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12 de febrero de
2005
El Estado acampa como minero
Ante la expansión de la producción estatal minera
en Venezuela, firmas extranjeras consultadas por Tierramérica
reaccionaron con calma, no así grupos ambientalistas
locales.
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| Producción
de oro en una planta de la canadiense Crystallex, en Venezuela. |
El anuncio
de que el Estado venezolano expandirá su presencia
en el aprovechamiento de la riqueza minera del país
no incomodó a firmas extranjeras que confían
que sus contratos serán honrados, pero ecologistas
advirtieron sobre el impacto ambiental de la medida.
El gobierno tiene que recuperar las minas y no va a
permitir que permanezcan ociosas, dijo en enero el ministro
de Industrias Básicas y Minería, Víctor
Álvarez, quien también anunció que no
se darán más concesiones a consorcios nacionales
o extranjeros y que tanto las reservas como la producción
estatal se confiarán a una Empresa Nacional de Minería
(ENM).
Según la Cámara Minera, Venezuela produce anualmente
24 toneladas de oro cantidades no registradas son contrabandeadas
desde la minería ilegal, 370 mil kilates (unos
74 kilos) de diamantes, 20 millones de toneladas de hierro
y 5,9 millones de toneladas de bauxita, todas en la sudoriental
Guayana.
La región guayanesa es una importante productora de
oro y diamantes desde el siglo XIX. Sólo la mina Las
Cristinas, por la que pugnaron las firmas canadienses Crystallex,
Placer Dome y Vannessa, tiene reservas de 13 a 16 millones
de onzas en unos 460 millones de toneladas de arenas.
El país también produce, fuera de Guayana, ocho
millones de toneladas de carbón y 20 mil de níquel.
Álvarez anunció que la ENM absorberá
a la estatal Minerven, que produce ocho toneladas de oro al
año y tiene proyectos por 300 millones de dólares,
que se darán a conocer después que se discutan
con el presidente Hugo Chávez, dijo a Tierramérica
una fuente del despacho de Álvarez.
Consultados por Tierramérica, representantes de firmas
mineras canadienses, las más activas en el sector,
dijeron confiar que los recientes anuncios no afectarán
sus contratos.
No creo que eso (la nacionalización) sea bueno
para el negocio minero, dijo a Tierramérica el
canadiense Stanley Sandner, quien vivió 25 años
en Venezuela y preside la compañía Cadre Resources.
Sandner considera que la ocupación de minas ociosas
no tendrá mucho efecto sobre proyectos ya existentes
o los que están iniciándose.
Cadre Resources invirtió tres millones de dólares
en un proyecto para remover 160 millones de toneladas de roca
y tierra en el bajo río Caroní, en parte con
fines de recuperación ecológica y para extraer
oro y titanio de arenas residuales.
El Caroní, un río de 750 kilómetros que
desemboca en el Orinoco y tiene una cuenca de 95 mil kilómetros
cuadrados, es un portento hidroeléctrico, con un potencial
de generar 25 mil megavatios, la mitad de los cuales ya aprovechan
tres represas en su tramo bajo.
En ninguna parte se dijo que Venezuela no honrará
contratos con compañías internacionales de reputación
y experiencia, señaló a Tierramérica
Todd Bruce, director ejecutivo de Crystallex en Canadá.
La compañía confía en que su contrato
para desarrollar el proyecto Las Cristinas no será
impactado por los recientes anuncios del presidente Chávez.
Fuentes de la también canadiense Mena Resources y su
socia rusa Minería MS sostuvieron que confían
tanto en el respeto de sus títulos como en las bondades
de que el Estado venezolano se sumerja con ímpetu productivo
en el negocio minero.
Pero en el frente ambiental hay aprensión, según
María Eugenia Bustamante, de la organización
no gubernamental Asociación de Amigos de la Gran Sabana
(Amigransa), donde está el gigantesco parque nacional
Canaima, que abarca gran parte de la cuenca del río
Caroní y que contiene flora y fauna únicas.
Vimos con gran preocupación el incremento de
la actividad minera en el sudeste, tanto de mineros artesanales
que deforestan y contaminan como de compañías
de mayor envergadura, dijo Bustamante a Tierramérica.
Amigransa demanda que se revoque medio centenar de concesiones
en la cuenca del Caroní y que se concreten las ofertas
de reconversión de los mineros hacia otras actividades
productivas.
Pero aún si se despejase la cuenca del río Caroní,
al noreste de ésta, en Guayana, se encuentra la Sierra
de Imataca, un territorio de 38 mil kilómetros cuadrados
con 80 por ciento de bosques húmedos, pero con un cinturón
de rocas verdes que puede tener más de ocho mil toneladas
de oro.
Desde 2003 el gobierno ha previsto autorizar la explotación
minera en hasta 11 por ciento de ese territorio, y la colocación
de las reservas bajo el mando de la ENM presagia una nueva
confrontación con los ambientalistas.
Durante el Foro Social Mundial realizado en enero en Caracas,
dirigentes ambientalistas de varios países pidieron
al gobierno de Chávez reexaminar los megaplanes
para minas e hidrocarburos en solidaridad con una Venezuela
más sustentable.
Corresponsal de Inter Press Service (IPS). Con aporte de Stephen
Leahy, Canadá
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