
Fotos: Sandro Stivella

Hablemos@elsalvador.com


El tiempo allí se ha escapado, pero ha dejado sus huellas. El Golfo de Fonseca, en La Unión, sigue impactando con su espejo de agua que se pierde en el horizonte.

Lo mismo sus islas que, verdes e imponentes, sobresalen entre el celeste de esa inmensidad.

Eso, igual que su ubicación geográfica y su importancia económica, según los escritos dejados por los cronistas, pudo haber atraído a sus antiguos moradores, tanto de la era prehispánica como los españoles que, en 1524, tuvieron contacto con los indígenas.

Ambas culturas dejaron allí su impronta, al menos en las islas y en las riberas salvadoreñas del Golfo. Muchos de esos vestigios, camuflados por los zacatales y por la explotación de la agricultura, esconden los orígenes de una identidad que los investigadores están empeñados en develar.

“Islas de la teca”
Se han registrado 32 islas en el Golfo de Fonseca. En la antigüedad se les conocía como “islas de la teca”. Se ubican cerca de las costas de El Salvador y de Honduras.
Son formaciones elevadas desde el fondo del mar, alineadas con la cadena de volcanes de la costa del Pacífico y muy relacionadas con la actividad volcánica de la región.
(Fuente: Antropología y arqueología de la isla Conchagüita en el Golfo de Fonseca)
Tres proyectos 2006
Excavaciones en Conchagua Vieja, Concultura, Universidad Tecnológica y Universidad de California.
Prospección (exploración) subacuática en el Golfo, Concultura con ayuda de Argentina.
Registro de sitios arqueológicos
en el oriente de El Salvador, doctor Fabio Amador, de la Universidad de El Salvador.
Investigación en tres áreas
Hay tres ciencias que, según los investigadores, pueden aplicarse en el Golfo de Fonseca: la arqueología, la historia y la antropología.
Diversos cronistas y exploradores, como el inglés William Dampier y el holandés Jacobo Haefkens, documentaron acontecimientos interesantes de piratas y filibusteros en los mares de América Central; además describieron el ambiente y la forma de vida en el Golfo.
El primer intento de registrar sitios arqueológicos a nivel centroamericano se atribuye al salvadoreño Jorge Lardé, quien en 1910 visitó y registró 132 asentamientos en el país.
Ramón Rivas documenta la forma de vida de los isleños en la actualidad, su manera de subsistencia, la educación y el impacto de las remesas en sus construcciones.

El equipo está conformado por arqueólogos, antropólogos e historiadores de la Universidad Tecnológica (UTEC), del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura) y de la Universidad de California, en Berkeley, Estados Unidos.

En el 2003 hicieron las primeras visitas con fines científicos a la zona. “Queríamos un sitio para indagación histórica, arqueológica y antropológica, donde los estudiantes hicieran sus trabajos de campo”, refiere el antropólogo Ramón Rivas, director de la Escuela de Arte y Cultura de la Tecnológica.

En tres años desarrollaron dos publicaciones, una donde el arqueólogo José Heriberto Erquicia recuenta los hallazgos arqueológicos en el Golfo de Fonseca, y otra donde Ramón Rivas y Esteban Gómez, arqueólogo de la Universidad de California, detallan la primera fase de investigaciones en la isla Conchagüita.

En este pedazo de tierra, adonde se llega después de 20 minutos de surcar las aguas desde Punta Chiquirín, entre la presencia de pelícanos y pescadores artesanales, se halla Conchagua Vieja, el sitio arqueológico más importante de la zona insular.

De este asentamiento se saben detalles, muchos de ellos gracias a los registros de los cronistas y al trabajo arqueológico de Esteban Gómez y dos estudiantes de la UTEC, quienes ya han hecho un levantamiento topográfico, un estudio de la superficie y recolección de materiales como obsidiana y cerámica.

Viaje al pasado

En una de las visitas recientes a la isla Conchagüita, antes de la fase de excavaciones programadas para marzo de 2006, José Heriberto Erquicia, Ramón Rivas, el historiador Pedro Escalante Arce y uno de los estudiantes de arqueología sortean una de las veredas que lleva al antiguo pueblo de Santiago de Conchagua.

El recorrido cobra vida para ellos. “Éste podría haber sido el camino real”, cuenta Ramón Rivas. Por donde subían los españoles y los indígenas luego de desembarcar. Hay además en ese sendero concentraciones de conchas, que datan de la época prehispánica y han sido esparcidos por las lluvias de invierno.

Al llegar a la cima de la montaña, Escalante Arce parece encontrarse con las vivencias y con los personajes que ha escudriñado en los escritos que describen la zona, y que lo han convertido en un conocedor de la historia del antiguo pueblo.

