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15 de enero de
2005
Mujer ecologista de cepa montañosa
La galardonada campesina mexicana Celsa Valdovinos aseguró
a Tierramérica que seguirá defendiendo los bosques
del estado de Guerrero, aunque su vida esté en juego.
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| Celsa
Valdovinos, líder ecologista en el estado de Guerrero,
México. |
La campesina
mexicana Celsa Valdovinos, galardonada con el premio Chico
Mendes 2005, se fraguó como líder ecologista
en la pobreza, el analfabetismo y la violencia de su región
natal.
De la mano de Valdovinos, algunas comunidades rurales del
empobrecido estado sudoccidental de Guerrero recuperaron bosques,
consiguieron agua y desarrollaron huertos familiares, avances
pagados con acoso militar, desplazamiento forzado, amenazas
y el encarcelamiento de su esposo, también dirigente
ecologista.
La lentitud y dulzura con que las que habla Valdovinos, quien
nunca fue a la escuela, no parecen corresponderse con la imagen
de una recia dirigente.
Y aunque ella no se considera un personaje importante, entidades
ambientalistas y humanitarias la reconocen como poderoso motor
de la recuperación de los bosques, el cuidado del agua
y la organización de las campesinas, usualmente marginadas
por sus maridos.
Sabemos que no debemos nada a nadie, que no tenemos
por qué huir, pero aún hay gente muy enojada
(taladores de bosque) que hablan cosas graves de nosotros
(de ella y su esposo), dijo Valdovinos a Tierramérica,
entrevistada en la ciudad de Tlapa, Guerrero, a la que acudió
por una reunión con campesinos.
Me da tristeza que sigamos corriendo peligro. Nos pueden
matar, advirtió.
A sus 49 años, más de 20 dedicados al ambiente,
Valdovinos es la presidenta de la Organización de Mujeres
Ecologistas de la Sierra de Petatlán, una zona montañosa
de Guerrero donde su marido, Felipe Arreaga, y otros campesinos
sufrieron cárcel y persecución por su resistencia
a la destrucción de los bosques.
En esas sierras, más de cinco de cada 10 niños
sufren desnutrición severa, y el analfabetismo afecta
a 75 por ciento de la población. En 1998, Arreaga comandó
allí movilizaciones para frenar la tala indiscriminada.
Tras esa acción fue acusado de asesinar al hijo de
un talador y estuvo preso 10 meses en 2005, mientras sus compañeros
Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera pasaron dos años
(de 1999 a 2001) detenidos por cargos de uso de armas y siembra
de cultivos ilegales.
Los tres activistas de la Organización de Campesinos
Ecologistas de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán
fueron declarados presos de conciencia por entidades humanitarias.
Por su notable heroísmo ambiental, Montiel,
Cabrera y Arreaga recibieron de la organización ecologista
estadounidense Sierra Club el premio Chico Mendes (en memoria
del recolector de caucho, sindicalista y ambientalista brasileño
asesinado en 1988).
El galardón fue asimismo para Valdovinos y Alberto
Peñalosa, otro dirigente campesino.
Arreaga dejó la cárcel en septiembre de 2005,
tras ser declarado inocente por la justicia. Cabrera y Montiel
habían sido liberados en 2001 por pedido del presidente
Vicente Fox y tras presiones internacionales.
La tala de árboles es agresiva en las sierras de Guerrero,
donde bulle una peligrosa mezcla de presencia militar, grupos
guerrilleros, narcotraficantes y mafias madereras.
Imágenes satelitales muestran que en esas serranías
se perdieron, entre 1999 y 2000, unas 86 mil hectáreas
de las 226,203 que estaban cubiertas de bosques, según
Greenpeace.
No se bien qué haré ahora que Felipe salió
de la cárcel, y sigue el miedo de que atenten contra
nosotros. La Organización de Mujeres Ecologistas es
mi vida; si la abandono siento que moriré, expresó
Valdovinos.
A inicios de los años 80, la dirigente campesina empezó
a entender qué es eso de la ecología
trabajando como catequista católica.
El sacerdote nos decía no sean tontos,
que nos estaban dejando un desierto, pues los taladores se
llevaban toda la madera, relató.
Entonces vimos que se estaba terminando el agua. Primero
poníamos una manguera y bajaba agua del río
y la usábamos en la milpa (pequeño terreno).
Pero después, cuando tumbaron la madera, ya no bajaba
casi nada. Esa es una experiencia viva de lo que es la ecología,
explicó.
Valdovinos empezó a organizar a jóvenes y mujeres
sobre la defensa del ambiente y para realizar tareas de limpieza
de la basura que sus vecinos arrojaban en el campo. Por tales
actividades, parte de la comunidad nos decía
viejas metiches. Tuvimos muchos problemas y hasta luego no
nos querían.
A fines de los años 90, su marido huyó a zonas
aisladas de la montaña, mientras ella y su familia
(que se completa con dos hijas y un hijo), dejaron su pequeña
casa y se mudaron hacia una localidad en las costas del océano
Pacífico, en Guerrero.
En 1999, cuando la persecución cedió nos
juntamos otra vez, pero en El Zapotillal (un pequeño
poblado) y es allí donde aún vivimos,
explicó.
Allí, Valdovinos organizó a sus vecinas para
laborar huertos familiares, fundó la Organización
de Mujeres Ecologistas de la Sierra de Petatlán, consiguió
fondos del gobierno e internacionales y presionó a
las autoridades, con la comunidad, para obtener servicios
de electricidad y de agua.
Gracias a su esfuerzo y al de sus compañeras, en El
Zapotillal y alrededores se sembraron más de 170 mil
árboles entre 2003 y 2004, aumentó el flujo
de los arroyos y entonces la vida se hizo más llevadera.
Podríamos decir que seguimos siendo pobres, pero
ya no tanto, señaló.
El
autor es corresponsal de Inter Press Service (IPS)
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