12
de marzo de
2005
RELIGION
La fe que subió al volcán
Así
como los indígenas daban tributos a los volcanes
para calmar su furia; un grupo de católicos peregrinó
al
Chichontepec, en San Vicente, con la Virgen María
Auxiliadora, la que dejaron en la cima para que los proteja
de los terremotos.
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María
Inés Martínez viuda de Alvarado tiene ochenta
y tantos años de existencia; su edad exacta está
perdida en lo profundo de su mente. Resulta que ella caminó
durante dos horas con sus pies descalzos, venciendo el cansancio
y la rudeza de las veredas, hasta subir el imponente volcán
Chichontepec, en San Vicente, motivada nada más por
la fe a la Virgen María Auxiliadora.
Esta anciana es una de las 73 personas que el pasado sábado
4 realizaron el peregrinaje para dejar a la Virgen en la cima
del volcán, que tiene una altura de 2,181 metros sobre
el nivel del mar.
Es el segundo más grande del país, después
del Ilamatepec, ubicado en Santa Ana, y que alcanza los 2,365
metros.
En esta vez ella no comenzó a caminar desde las faldas
del Chichontepec, como lo ha hecho en otras ocasiones, por
ejemplo en diciembre, cuando busca musgo para venderlo para
adornar los pesebres. Ese día llegó casi a la
mitad del macizo gracias a que fue transportada en un camión
junto con los demás religiosos.
Eran dos vehículos que iniciaron el viaje desde el
barrio Concepción, una de las comunidades vicentinas
que está más cerca del volcán. El ascenso
en los vehículos inició aproximadamente a las
siete y treinta de la mañana, en un camino empedrado
y a veces empolvado que hacía saltar los cuerpos a
cada rato.
El primer punto de llegada fue la finca El Carmen, propiedad
del ex presidente Alfredo Cristiani. Ahí se quedaron
los camiones, esperando pacientemente el regreso de los caminantes.
Desde ahí comenzaría la ardua tarea de subir,
subir y subir hasta alcanzar los lejanos 2,181 metros.
A las 8:25 de la mañana iniciaba la caminata, en la
que participaron pequeñuelos que derrochan energía,
jóvenes entusiasmados, adultos y ancianos con mucha
fuerza de voluntad. Entre éstos estaba doña
María Inés Martínez.
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María
Martínez ya tenía dos años de no
subir a este volcán.
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Esta anciana
coqueta y con mucha vitalidad inició el ascenso como
el resto, pero como experimentada escaladora del volcán
lo hizo despacio, paso a paso, sin fatigarse y con un bolso
pesado en el que cargaba comida y agua que degustaría
en la cumbre.
Por su parte, la imagen de la Virgen María Auxiliadora
era cargada por Gloria Alvarado, quien es mayordoma del barrio
Concepción, para luego entregársela a otra persona,
y ésta se la dio a otra, y así varios llevaron
entre sus brazos el icono hasta la cima, pasando por calles
empedradas, inclinadas, veredas llenas de hojarasca y subidas
que parecían escalinatas de una pirámide. Algunos
espacios estaban bañados por el sol, y otros eran tan
oscuros por los ramajes que refrescaban los cuerpos.
Ella detuvo los temblores
Esta ocasión era la segunda vez que una imagen religiosa
subía a la cumbre. La primera fue en 1999, recuerda
María Concepción Monge, hermana de la congregación
Hijas del Divino Salvador, y quien dice ser la persona que
fue inspirada por María Auxiliadora para que llevaran
la imagen al volcán.
En San Vicente estaba temblando mucho, y nos hacían
ver que iba a suceder un terremoto bastante fuerte; entonces
pedí permiso a monseñor Óscar Barahona,
de la diócesis de San Vicente, para que me apoyaran
dos sacerdotes y subir la imagen al volcán. Cuando
íbamos por el camino se juntaron al final 24 personas,
casualidad porque el 24 de mayo es celebrado el día
de la Virgen María Auxiliadora, menciona Concepción
Monge.
La subida fue normal sigue relatando. Cuando
llegamos arriba se sentía una brisa fresca y llamamos
por teléfono a monseñor y a una radio de San
Vicente, para enlazarnos y rezar el Santo Rosario, para que
el Señor tuviera misericordia y evitar un fuerte terremoto.
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La
escultura de la Virgen quedó en una casita hecha
con lámina, viendo hacia la ciudad de San Vicente.
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Aunque
la imagen no evitó los sismos del año 2001,
la hermana Concepción Monge asegura que cuando
fue el terremoto del 13 de febrero, hay personas que dicen
que el volcán se abrió, pero que vieron que
una luz de arriba lo iluminó todo y lo volvió
a cerrar, un fenómeno que se le atribuye a la Virgen
María Auxiliadora y que a la vez evitó que sucedieran
cosas peores.
Tanto la imagen vieja como la nueva son procedentes de Guatemala;
ambas las trajo la hermana Concepción Monge.
Las dos fueron subidas devotamente por los feligreses, aunque
sólo una estará colocada en dirección
a la ciudad de San Vicente, que fuera fundada en 1635 por
más de 50 familias españolas.
