17 de Septiembre de 2006

ARQUEOLOGÍA
LIBROS DE PIEDRA

Misión franco-salvadoreña prepara nuevas investigaciones sobre
el arte rupestre.

Sébastien Perrot-Minnot
Arqueólogo del Centro Francés de Estudios
Mexicanos y Centroamericanos (Cemca
)
Hablemos@elsalvador.com

El abrigo rocoso de la “Cueva de los fierros” (Cabañas).

A El 3 de septiembre, los arqueólogos
franceses Eric Gelliot, Philippe Costa
y Nadège Ramel, de la Asociación para
la Promoción de la Investigación Arqueológica
(AIPRA, por sus siglas en francés), entregaron
a la Casa de la Cultura de San Isidro (Cabañas)
rótulos para colocar en el sitio prehispánico
de la “Pintada de Titihuapa” y dar testimonio
de la importancia y fragilidad de los petrograbados,
que han sufrido grandes
depredaciones en los últimos años.

En 2004, Gelliot y Costa habían participado
en las investigaciones llevadas a cabo
en Titihuapa por la misión arqueológica
franco-salvadoreña, apoyada por el Departamento de Arqueología de Concultura, la Universidad Tecnológica de El Salvador, la
Casa de la Cultura de San Isidro y varias instituciones oficiales galas.

El 14 de septiembre, el estudiante en arqueología Ismael Crespín, de la Universidad
Tecnológica, presentó a la comunidad de San Isidro los rótulos y algunas importantes recomendaciones para la preservación de la Pintada, que debe ser considerada como una
verdadera joya del patrimonio cultural. El año entrante, el autor de esta nota, junto
con Gelliot, Costa, Ramel, Liuba Morán, de la Universidad Tecnológica, y más colegas
salvadoreños y franceses organizarán un nuevo proyecto arqueológico en el departamento
de Cabañas, el cual contaría con un apoyo de instituciones de Francia y El Salvador,
AIPRA y empresas.

Dicho proyecto se enfocará en el arte rupestre, un destacado aspecto del patrimonio
precolombino de El Salvador, como lo recalcó el arqueólogo Marlon Escamilla, del Departamento de Arqueología de Concultura, en el XX simposio de investigaciones arqueológicas en Guatemala, que tuvo lugar en julio pasado. En su labor de inventario de los lugares con “manifestaciones gráficas rupestres”, Escamilla ya tiene registrados unos 60 sitios.

Tenemos la impresión de estar frente a una verdadera “biblioteca” de piedra. No obstante,
pese a la presencia de motivos como el sol, huellas, criaturas fantásticas, hombres, animales y posibles plantas muy estilizadas, abundan los símbolos abstractos que hacen muy difícil la comprensión de los petrograbados.

Como dice el profesor Jean Clottes, del Ministerio de Cultura de Francia, reconocido especialista del arte rupestre a nivel mundial, la ausencia de una tradición ininterrumpida relacionada con el arte rupestre salvadoreño nos obliga a la mayor prudencia a la hora de
interpretar los misteriosos grabados.

Las investigaciones previstas para 2007 buscarán sobre todo (mediante excavaciones,
reconocimientos y análisis de carbón) una mejor comprensión del contexto cronológico y
cultural de los petroglifos de esta montañosa región de El Salvador. Más allá del registro y el trabajo de campo deseamos llevar a cabo un verdadero análisis de los vestigios y un estudio comparativo para abordar estos aspectos tan problemáticos cuando se trata de arte rupestre:la datación y la identidad cultural.

Nos damos cuenta de que varios sitios rupestres de El Salvador comparten un parecido
estilo de petrograbados: Titihuapa, la Cueva de los Fierros (Cabañas), San José Villanueva
(La Libertad), La Cuevona (Cuscatlán), etc. Incluso se notan semejanzas entre motivos figurativos de Titihuapa y las famosas pinturas del abrigo de Corinto (Morazán).

Las comparaciones nos llevan a Guatemala y a la parte sur de Honduras. ¿Comparten características comunes entre los otros tipos de vestigios? ¿Se podría inferir la existencia de una olvidada cultura arqueológica? Nuevas investigaciones contestarán estas preguntas..



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