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18
de junio de 2006
PLASTICA
Artefactos en espacio celestial
El
trabajo de Marvin Iraheta es plástico y pictórico,
no sólo por poner en escena muchos procesos de la vida
misma, sino por rodearlos de sujetos y artefactos y crear
una atmósfera llena de simbolismo.
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| En
sus distintas propuestas, dada la naturalidad, el tacto
y el equilibrio, contemplar una obra de Iraheta es simplemente
un encanto. |
Marvin Iraheta es un pintor de mucha imaginación; se
recrea en su dibujo caricaturizado y desplaza su creación
hasta lograr una especie de ilusión en toda la dimensión
del cuadro.
Un escenario con muchos artefactos como para interactuar con
el espectador y producir esos efectos tan dramáticos
y tantas veces trágicos como en el teatro de la vida.
El sentido trágico de la vida española
sólo puede darse con una estética sistemáticamente
deformada, decía Valle Inclán.
Su quehacer no obedece estrictamente a esta premisa de lo
absurdo, el drama o lo trágico; pero sólo observando
reflexivamente su trabajo se puede apreciar cómo linda
con lo simbólico, lo surrealista y lo abstracto.
La magia de su pintura reside en entregarnos una aspiración
de nuestra propia existencia, de evocar tiempos y recordarnos
cómo una idea pequeña por la remota infancia
puede hacernos felices hasta el grado de repetir hechos por
vividos o soñados.
Si los pequeños seres en fila hacia el
circo de la vida, los globos aerostáticos surcando
el espacio abierto o las candilejas prendidas en el inmenso
escenario del universo no estimulan la imaginación
o las sensaciones más sentidas del ser humano, podría
pensarse en algo fuera de este mundo; pero seguros
estamos de que sus afanes y sus motivos están produciendo
reacciones y encontrando eco en coleccionistas y conocedores
de la buena pintura.
Su trabajo es muy plástico y pictórico, no sólo
por poner en escena muchos procesos de la vida misma, sino
por rodearlos de sujetos y artefactos y crear una atmósfera
agradable, sensorial y llena de simbolismo como para invitarnos
a participar y penetrar, con toda energía, en el teatro
del universo.
No se trata de interpretar o retratar mecánicamente
acontecimientos humanos, pero sí en seguir un proceso
tocando los hilos de la imaginación, pasando por los
hechos cotidianos hasta llegar a lo onírico por la
intuición.
La pintura moderna exige no sólo nuevas formas y concepciones
de los materiales, sino mucha creatividad y una total voluntad
para acometer los retos del futuro.
Y en este punto quisiera hacer una pausa para referirme a
unos pocos estudios de la naturaleza hechos por
Marvin para probar los efectos de la luz y la sombra.
Esto no se produce tan fuertemente en su obra de Artefactos
o en esos misteriosos rostros (serie Un tema antiguo)
de su abstraccionismo. Y es porque el efecto de la luz y la
sombra no consiente al pintor definir los contornos
y los distintos elementos, como lo permite, en cambio,
la forma plástica.
Los grandes maestros de la teoría del color sostienen
que la supeditación de todos los elementos de una pintura,
tanto a los acentos de la luz como a los rasgos de la sombra,
limita el acabado.
Y esto para decirlo más gráficamente lo podemos
comprobar viendo las notables diferencias entre algunas obras
de Rembrandt y Goya.
En el caso particular que nos ocupa, la imaginación,
los recursos ópticos de Iraheta trabajan sobre una
realidad anterior a toda distinción entre lo bello
y lo feo. Si hubiera hecho semejante distinción, las
figuras, aisladas del conjunto, aparecerían como caricaturas;
en cambio, el conjunto de su novedosa obra es un auténtico
drama.
El mundo y la pequeña sociedad vista con la sensibilidad
del artista: los recuerdos, los encuentros con los fantasmas
del pasado no necesariamente lo misterioso, sino esos pequeños
detalles que cubrieron toda una época en la niñez
y en la juventud. Y debe saberse que en sus primeros trabajos
Iraheta acometió el dibujo y la economía de
la caricatura.
Con esa saludable diferencia de que las formas de la caricatura
las creó para pintar el carácter de las cosas
del modo más directo e inmediato.
En concreto, la belleza requería la aceptación
de algunos elementos de la naturaleza y la exclusion de otros,
con el fin de hallar una realidad artística distinta
de la realidad natural. Marvin no profundizó en esta
temática, como en su momento lo haría el gran
Goya. Su trance fue un poco más directo, para encontrarse
con el dibujo y el valor universal del arte.
Sí, esa universalidad que atraviesa no sólo
los límites mentales, sino la geografía de la
patria: el circo es universal, el escenario con sus actores,
vestuario, luces y todo el ambiente, el proscenio con sus
candilejas, es universal; las nubes, los cables, en fin todos
los recursos y simbolismos van más allá de lo
onírico para perpetuarse en una realidad aquí
y en Grecia.
