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12
de febrero de
2006
LUGARES
Y CIUDADES
Estampas antiguas de Sonsonate
Recordar
cómo era La Ciudad de los Cocos hace 60
años hace que algunos ancianos recobren el brillo de
sus ojos.
El Sonsonate de hace seis décadas trae a la mente de
Fidel Trigueros, presidente del Instituto de Historia de esa
ciudad, el recuerdo de gente fiestera, alegre, religiosa y
hospitalaria.
Sin embargo, con el paso de los años muchas cosas cambiaron,
al igual que algunas costumbres que ahora los ancianos añoran,
ya que Sonsonate se distingue por ser un departamento con
muchas tradiciones.
Según Trigueros, antes en los barrios de la ciudad
se encontraban por las calles hombres descalzos que llegaban
de visita a la ciudad vestidos de saco y sombrero.
La gente del campo se vestía de cotón
y pantalón balum (con ruedo ancho que cubría
sus pies descalzos); las mujeres andaban con su refajo y camisas
de colores, añade don Reinaldo Juárez,
de 70 años, oriundo del lugar.
Entre las remembranzas de Trigueros destaca cómo la
iglesia del barrio El Ángel preparaba en Navidad a
muchos jóvenes para que salieran a cantar villancicos
por las calles.
Juárez, por su parte, explica que entre las pocas diversiones
de la época figuraba la presentación de películas
de vaqueros en el teatro Arce, donde las familias se reunían
todos los domingos para disfrutar de la velada.
Recordar cómo los partidos de fútbol se armaban
con pelotas de trapo sobre las calles empedradas es gratificante
para Trigueros, a quien, según relata, sus abuelos
también entretenían contándole historias.
Los paseos a las diferentes ciudades sin duda eran atractivos.
Por lo mismo para don Reinaldo Juárez, viajar desde
Izalco en tranvía o desde San Salvador en tren era
su mayor diversión.
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Peculiar
vestimenta. Las mujeres utilizaban refajo y
camisas de colores. |
Y es que
según Trigueros, la Ciudad de los cocos
fue un pueblo muy dado a la vida campestre, con muchas tradiciones
y bastante tranquilo, donde se conocían todos los vecinos
de los barrios y las colonias.
Costumbres en el olvido
El señor Juárez afirma que muchas costumbres
se han perdido con el paso de los años, como el caso
del barrio Veracruz que al ritmo del tambor indígena
celebraba la llegada del Niño Jesús, el uno
de diciembre.
Era muy conocido como el baile del garrobero. Los niños
daban con unos garrotes al tambor y de aquí salía
música de diversas formas, recuerda.
Las temporadas de los trompos, los yoyos, las chibolas
y las piscuchas también desaparecieron, al igual que
las reuniones de los amigos, agrega Juárez.
También rememora la labor de la iglesia que, bajo la
coordinación del sacerdote, preparaba a los jóvenes
en algunas asignaturas a fin de que pudieran optar por estudios
en Guatemala.
Entre tanto, Jacobo Brito, presidente de la Casa de la Cultura,
sostiene que las fiestas eran celebradas en el Pasaje Independencia
y tiempo después en el casino.
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| Tranquilidad.
Los habitantes caminaban sin temores por las calles empedradas. |
En
una época se dio una marcada diferenciación
social, a tal grado que las fiestas bailables eran por invitación.
Cada quien tenía su propio círculo, a veces
impenetrable, reitera.
Con el paso de los años, sin embargo, las celebraciones
se hicieron populares. Fue así que las fiestas del
casino se modificaron y luego se creó lo que ahora
conocemos como la verbena sonsonateca, manifiesta Brito.
Al recordar estas vivencias, algunos ancianos recobran el
brillo de sus ojos. Y es que al hacerlo parece que vuelven
aquellos maravillosos tiempos en que la felicidad se encontraba
en la sencilla vida que compartían en el pueblo.
Del
ayer
Hace 60
años, Sonsonate era un pueblo pequeño con pocos
habitantes, calles empedradas y con seis barrios.
En 1940 sólo seis carros transitaban por las tranquilas
calles de la ciudad.
* El tranvía de sangre, que era jalado
por cuatro mulas, desapareció en 1947.
Sonsonate se deriva del náhuatl Centzontliat
y significa muchos ríos o ríos
de mucha agua.
La ciudad de los cocos era en 1552 una villa llamada
del Espíritu Santo y estaba situada a orillas del río
Sensunapán, lugar de donde fue trasladada hacia la
villa de la Santísima Trinidad.
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