21 de mayo de 2006

LIBROS
Recuerdos imborrables de Usulután

Anécdotas divertidas se disfrutan en “Remembranzas de mi pueblo”, un librito que se lee de un tirón, en momentos de solaz y esparcimiento.

Carlos Alberto Saz
Hablemos


ilustración: EDUARDO CALACIN


Secretario ejecutivo de la Academia Salvadoreña de la Lengua

La obrita —de bolsillo— titulada “Remembranzas de mi pueblo” salió a luz por primera vez en 1992; ahora viene ya en su segunda edición, de 105 páginas, en tamaño un poco mayor, dado el éxito que tuvo en la primera. Es en ocasión del cincuenta —o quincuagésimo— aniversario de fundación del Centro Cultural Salvadoreño, que contribuyó a que se editara.

Fue impresa en diciembre de 2005 por “Impresora Universal” (no dice el tiraje o la tirada) y está dedicada por el autor al ilustre panameño-salvadoreño doctor Eduardo Ritter Aislán, miembro de Número de la Academia Salvadoreña de la Lengua, así: “A mi dilecto amigo Dr. Eduardo Ritter Aislán, en reconocimiento a su calidad humana”.

Y en efecto, el Dr. Ritter —como se le conoce aquí en los medios intelectuales— es un hombre de grandes virtudes humanas, estudioso de la filosofía, escritor proficuo, humanista reconocido, poeta y literato, a quien todos le deseamos la recuperación de su salud. Él ha contribuido mucho a la cultura salvadoreña, con sus aportes tanto en generosidad como en sus obras literarias y artículos culturales y educativos publicados en medios informativos salvadoreños.

El autor de “Remembranzas de mi pueblo” es el reconocido intelectual sansalvadoreño, pero más usuluteco, profesor y doctor honoris causa Jorge Adalberto Lagos, connotado botánico que ha escrito el libro de botánica quizás más completo en el país, además de otras obras de su especialidad, y ha recibido una condecoración muy honrosa que le ha dado renombre a la patria salvadoreña, tal es la Medalla Conmemorativa de Laboratorio que le entregara en 2002 el Instituto de Botánica de la Universidad J. A. de Szeged, Hungría, por un exhaustivo trabajo que él hizo acerca del estudio de los pólenes. Este galardón lo concede el Instituto cada año a los mejores trabajos mundiales en la rama de botánica.

Fuera de algunos descuidos de tildación y de marginación de texto —cosa que jamás demerita lo interesante de la obra— “Remembranzas de mi pueblo” es un libro que realmente ubica al lector en las épocas relatadas por el autor, en el provincial Usulután del ayer, en la legendaria ciudad de hace más de medio siglo.

Con gracia, originalidad y sentido del humor, el profesor Lagos va relatando anécdotas, pasajes o viajes por él vividos, desde las alegres vacaciones de Semana Santa que experimentaba con sus padres, los inolvidables paseos de su infancia al mar, los viajes en el tren de aquel entonces hasta los recuerdos de un censo eléctrico un día de noviembre de 1948 para mejorar el servicio; pero cuando se presentó el informe de este arduo trabajo, con base en el censo de casa en casa, y en el que el autor participó, con la esperanza de instalar una planta eficiente, de nada sirvió el censo porque ya se había comprado un dínamo nuevo para reinstalarlo en la vieja planta. En vez de enojo, la respuesta de los censores —dice el relato— fue una reacción de risa.

Una de las anécdotas que más mueven a la hilaridad es la del “maíz retirado”. Sucedió que Toño, alias “Coyunda tostada”, vivía con Tomasa en un rancho al pie de la loma. La mujer, embarazada, le pidió un deseo: “—Mirá, Toño, quisiera comer tortillas de maíz retirado”. Y Toño ensilló su yegua y salió rumbo a Las Salinas a traer el maíz.

“—Bueno, Toño, le preguntó la Tomasa, cuando él regresó ya tarde: ¿y por qué tiás tardado tanto en regresar? —¿Y no me dijistes pue que querías maíz retirado? Por eso jui en mi yegua hasta Las Salinas, que está bien retirado diaquí, le contestó Toño.

“—¡No siás tonto, Toño!, vos no entendistes: maíz retirado es el que se encuentra ralo en la mazorca: un grano por el troncuel elote, otro por la punta, un puñito en medio... y así. —¡Ay, quincachable vos, Tomasa! ¿Por qué no meluesplicastes? La yegua rechinó burlándose de Toño”.

Éstas y otras anécdotas divertidas se leen de un tirón; una obrita que de verdad entretiene, divierte y remonta al lector a un pasado lejano, en donde la paz, la tranquilidad y el ingenio de las gentes humildes de antaño proyectan su sencillez y su idiosincrasia en ambientes provincianos o campesinos, donde no se conocía la maldad, el egoísmo ni los demás vicios humanos que prevalecen hoy en día en el hombre de la época.

 

 


1995 - 2006. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.

elsalvador.com