9 de abrilde 2005

ENOLOGÍA
Turismo para los cinco sentidos

Es tiempo de vendimia en Chile. Con la llegada del otoño, los productores de un vino que goza
de cada vez mayor prestigio internacional inician la tradicional cosecha de la uva.

Silvia Ayuso
DPA

Hablemos@elsalvador.com

Viña emergente del Valle del Maipo. Con la llegada del otoño, los productores inician la cosecha de la uva.

En muchas partes del país, los viñedos ofrecen innovadoras ofertas turísticas que pasan desde aprender a elaborar el vino propio hasta una “experiencia onírica vinícola-submarina”.

Todo con un objetivo: que la temporada de vendimia se convierta también en una oportunidad de conocer mejor y disfrutar no sólo las distintas regiones de un país de espléndidos paisajes, sino todo lo que rodea al mundo del vino.

Hace años que los grandes viñedos organizan tours por sus campos y bodegas, con cata de sus diversos vinos incluida.

Roberto Muñoz, sin embargo, pretende dar un paso más. “Las bodegas hacen tours muy comerciales, te pasean y te venden su vino, pero no te educan ni te enseñan”, explica este ingeniero agrónomo enólogo.

“Siempre pensé que los chilenos somos muy ignorantes en el tema vinos, que es nuestro producto emblemático”, señala. Y de ahí su idea: después de trabajar 25 años en una bodega decidió crear la suya propia y “aprovechar la infraestructura para realizar una tarea educativa”.

Así nació en septiembre de 2005 el Paseo del Vino, un pequeño viñedo situado en pleno Valle del Maipo, muy cerca de Santiago, la región donde comenzó la centenaria tradición vinícola de Chile y que destaca sobre todo por la calidad de sus vinos tintos.

En sus visitas, de unas dos horas, Muñoz ofrece una explicación detallada y didáctica del proceso del vino.

“En las bodegas típicas nunca te meten en la viña, no va un enólogo contigo en el tour. Yo enseño cómo se hace una plantación, una viña, los injertos; tengo muestras para enseñarlo. En la bodega vemos la transformación de la uva en vino, todo el proceso”, relata este apasionado del mundo del vino.

La Fiesta de la Vendimia de Buin, en el Valle del Maipo, una gran celebración para niños y adultos.

Entre sus ofertas “educativas” brilla por sí mismo un curso especial: “Haga su propio vino”. “Se trata de que el cliente, de manera individual y según sus posibilidades, siga todo el proceso, desde la recogida de uva hasta que el vino llega a las barricas, participando intensamente en el proceso de manera guiada”, cuenta Muñoz.

Fiestas de la vendimia


Roberto Muñoz aprovecha celebraciones como la Fiesta de la Vendimia que Buin, también en el Valle del Maipo.
Y es que más que de una antigua tradición, las fiestas de la vendimia están surgiendo en todo Chile en los últimos años como una forma de atraer la atención sobre las distintas regiones vitivinícolas del país y las diversas ofertas turísticas en torno al néctar de Baco.

“Fuimos un ejemplo para muchas comunas”, afirma el alcalde de Buin, Angel Bozán. “Cuando empezamos no había más de cuatro fiestas de la vendimia y ahora hay más de 20”.

Siguiendo su ejemplo, Pirque también tuvo por segundo año su fiesta de la vendimia. Situado asimismo en el Valle del Maipo, la región se promociona como la “capital del vino” y en ella se asienta el viñedo de “Concha y Toro”, uno de los vinos con más tradición y proyección internacional de Chile.

Las fiestas de la vendimia son una oportunidad de darse a conocer para las viñas emergentes. Estos viñedos reúnen tres características: tienen poca superficie plantada (de 20 a 70 hectáreas), no tienen más de diez años y usan la más alta tecnología internacional, explica Armando Campo-Gautier, de Viña Cardonal, también en el Valle del Maipo.

Es precisamente una de estas viñas emergentes, la de Casanueva, en el sur de Chile, la que se lleva la palma a la hora de presentar una oferta original, aunque también bastante más exclusiva: un tour por las cavas submarinas donde reposan sus vinos, una técnica única en el mundo, y la posibilidad de recuperar un tesoro de botellas escondidas en cofres en el fondo del mar.

Una idea muy nueva, un “turismo boutique personalizado” que funciona desde el año pasado y de la que son “culpables” su joven gerente general, Patricio Casanueva, y sus dos mayores pasiones: el vino y el buceo.

Hacer reposar los vinos en el fondo del mar le da un toque final: “Los vinos se afinan en una guarda submarina. Es como una bodega natural donde el vino reposa en unas condiciones naturales, afinándose, y realza ciertas notas”.

El original proceso abre además una vía totalmente nueva para el turismo de bodegas: unos “tours submarinos” con los que se unen dos elementos que definen Chile: la tierra y el mar, señala Casanueva.



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