22 de enero de
2005

El negocio de la coca legal


Chicles, gaseosas, jabones y otros productos hechos con base en la hoja de coca proliferan en Los Andes. Evo Morales promete catapultar el mercado lícito de la planta. ¿Lo logrará?

María Amparo Lasso
MÉXICO

Hablemos


La hoja de coca.


Microempresarios de Bolivia, Perú y Colombia, quienes usan la mítica hoja de coca para fabricar medicinas, gaseosas, jabones, chicles, vino y otros productos, fincan sus esperanzas de negocio en un hombre: Evo Morales.

Estos pequeños emprendedores del aún incipiente y artesanal mercado legal de la coca, satanizada por ser materia prima de la cocaína, se habían resignado por años a vender sus productos sólo en el ámbito local.

Ahora están empeñados en poder exportarlos y levantar algo de la alicaída economía campesina andina, si prospera el controvertido proyecto de despenalización internacional de la coca de Evo Morales, indígena aymará de 46 años quien asumirá la presidencia de Bolivia este domingo.

La industrialización lícita de la coca parece una apuesta arriesgada dadas las tendencias actuales en los empobrecidos Andes: cae el consumo tradicional de la planta en las nuevas generaciones indígenas y aumenta su cultivo ilegal. Pero entre los pequeños productores persiste el optimismo.

“Debemos convencer al mundo de que la coca no es cocaína y con Morales vamos a lograrlo”, dijo a Tierramérica David Curtidor, miembro de la reserva indígena nasa del sur de Colombia, que fabrica Coca Sek, una gaseosa amarilla y dulzona, que incluye en su fórmula los alcaloides de la hoja de coca.

“Nuestra gaseosa no es una droga, es ligeramente estimulante como un café, pero es mucho más saludable, por los minerales y vitaminas que contiene la coca”, explicó Curtidor desde el remoto poblado de Inzá, en las montañas del departamento colombiano del Cauca.

La hoja de coca (Erythroxylon coca), que según estudios médicos tiene propiedades nutritivas comparables a las de la leche y la carne, es masticada con fines terapéuticos y religiosos por indígenas andinos hace miles de años y su uso tradicional es legal en la zona.

Pero sigue figurando desde los años 60 en una lista de sustancias prohibidas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que limita severamente su comercio internacional, mientras su cultivo alimenta el multimillonario negocio ilícito del narcotráfico global.

La promesa de borrar la hoja de la lista negra de la ONU y de revertir la política estadounidense de “coca cero”, es decir de erradicación forzosa de cultivos, fue central en la campaña de Morales, quien ganó la presidencia con un arrollador 53,4 por ciento de los votos.

Morales busca expandir el área de cultivos legales de coca en Bolivia, fijada en 12 mil hectáreas, que son insuficientes para abastecer la demanda local, según los cultivadores.

Y se apresuró a aclarar que su propuesta “es no cero coca, pero sí cero narcotráfico”. Pero incluso analistas estadounidenses que son partidarios de la coca legal califican su iniciativa como una “bofetada a la política antidrogas” de la administración de George Bush, y auguran una ruta de colisión entre ambos gobiernos.

“Estamos frente a un gobierno muy conservador en Estados Unidos, que no se plantea innovar su política antidrogas, y no creo que va a tolerar el desafío de Morales”, dijo a Tierramérica Bruce Bagley, experto en narcotráfico de la Universidad de Miami.

Los pequeños productores, castigados por años de fallidos programas de desarrollo agrícola alternativo auspiciados por Estados Unidos, creen que la propuesta boliviana podría tener un efecto dominó positivo en Los Andes, que beneficiará a todos.

“Cada kilogramo de hoja de coca que sale al mercado legal es uno menos para los narcotraficantes”, consideró Curtidor, el fabricador de Coca Sek.

Esa es la apuesta de la estatal Empresa Nacional de la Coca (Enaco), que monopoliza la comercialización de la planta en Perú, donde el consumo tradicional absorbe sólo nueve mil de las 110 mil toneladas que se cultivan cada año.

Microempresas como Coca Loca, que produce “cocalletas”, deben adquirir la hoja de coca en Enaco, que la revende tras comprarla a los cultivadores y que también fabrica y exporta.

Según la presidenta de Enaco, Lida Marín, sus productos son apetecidos en el exterior. A fines de enero comenzarán a exportar a Sudáfrica 153 mil sobres de té de coca, por un monto de 85 mil dólares.

Marín informó que Enaco también exporta a Japón y Bélgica unos 300 gramos anuales de clorhidrato de cocaína con fines medicinales, y confirmó a Tierramérica un secreto a voces: su empresa vende hoja de coca a la poderosa transnacional Coca Cola, a través de la estadounidense Stepan Company, con sede en Nueva Jersey, que adquiere unas 145 toneladas del insumo al año.

El dinamismo del negocio dependerá del mercado, no del Estado, según Marín. “Los consumidores serán quienes dicten si una pasta dental o un jabón con base en coca gusta o no”, dijo.

Pero muchos dudan que la coca legal sea una alternativa al narcotráfico. Enaco paga 1,4 dólares por kilogramo de la planta, contra los cinco dólares de los narcotraficantes. “Simplemente no podemos competir en precio”, admitió Nelson Larrea, director de Enaco.

A lo ancho de Los Andes se registra un constante aumento de los cultivos ilícitos, incluso en Colombia, el mayor exportador global de cocaína. Según el Departamento de Estado (cancillería estadounidense) los cultivos colombianos no se redujeron en 2004, pese a la agresiva fumigación aérea.

En Bolivia la producción de cocaína aumentó 35 por ciento y en Perú 23 por ciento entre 2003 y 2004, según la ONU.
En este panorama adverso, Morales impulsará negociaciones para que la cuarta reunión de la Convención de Viena de la ONU en 2008 retire la coca de la lista de sustancias ilícitas. Muchos analistas son escépticos, porque se trata de lograr un consenso global, ni más ni menos.

 


1995 - 2005. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.

elsalvador.com