La luz, el color, las sombras se asocian con las razas y con
el mismo misterio de los fondos para producir efectos físicos
y llevarnos a una felicidad sin retorno. El mundo es así:
cambiante, en evolución permanente; pero también
es celestial, como lo mira Carlos Fuentes y todos los escritores
de raíces latinas.
La identidad y el pasado estan ahí: Marvin con su precioso
simbolismo nos lo recuerda: recuperemos el reino mágico.
El mito y la leyenda están en nuestro antepasado. Cada
lugar tiene su misterio y su propia vida, su sentimiento,
su belleza.
La estética es nada más la creada por nosotros.
El artista reproduce lo invisible, traza el camino, señala
los rumbos como la rosa de los vientos. La escalera es el
medio para acometer la cima y desentrañar el misterio.
Un artefacto más puesto en escena por este creador
de imágenes y metáforas.
Lo expresado, lo narrado pictóricamente por Marvin
son los hechos consumados, el proceso del ser humano en un
escenario determinado, esto lo objetivo; el sentimiento y
la forma son cualidades subjetivas creadas por el gran momento
del artista.
Y precisamente son el sentimiento y la forma, más las
emociones, los elementos esenciales de la obra de arte que
la convierten en un valor absoluto. Lo agregado es contingente
y hasta relativo.
Por eso evitamos el hecho histórico, el suceso, todo
aquello fuera de la subjetividad de este artista. Iraheta,
al igual que tantos artistas, tiene la libertad de buscar
y encontrar su inspiración en cualquier lugar, de ingresar
en procesos creativos para provocar distintas reacciones,
en fin de desarrollar su particular modo de sentir y concebir
su forma como quiera.
Pero en esta su etapa contemporánea, con novedosas
y audaces propuestas, si en su pintura hay invocaciones o
una especie de flashback a una época lejana
en el tiempo y el espacio, ésta tiene que ser el pretexto
y no el contenido de la obra.
El otro punto por señalar en el trabajo de Iraheta,
en el cual destacan muchas imágenes, artefactos y simbolismo,
es su recreación pictórica manteniendo esa dualidad
entre la forma y el tema.
En ese proscenio la proporción entre esas pequeñas
figuras que se tocan sin tocarse, yuxtapuestas en un enjambre
de rutas mentales digamos en su tema El circo
y el espacio constituyen por sí solos la expresión,
y el acontecimiento apenas le brinda una contribución
accesoria.
En síntesis, el propósito de Marvin es presentar
imágenes, es cautivarnos y trasladarnos a un mundo
de reflexión y éxtasis, no porque sean proyecciones
de la fantasia, mucho tienen de ella, sino porque tema, imaginación,
forma pictórica y plástica están dentro
de los límites de la personalidad de este artista.
Él triunfa porque no sacrifica su fantasía,
sus emociones, recuerdos y vivencias. Es feliz y nos hace
felices con la evocación de esos mundos tan cercanos
en nuestra mente y tan lejanos en el tiempo.
Es así por el sentimiento mismo expresado por su pintura,
algo lógico, ya que las emociones y el sentimiento
representan una aproximación natural a la realidad.
El estilo forma parte muy íntima en esta etapa ya madura,
no cronológica, en la vida de este creador.
El abstraccionismo
En determinado momento de la historia los plásticos
se enfrentaron a nuevos retos y acontecimientos. El paisaje
fue acometido con nuevas técnicas y materias; los temas
religiosos fueron decayendo y el figurativo tomó otros
rumbos.
La revelación del alma humana, más allá
de Pascal y Platón, quizás propició que
la pintura se volviera más abstracta y, en consecuencia,
transformó los efectos físicos de la realidad
en efectos de luz. La belleza moral cautivó a los creadores.
Los entendidos en esta materia sostienen que sus seguidores
tienen una aversión hacia todo lo que sea naturaleza
y el anhelo de una forma absoluta, más allá
de toda experiencia de los sentidos o la razón.
Podría ser, no compartimos del todo esta tesis. Marvin,
con toda su espiritualidad, también ingresa a este
mundo.
En su serie Un tema antiguo, rostros sobre fondo
oscuro, impacta su vitalidad, su energía, el color
y la fuerza del mensaje. Cobra importancia esta su incursión
porque acude mucho a su imaginación y por lo mismo
sugiere una totalidad en lo universal y absoluta.
El figurativo como el abstracto en este artista están
muy ligados a su temperamento, a sus sueños y su espiritualidad.
Es coherente con su obra y merced a una realidad es preciso
con las sombras y el color. Iraheta nos conduce, una vez más,
al reino de la fantasía, de la belleza y el equilibrio
de las formas. Y en este abstraccionismo cuando se aparta
de la realidad circundante y penetra en el mundo de la fantasía,
Marvin es capaz de establecer y mantener esa coherencia señalada
con las sombras y los colores puros.

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