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21 de mayo de
2005
Toca el turno a la celulosa argentina
Paraguay reclama a Argentina por la contaminación del
fronterizo río Paraná. Al menos unas 12 fábricas
están cuestionadas.
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Protestas
argentinas contra plantas de celulosa en Uruguay.
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Diverso pero siempre conflictivo es el impacto
ambiental de las aproximadamente 30 fábricas de pasta
de celulosa y papel que operan en Argentina. A raíz
de los cuestionamientos a la instalación de dos grandes
plantas de este rubro en Uruguay, las firmas argentinas pusieron
las barbas en remojo.
El conjunto de empresas del sector produce en Argentina unas
900 mil toneladas al año con diversas tecnologías
y materias primas. Las más grandes y cuestionadas están
sobre el río Paraná, en la región noreste.
Desde marzo, Paraguay reclama a Argentina por la presunta
falta de tratamiento de los efluentes de las fábricas
de celulosa Alto Paraná, Celulosa Puerto Piray y Benfide,
en la nororiental provincia de Misiones, en el límite
entre ambos países.
Paraguay asegura que las firmas arrojan desechos químicos
al río Paraná que comparten ambas naciones
en un tramo y Argentina aún no responde las demandas
de la cancillería vecina.
El ministro de Medio Ambiente de Paraguay, Alfredo Molinas,
aseguró el 12 de mayo que su país seguirá
insistiendo en que el problema se solucione por la vía
diplomática, sin necesidad de llegar a conflictos.
El grupo ambientalista Greenpeace difundirá a fin de
mes un reporte sobre la industria de la celulosa y el papel
en Argentina, donde aduce que ninguna empresa de este sector
constituye un ejemplo, sino que todas son problemáticas.
Algunas contaminan al emplear cloro en el blanqueo, y
las que no lo usan tienen problemas en el tratamiento de efluentes,
o sea que en todos los casos hay que ajustar las cuerdas,
adelantó a Tierramérica Juan Carlos Villalonga,
director local de Greenpeace.
La Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel de
Argentina, que representa más de 90 por ciento de la
producción del sector, firmó el 10 de mayo un
acuerdo con la Secretaría de Ambiente un acuerdo marco
para un programa de producción limpia y competitividad
empresarial tendiente a prevenir la contaminación asociada
a esta actividad.
Las empresas argentinas son conscientes de la necesidad
de cuidar el ambiente y desde hace rato invierten en eso,
pero eran acciones dispersas. Ahora vamos a mancomunar esfuerzos,
anticipó a Tierramérica Rafael Gaviola, presidente
de la asociación.
Para Villalonga, el acuerdo es una buena noticia. Ahora
se deben fijar plazos para alcanzar cada una de las metas,
porque eso es lo que mueve a las empresas, la obligación
de cumplir, advirtió.
El convenio es de adhesión voluntaria y compromete
a los firmantes con una serie de metas. La idea es mostrar
a las empresas que en lugar de desechar insumos o generar
residuos les conviene ser eficientes en la gestión
del proceso, explicó Victoria Beláustegui,
coordinadora de Producción Limpia de la secretaría.
La atención hacia la industria local aumentó
tras el conflicto en torno a la construcción de dos
plantas de celulosa, por parte de la finlandesa Botnia y la
española ENCE, en la costa uruguaya de un río
compartido con Argentina.
Los mayores temores por la eventual contaminación se
viven en la oriental ciudad argentina de Gualeguaychú.
Pero sus vecinos uruguayos defienden como fuente laboral a
las dos fábricas, que una vez terminadas producirán
cerca de 1,5 millones de toneladas anuales de pasta de celulosa
para exportar.
Aunque Gaviola afirma que entre 2001 y 2006 las empresas argentinas
invirtieron unos 35 millones de dólares sólo
para mejorar el ambiente, hay 12 firmas conflictivas.
Una de ellas es Alto Paraná, que produce 350 mil toneladas
de pasta de celulosa.
La tecnología que aplica Alto Paraná es
la misma que aplicará Botnia, aseguró
el dirigente, aludiendo a la tecnología libre de cloro
elemental. No obstante, vecinos de la zona aseguran que el
Ministerio de Ecología de Misiones no informa sobre
controles en el Paraná.
A fines de los años 90, Greenpeace denunció
penalmente por contaminación a Celulosa Argentina,
ubicada aguas abajo sobre ese río, en la oriental provincia
de Santa Fe, desde 1929. La denuncia nunca prosperó,
según Villalonga.
Greenpeace y el Taller Ecologista de Rosario aportaron muestras
de agua con contaminantes asociados con la utilización
de cloro. La empresa niega utilizar ese químico en
la producción, pero tampoco informa qué usa.
Los vecinos de Santa Fe aseguran que desde entonces piden
información sobre la firma que inunda la localidad
de un fuerte olor a huevo podrido.
Papelera del Tucumán, en la nororiental provincia homónima,
fue la única cuyos directivos fueron procesados. La
denuncia la hicieron autoridades provinciales a comienzos
de 2003 y la justicia procesó en segunda instancia
a los empresarios, por contaminación.
En marzo los controles gubernamentales se hicieron más
estrictos en la provincia de Buenos Aires, donde se aplicaron
clausuras preventivas en Papelera Massuh y Papelera Baradero,
por fallas en el tratamiento de efluentes.
Las empresas de pasta de celulosa tienen cuestionamientos,
al igual que otros sectores con los que estamos encarando
procesos de producción limpia, declaró
Beláustegui. Algunas mejoraron mucho y otras necesitan
asesoramiento para avanzar, dijo.
Todas, en un punto, tienen que mejorar en un sector
clave, que es el uso del agua, aseguró.
Corresponsal de Inter Press Service (IPS)
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