A la cima se llegó dos horas después de caminar.
Poco a poco subían los devotos hasta la cumbre, donde
soldados de la Quinta Brigada de Infantería custodian
las antenas repetidoras y de transmisión que ahí
están.
Descansar y comer fue la rutina; para algunos era el desayuno
y para otros el almuerzo, que habían traído
en mochilas, bolsas o canastos.
El cansancio de la subida se dejaba expresar: Cuando
uno está cipote galán que se siente. Yo sentía
que rápido subía..., pero ahora..., dijo
una señora con sordera y que al hablar lo hacía
en voz fuerte, mientras un joven se queja: hasta la
espalda me duele al tiempo que se acuesta en el suelo.
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De
este volcán no hay registros históricos
de erupciones. Se toma como históricos los datos
a partir de la época
colonial.
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La Virgen
que sustituirían no estaba y nadie sabía el
paradero de la imagen, por lo que la viejita María
Inés Martínez viuda de Alvarado reclamó
a los soldados: ¿Y no dicen que cuidan? Entonces
no cuidan nada.
El momento más importante llegó con la oración
de un sacerdote, quien no pudo estar en la caminata, pero
que vía teléfono celular dio sus bendiciones
para esa actividad que terminaría con una brevísima
procesión, con la Virgen por delante, con cánticos:
Salve, salve cantaba María, que es más
pura....
Con dos bullistas cohetes de vara lanzados al aire, con vivas
para la Virgen, adornada con flores, así bonita con
el Santo Niño se quedó en la cumbre, sin saber
que la dejaban bajo la custodia de los soldados, sin ver que
la anciana María Inés bajaba poquito a poquito
para no caerse, en un acto de fe que a sus más de ochenta
años de edad simplemente es un milagro que suba al
segundo volcán más alto del país.
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Datos
del volcán
En
este volcán sucedió el primer accidente
de un avión comercial en el país,
el 9 de agosto de 1995. Era el Boeing 737, de la línea
aérea guatemalteca Aviateca. Murieron 65 personas.
Dos meses después del accidente, más
de 400 personas de los alrededores subieron para realizar
una misa y colocar una cruz de 12 metros hecha de
tubos de metal.
Este volcán posee dos cerros cubiertos de vegetación,
cuyos cráteres ya se deformaron.
Su única actividad son los infiernillos
(respiraderos del volcán) situados a una altura
de 840 metros en el borde oriental.
Existe una controversia con el nombre del volcán.
Según Orrego Candray, apasionado de la historia
y de la lengua nahuat: el nombre primitivo de este
macizo es Ishtagua, que significa Abundancia
de blanco o mucha claridad, y Chinchontepec
o Chichontepec (cerro de dos pezones o tetas), ya
que en el libro Toponimia autóctona de
El Salvador central, de Jorge Lardé y
Larín, menciona que el nombre Chinchontepec
fue un invento del coronel y licenciado Manuel Farfán.
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Devoción
a María Auxiliadora
Los
cristianos de la antigüedad en Grecia, Egipto,
Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas
acostumbraban llamar a la Santísima Virgen
con el nombre de Auxiliadora, que en su idioma, el
griego, se dice con la palabra Boetéia,
que significa La que trae auxilios venidos del
cielo.
En las iglesias de las naciones de Asia Menor la fiesta
de María Auxiliadora se celebra el 1 de octubre,
desde antes del año mil (en Europa y América
se celebra el 24 de mayo).
El Papa Pío VII y Napoleón Bonaparte
El emperador Napoleón, llevado por la ambición
y el orgullo, puso prisionero al Sumo Pontífice,
el Papa Pío VII. Varios años llevaba
en prisión el Vicario de Cristo y no se veían
esperanzas de obtener la libertad. El Sumo Pontífice
hizo entonces una promesa: Oh, Madre de Dios,
si me libras de esta indigna prisión te honraré
decretándote una nueva fiesta en la Iglesia
Católica. Y muy pronto vino lo inesperado.
Napoleón, que había dicho: Las
excomuniones del Papa no son capaces de quitar el
fusil de la mano de mis soldados, vio con desilusión
que, en los friísimos campos de Rusia, a donde
había ido a batallar, el frío helaba
las manos de sus soldados, y el fusil se les iba cayendo,
y él, que había ido deslumbrante, con
su famoso ejército, volvió humillado
con unos pocos y maltrechos hombres. Y al volver se
encontró con que sus adversarios le habían
preparado un fuerte ejército, el cual lo atacó
y le proporcionó total derrota. Fue luego expulsado
de su país y el que antes se atrevió
a aprisionar al Papa se vio obligado a pagar en triste
prisión el resto de su vida. El Papa pudo entonces
volver a su sede pontificia y el 24 de mayo de 1814
regresó triunfante a la ciudad de Roma. En
memoria de este noble favor de la Virgen María,
Pío VII decretó que en adelante cada
24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de María
Auxiliadora en acción de gracias a la madre
de Dios.(Fuente: www.churchforum.org/santoral/Mayo/2405.htm)
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