|
TIERRAMÉRICA
18
de junio de
2005
¿Se compran votos para matar
ballenas?
Japón habría intentado sobornar a países
centroamericanos para que apoyen la reactivación de
la caza comercial de ballenas durante una cita que inició
ayer en el Caribe. Honduras y Guatemala desmienten presiones
niponas.
 |
|
La
ballena gris está amenazada en el Pacífico
asiático.
|
Unas mil ballenas son sacrificadas
cada año con arpones que explotan al tocar su piel,
bastones que les descargan miles de voltios o disparos en
sus cabezas.
Japón es el rey de estas prácticas y, en su
afán de mantenerlas y ampliarlas soborna a gobiernos
de pequeños países latinoamericanos, denuncian
ambientalistas y científicos.
Japón alienta la suspensión de la moratoria
a la caza comercial de cetáceos, vigente desde la segunda
mitad de los años 80, propuesta que será votada
en la reunión de los 65 países miembros de la
Comisión Ballenera Internacional (CBI), que delibera
desde ayer y hasta el 20 de este mes en las islas caribeñas
de Saint Kitts y Nevis.
A cambio de que diversos países (la mayoría
sin ninguna tradición ballenera) apoyen sus posiciones
en la CBI, Japón ofrece apoyos financieros y asesoramiento
pesquero, denuncian especialistas.
Eso es conocido por todos y Japón ni siquiera
lo oculta, dijo a Tierramérica el mexicano Jorge
Urban, experto en cetáceos de la Universidad Autónoma
de Baja California.
Urban, quien desde 1986 asiste a las sesiones anuales del
comité científico de la CBI, indicó a
Tierramérica que se prevé que los países
más grandes de la región, como Argentina, Chile,
Brasil y México se opongan a la suspensión de
la moratoria. Naciones como El Salvador, Guatemala, Honduras
y Nicaragua podrían apoyar la propuesta japonesa de
levantar la prohibición.
Poco antes de iniciarse la cita de la Comisión, la
organización Greenpeace acusó al gobierno del
presidente de Honduras, Manuel Zelaya, de ceder a presiones
de Tokio.
El canciller hondureño Milton Jiménez se manifestó
indignado. Es una especulación y una ofensa intolerable.
Cualquier determinación en ese aspecto debe ser tomada
por el presidente en consulta con sus ministros, y eso no
está en agenda. Honduras no vende ni negocia sus votos,
aseguró Jiménez.
Greenpeace debe acreditar su fuente para asegurar eso
(que el país fue sobornado) y haremos una protesta
formal si la especulación se mantiene, advirtió.
Para beneplácito de los ambientalistas y en vísperas
de la cita de la CBI, El Salvador y Guatemala informaron que
no lograron sumarse como nuevos miembros de ese foro y que
no asistirán.
Guatemala no estará en San Kitts y Nevis, ni
como miembro de la CBI ni como observador, confirmó
a Tierramérica el canciller de ese país, Jorge
Briz.
Nicaragua y Honduras, que integran el foro, mantuvieron una
postura incierta. Aunque el gobierno hondureño se molestó
por las denuncias de Greenpeace, no informó claramente
cuál será su voto.
La decisión de restringir la captura de ballenas en
los años 80 se tomó con base en evidencias de
que varias especies de cetáceos estaban en peligro
de extinción, debido a la caza indiscriminada.
Las ballenas, de las cuales hay más de 20 especies
en el mundo, son mamíferos de inteligencia similar
a la de los animales domésticos, afirman científicos.
Japón, Islandia y Noruega sostienen que las poblaciones
de algunas clases de cetáceos ya se reprodujeron suficientemente
y que su pesca debe reactivarse. Afirman, por ejemplo, que
la variedad minke, la más pequeña de las ballenas
barbudas, tiene ya una población de unos 500 mil ejemplares.
Las alrededor de mil ballenas que se capturan actualmente
son parte de cuotas establecidas por la CBI para hacer estudios
científicos y permitir que pueblos aborígenes
como los esquimales no pierdan sus antiguas tradiciones pesqueras
y alimenticias.
El gobierno de Noruega es el único del mundo que rompió
unilateralmente la veda acordada por la CBI en 1993, año
en que reinició la pesca de ballenas minke, que llegan
a medir unos 10 metros de longitud.
Las autoridades de ese país sostienen que la moratoria
adoptada en 1986 debía revaluarse en 1990, pero no
se hizo porque la mayoría de los miembros de la organización
se opuso, aunque consideraba que había evidencia clara
de la recuperación de variedades como la minke.
Japón, en cambio, mantiene la caza alegando estudios
científicos. Pero la carne de la gran mayoría
de las ballenas termina en los restaurantes de ese país
o se exporta como producto exótico.
Japón y Noruega dicen tener el derecho a cazar
ballenas y argumentan que el recurso se aprovecha matándolas.
Ese mismo derecho tenemos nosotros de expresar que el recurso
puede ser aprovechado de manera sustentable sin necesidad
de sacrificarlas, declaró Lorenzo Rojas, comisionado
mexicano ante la CBI.
Argentina, Brasil, Chile y México, miembros de la CBI,
se oponen a que se reanude la pesca de ballenas. La mayoría
de países latinoamericanos no tiene la tradición
de capturarlas, pero desarrolló una exitosa industria
turística asociada a su avistamiento.
Este sector genera ingresos por más de mil millones
de dólares al año en el mundo, contribuyendo
a mejorar la calidad de vida de las comunidades costeras.
La matanza de ballenas no puede coexistir con la observación
y está demostrado que es mucho más rentable
el avistamiento que la cacería, dijo Roxana Scheteinbarg,
coordinadora del no gubernamental Instituto de Conservación
de las Ballenas de Argentina.
El riesgo de extinción acecha sobre todo a los grandes
cetáceos del Pacífico asiático, como
la gris, de la cual quedan apenas unos 120 ejemplares en la
zona.
Con aporte de Marcela Valente (Argentina), Thelma Mejía
(Honduras) y Edin
Hernández (Guatemala)
|