Allí están los restos de terrazas y casas que en la década de los 40, del siglo pasado, observó el estadounidense John Longyear, en lo que fue una de las primeras visitas con interés arqueológico hecha en el sitio.

Pero lo más impresionante para los investigadores nacionales son los muros de la iglesia colonial, que a pesar de estar abrazados por las ramas de los chilamates, no han sucumbido al paso del tiempo. Además, aún se conserva la base de lo que un día fue la cruz atrial.

La iglesia, según Escalante Arce, fue construida en 1527 y más tarde, en 1682, fue destruida por la invasión de los piratas ingleses. “Aquí celebró misa el fraile Alonso de Ponce, en 1586, durante un viaje que hizo de Guatemala a Nicaragua”, enfatiza el historiador.

En el piso de lo que un día fue el templo y en los alrededores de éste, casi en la superficie de la tierra, hay riqueza de vestigios , como restos de vasijas y piedras de moler. “Aquí hubo vida,estos utensilios se usaban hasta cinco veces al día”, comenta Ramón Rivas.

Investigadores examinan las conchas que, según creen, datan del periodo prehispánico.
Fragmentos de piedra de moler, abundantes en el sitio de Conchagua Vieja.

El antropólogo tiene su suposición: “La iglesia se pudo edificar sobre un sitio prehispánico. Es probable que al hacer excavaciones pueda demostrarse”, subraya.
Patrimonio descuidado

Por ahora, evidencias encontradas señalan que este antiguo asentamiento pudo estar habitado por mangues, lencas de la rama potón y matagalpas o ulúas, y el máximo esplendor de su ocupación en el Clásico Tardío, de 600 años después de Cristo hasta la llegada de los españoles, en 1522.

Erquicia piensa que al hurgar entre la tierra se podrán obtener más datos importantes. Por ejemplo, si tenían intercambios comerciales con otros pueblos prehispánicos, y si quedan construcciones residenciales.

A juicio de Ramón Rivas, los vestigios prehispánicos y coloniales del Golfo deben estudiarse y registrarse, sobre todo por la construcción del Puerto Cutuco que ya despierta perspectivas turísticas y económicas en la región.

“No se sabe el impacto que eso va a traer, y si no lo hacemos ahora luego será más complicado”, analiza el antropólogo. Él, al igual que los demás investigadores, no quiere volver a encontrarse con el drama que presenciaron en su último viaje al Golfo.

Los restos de la casa de los frailes franciscanos de Santa María de las Nieves de Amapala, fundada en 1593, para cristianizar a los indígenas del lugar, fueron invadidos por la edificación de una iglesia reciente, sin siquiera respetar los límites de la antigua construcción.

Un panorama triste para ellos, y les recuerda que muchos pobladores no tienen sentido de identidad, que en muchos casos la ley de Patrimonio Cultural no se aplica y que en El Salvador aún quedan muchos sitios por ser investigados, como ése que un día tuvo vida en pleno Golfo de Fonseca.

 

 
Paredes invadidas por las raíces.



Reescribiendo la historia de oriente
Para el arqueólogo José Heriberto Erquicia, en términos generales la zona oriental nunca ha contado con un proyecto grande de excavación, a lo sumo registro de sitios, recolección de material y mapeo general.

¿Se trata de una zona un tanto virgen en investigaciones
arqueológicas?

Si, pero el Golfo no sólo ha llamado la atención en la parte arqueológica, sino también histórica y antropológica. Además se descubren allí las etapas prehispánica, colonial y republicana.

¿Las excavaciones en Conchagua Vieja podrían dilucidar dudas sobre las culturas que habitaron el Golfo?
Dilucidar a partir de una excavación es bien difícil, pero se van a tener datos importantes, como desde qué período fue ocupado el sitio, y por los tipos de cerámica se podrá determinar las relaciones que tenían con los pueblos de los alrededores.

La isla Conchagüita se ubicaba en una zona estratégica. ¿Cómo se explica la construcción allí del sitio más importante?
Construir en la punta de la montaña, en un lugar inhóspito, tenía su estrategia. La ubicación de la isla es ideal. Se halla en la entrada del único canal navegable por los grandes barcos, entre Punta Chiquirín y la isla Zacatillo.

¿Hay un pasado importante en el Golfo de Fonseca?
No sólo se trata de la historia del Golfo de Fonseca, sino la historia del otro lado de El Salvador. El país está dividido en dos partes: una al este del río Lempa y otra al oeste. Se trata de una división geográfica y también cultural.
Hay que reescribir la historia de los pueblos indígenas del oriente del país. No es posible que ellos sigan creyendo que sus antepasados son los pipiles. Occidente está más lleno de investigaciones y conocimientos arqueológicos, en cambio oriente está ávido por conocer.

 



1995 - 2005. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.

elsalvador.com