12 de febrero de 2006

ACTUALIDAD
Dos creadores mágicos

Guillermo Martínez Canizales, originario de Guatemala, pero con ciudadanía salvadoreña, y el chileno radicado en El Salvador, Ignacio Basauri exponen individualmente sus obras ricas en color y simbolismos.

Orsy Campos
Fotos: Juan Carlos Quintero

Hablemos


Para ver la obra
Está en la Sala Nacional de Exposiciones, en el parque Cuscatlán, San Salvador. El horario es de martes a domingo, de 9:00 a. m. a 12:00 m. y de 2:00 a 5:00 p.m. Entrada gratis. Último día de exhibición: domingo 26 de febrero.


Ignacio Basauri y Guillermo Canizales son dos pintores dueños de un don especial para plasmar sus ideas, para mostrar sus propias formas de ver la vida, para transmitir una riqueza de colores e imágenes que llenan al espectador de positivismo.

Hablaremos primero de Canizales, un hombre que a sus 77 años desborda una energía juvenil, una vitalidad que también se imprime en sus cuadros, donde resalta la corriente del realismo mágico.

Mantiene en sus obras los trazos vernáculos, mientras que otras son producto de la experimentación. “Estoy trabajando el realismo mágico con lo abstracto, a ver qué sale”, menciona Canizales, con la convicción de que tiene que aportar algo más al mundo de las bellas artes.

La exposición de sus 40 cuadros ha sido titulada “Realismo mágico y II homenaje a Alfredo Espino”; son obras que recrean la realidad, como el cuadro “Las colinas”, en alusión a la colonia que fue soterrada en Santa Tecla para el terremoto de 2001. También hay cuadros cuyas imágenes han sido influenciadas por los poemas escritos por Alfredo Espino, donde se retrata las estampas campiranas y la belleza de la naturaleza.

Dueño de una rica imaginación, Guillermo Martínez Canizales es de aquellos pintores que plasman sus ideas con simbolismos.

Aunque su primera exposición fue en 1946, y luego vinieron otras en los años 70, es a partir de 1990 que comienza a mostrar sus obras en forma regular hasta la fecha.

Esa mayor dinámica de exhibición es el resultado de haber emigrado a Canadá, radicado en la ciudad de Toronto.

Ahí Canizales comienza a trabajar una pintura más nostálgica, donde evoca hastas los colores explosivos del trópico. Vivir en ese país le permite mostrar su arte al público norteamericano, acostumbrado más a los colores tristes y pálidos.

En la muestra que está en la Sala Nacional de Exposiciones, del parque Cuscatlán, se podrá admirar una fotografía de la obra “La última cena”, que por su tamaño (más de ocho metros de largo) podría llamarse mural, hecho para la iglesia San Juan Bautista, en Toronto.

Richard Greco, obispo auxiliar de la diócesis de Toronto, al develar la obra el 30 de octubre de 2004 dijo: “Desde aquí donde estoy en el altar mayor de esta iglesia, viendo el bello y actualizado mural ‘La última cena’, entre más lo miro más deseos me dan de continuar viéndolo, descubro los detalles que van surgiendo de esta mágica obra”.
En realidad es una obra imponente, rica en imágenes y detalles, y lo mejor de todo, con el sello personal de un creador que con sus manos hace de lo mágico un arte.

Pasatiempo que vale oro

Cuando Ignacio Basauri vino a El Salvador en 1997, nunca se imaginó que dejaría su natal Chile para radicarse en las tierras cuscatlecas, tampoco que aquí se casaría con una salvadoreña y que cambiaría su trabajo de mercadotecnia para dedicarse por completo a las bellas artes.

De hecho, los colores vivos y fuertes que se aprecian en sus pinturas son producto de la influencia cromática de trópico salvadoreño.

Su trabajo es sobrio en imágenes, cuidadoso en los detalles, con un hábil manejo de las formas, los pliegues, los claros y oscuros que demuestran la influencia de la pintura renancetista.

Su contacto con el arte lo inició cuando tenía apenas cinco años. El asma no le permitía salir a las frías calles de Santiago de Chile, por lo que pasaba todo el día recluido en su casa; fue entonces que para hacer menos tediosas las horas comenzó a dibujar y a copiar cualquier imagen.

Con el tiempo, su afición por el dibujo le permitió manejar una habilidad prodigiosa, porque ya no sólo copiaba caricaturas de historietas, sino que también reproducía las imágenes de los pintores del Renacimiento.
A los 19 estudió con el hiperrealista chileno Sergio Stichkin; posteriormente siguió pintando y estudiando ese arte por su cuenta.

Aunque su preparación profesional fue en diseño publicitario, la pintura siempre le acompañaba como pasatiempo; incluso en una ocasión hizo un cuadro con el que ganó un concurso de una viñeta para un licor.

“Fue ahí cuando me di cuenta que podía vender cuadros con éxito”, menciona Basauri. No obstante, sin tener conciencia sobre el valor de sus cuadros, los vendía a precios muy bajos, incluso hasta regalaba algunos, “y estaba superfeliz”, recuerda con cierta inocencia.

Por razones de trabajo Basauri arribó a El Salvador en 1996, y a dos semanas de irse conoció a Iris Machón, la mujer que le trastocó los planes, al grado de casarse. Ya establecido en el país buscó trabajo en el campo mercadotécnico, pero al poco tiempo enfermó. La recomendación del médico fue: descanso y que se entretuviera en algún pasatiempo.


Y el único entretenimiento que Basauri disfrutaba era pintar, por lo que decidió volver a sus dibujos. Empero, su esposa dudaba que pudiera dibujar, y fue un caballo hecho con lápiz lo que le permitió a ella descubrir el potencial que su esposo tiene.

Resumen de vida

Ignacio Basauri nació en Santiago de Chile en 1963.
Autodidacto, comenzó imitando toda la colección de arte del Renacimiento, desde los cinco hasta los 14 años.

Luego estudió pintura con el maestro Sergio Stichkin, en Santiago de Chile.

Estudió diseño publicitario en Chile y trabajó en el área gráfica donde se desempeñó como director de arte, ilustrador, dibujante e hizo caricaturas para varias revistas y periódicos.

Desde 1997 radica en El Salvador, donde comenzó a pintar y exponer en forma profesional.

Sus obras han sido expuestas en El Salvador, Estados Unidos, Costa Rica, México, Panamá, Guatemala, España, Holanda, Dinamarca, Chile, Canadá y Nicaragua.

Su vida

Guillermo Napoleón Martínez Canizales nació el 18 de abril de 1929 en ciudad de Guatemala. Tiempo después obtuvo la ciudadanía salvadoreña.

Actualmente reside en Toronto, en la provincia de Ontario, Canadá.
Estudió pintura, dibujo y diseño con el maestro Valero Lecha entre 1942 y 1947.

También estudió durante dos años decoración comercial, hogareña e industrial en el Universal Center, en Miami.
Su primera exposición se remonta a 1946, en el aniversario de la fundación de San Salvador.

Ha expuesto en El Salvador, Canadá, Estados Unidos y España. Sus obras están en colecciones privadas de Guatemala, Colombia, Estados Unidos, El Salvador, Panamá, Perú, Chile, Canadá y España.

 

 


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