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TIERRAMÉRICA
11
de junio de
2005
Exportaciones de soja en la mira
de Greenpeace
El grupo responsabiliza a multinacionales por la deforestación
en la Amazonia. La construcción de nuevas carreteras,
como la BR-163, alentará más la tala para el
cultivo de la oleaginosa.
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Activistas
de Greenpeace bloquearon un puerto de embarque de soja
en la Amazonia.
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Financiado por corporaciones
estadounidenses de agronegocios, como Cargill, el cultivo
de soja es uno de los principales causantes de la deforestación
en la Amazonia brasileña, denuncian activistas del
grupo ambiental Greenpeace, que lidera una campaña
internacional contra la siembra de esta oleaginosa.
Éste y otros grupos ecologistas rechazan la construcción
de carreteras,
vías férreas y canales para transportar la soja
a puertos como Santarem, de Cargill, sobre el río Amazonas.
La polémica aumentó tras el anuncio gubernamental
el 5 de junio de que se pavimentará la carretera amazónica
BR-163 que unirá Santarem con el estado de Mato Grosso
a lo largo de 1,700 kilómetros, y dará salida
rápida a la producción de los cultivadores de
soja.
El Amazonas es una de las áreas más biodiversas
de la Tierra y la necesitamos para estabilizar el clima del
planeta, pero (Cargill) está destrozando la selva para
cultivar soja que alimente a los animales de granja europeos,
dijo Thomas Henningsen, coordinador de la campaña de
Greenpeace para el Amazonas.
Activistas de la organización clausuraron la principal
planta exportadora europea de soja de Cargill, en el Amazonas,
y bloquearon sus instalaciones en el Reino Unido y Francia
en protestas realizadas del 19 al 22 de mayo contra el rol
de la compañía, a la que responsabilizan por
la destrucción de 1,2 millones de hectáreas
de selva tropical para cultivar soja.
Buena parte de la financiación del cultivo de soja
procede de firmas comercializadoras fuera de Brasil. Cargill
y otros dos gigantes de los agronegocios, Archer Daniels Midland
(ADM) y Bunge, son responsables de 60 por ciento de las inversiones
financieras en la producción de soja allí, asegura
Greenpeace. Estas tres empresas controlan casi 80 por ciento
del procesamiento de soja de la Unión Europea.
Cargill también posee la avícola Sun Valley
en Francia, que suministra millones de pollos a supermercados
y restaurantes de comida rápida de toda Europa, que
son alimentados con base en soja cultivada ilegalmente en
la región amazónica, según Greenpeace.
El grupo denuncia además que varios de los grandes
establecimientos que proveen de soja a Cargill están
vinculados al uso de mano de obra esclavizada, apropiación
ilegal de tierras y deforestación masiva.
Brasil es el segundo mayor productor de soja, detrás
de Estados Unidos, suministrando más de 30 por ciento
de los cultivos mundiales.
Cargill reconoce la importancia del Amazonas, pero rechaza
la demanda de Greenpeace de prohibir la agricultura comercial
en la región, explicó a Tierramérica
Afonso Champi, director de relaciones públicas de la
firma en la sudoriental ciudad brasileña de Sao Paulo.
Con sede en el estado estadounidense de Minnesota, Cargill
es una de las mayores empresas privadas del mundo. El año
pasado facturó 71 mil millones de dólares. Comenzando
con el próximo cultivo, solamente compraremos soja
a los productores que cumplen con el Código Forestal
de Brasil, aseguró Champi. Bajo ese código,
80 por ciento de la selva debe mantenerse.
Cargill se alió con la no gubernamental Nature Conservancy,
que ayuda a los propietarios de tierras a cumplir con esa
norma, dijo.
Brasil tiene buenas leyes ambientales, pero las aplica
muy pobremente, señaló a Tierramérica
Bill Laurance, ecologista del Instituto Smithsonian de Investigaciones
Tropicales, en Balboa, Panamá.
La deforestación fue la peor de los últimos
años, con una reducción anual de entre dos y
2,4 millones de hectáreas, dijo Laurance. Más
grande que Europa, la selva amazónica alberga a casi
10 por ciento de los mamíferos del mundo y a 15 por
ciento de las especies vegetales terrestres conocidas. Una
sola hectárea puede contener 300 especies de árboles.
Brasil es el cuarto mayor emisor de gases de efecto invernadero,
causantes del recalentamiento planetario, principalmente por
la deforestación amazónica, según Greenpeace.
Los expertos coinciden en responsabilizar al cultivo de soja.
La soja se cultiva principalmente en las praderas de la región
y en ex establecimientos ganaderos, afirmó Laurance.
Tras vender su tierra, los productores a menudo pasan a deforestar
nuevas áreas para continuar criando ganado.
Con el anuncio de construcción de nuevas carreteras,
enormes franjas de selva serán despejadas
Es casi una invitación a la tala y la especulación,
advirtió. Pero el gobierno del presidente Luis Inácio
Lula da Silva aseguró que la pavimentación de
la carretera amazónica no provocará deforestación,
ya que cuenta con un plan de sustentabilidad que garantizará
todos los controles ambientales.
Según Adalberto Veríssimo, investigador del
Instituto del Hombre y Ambiente de Amazonia, la llamada carretera
verde, que se completará en un lapso de dos a
tres años a un costo de 450 millones de dólares,
depende del éxito en fomentar una economía
de los bosques en pie obteniendo apoyo de buena parte
del mercado.
Es imposible mantener el control sólo por inspección
gubernamental, señaló.
Colaborador de Tierramérica. Con aporte de Mario Osava
(Brasil)
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