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11
de junio de 2006
ACTUALIDAD
Estudiar contra el viento y marea
La
Red de apoyo a la niñez y juventud de Mejicanos
impulsa el proyecto de educación a distancia en la
Zacamil, donde los estudiantes buscan un oasis de conocimiento
frente a las pocas oportunidades que tienen debido a sus trabajos,
o por el riesgo social de las pandillas.
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| Como
cualquier niño de su edad, Brandon es un pequeño
que le gusta jugar y disfrutar en su tiempo libre. |
M i nombre de calle es Kelaluna, dice Ángela
Emérita Acevedo Luna, una joven de 26 años que
aunque nunca ha sido pandillera, sí sentía atracción
por ese estilo de vida, hasta que vio cuando balearon a su
hermano en una pelea entre clicas, lo que le hizo
cambiar de rumbo, y prefirió dedicar su tiempo al trabajo
y luego al estudio, al grado de que en la actualidad cursa
su primer ciclo en la carrera de sociología, en la
Universidad de El Salvador.
Aunque el joven no murió, porque fue llevado a tiempo
al hospital. Ese hecho le impactó tanto que reflexionó:
Esto no es adecuado para mi vida.
A diferencia de otros que buscan venganzas en un círculo
de violencia difícil de romper, ella dejó de
reunirse con la mara, pero comenzó a divagar con otras
personas, que aunque no eran pandilleros sí eran vagos,
y con ellos con quienes aprendió a consumir marihuana
y probar cocaína.
Kelaluna es una muchacha carismática y
mirada desafiante. Proviene de una familia desintegrada. Es
la menor de dos hermanos. Con su padre nunca ha vivido. Nunca
se hizo cargo de mí, menciona con naturalidad,
y por motivos de la guerra y la pobreza su madre tuvo que
emigrar.
Creció con su abuela, tíos y tías, además
de sus hermanos. No obstante, la individualidad en su familia
y la violencia intrafamiliar que ahí existía
la motivaban a preferir la calle, y esa libertad sin responsabilidad
la condujo a relacionarse con grupos de riesgo social.
Estudió con la ayuda de su madre hasta séptimo
grado, luego les cortó la ayuda, al considerar la señora
que ya eran grandes y que ya no la necesitaban; después
la escuela la apoyó para que terminara el noveno grado.
Pero por razones económicas ya no continuó el
bachillerato. En el trabajo generalmente te exigen todo
el día que trabajés, por eso dejé de
estudiar, afirma Ángela. Es así como laboró
de sirvienta, de cuidar niños, de dependienta de mostrador,
vendiendo cereales..., de todo un poco, dice ella
con una risa contagiosa.
Sueño hecho realidad
Yo siempre quise estudiar, pero siempre se presentaba
una cosa y después otra, y no podía ingresar
a una escuela formal porque ya tenía 23 años,
y si estudiaba tenía que dejar de trabajar, menciona
Ángela.
No obstante, la oportunidad de continuar sus estudios de bachillerato
llegó en el 2003, al enterarse que la Red de
apoyo a la niñez y juventud de Mejicanos impulsaría
el proyecto de educación a distancia en la Escuela
Fe y Alegría de la Zacamil.
Fue difícil, no por los contenidos, sino porque
yo había dejado de estudiar tantos años ...
y te frustra porque ya sos un adulto, tenés tus problemas:
familiares, individuales, de trabajo, y tenés que estudiar,
y que a veces salís mal en las materias...
Pero lo bueno es que a mí, a todos nosotros, nos dieron
un acompañamiento, y eso fue fundamental. Estaban pendientes
de nosotros, nos iban a buscar a la casa, nos trataban como
guías; que nos entendían, si salíamos
mal; nos volvían a hacer las pruebas, nos explicaban,
menciona.
Ella fue una de los 20 estudiantes que se inscribieron para
estudiar bachillerato, y fue una de las seis que se graduó.
Los promedios de nota de Ángela fueron de 9 y 10, y
en la Prueba de Aprendizaje y Aptitudes para los Egresados
de Educación Media (Paes) sacó la nota de 7,
según Verónica de los Ángeles Jiménez
de Mejía, coordinadora del Proyecto Educación
a Distancia.
El siguiente logro de Ángela ha sido ingresar a la
Universidad de El Salvador, donde estudia la licenciatura
en Sociología. Notablemente emocionada asegura que
ahora es la mujer más feliz del mundo.
No podía creer que yo estaba entrando al portón,
no sólo para visitar a la U, sino para venir a estudiar.
Para mí es una gran felicidad. Soy tan feliz que no
te lo puedo explicar... Escogí sociología para
estudiar este tipo de fenómenos (el de las maras) y
dar mi aporte para transformar la sociedad, para el desarrollo
de mi país, asegura Ángela.
Consciente de que la educación es uno de los caminos
para dejar de lado la pobreza, ahora es ella es la que ayuda
a otros jóvenes en riesgo social para que continúen
sus estudios, aprovechando la educación a distancia.
Me toca hacerlo a mí ahora, andarlos jalando,
asegura Kelaluna. Ahora tiene la convicción
de apoyar a otros, con la seguridad de que así como
ella ha logrado triunfar, otros también pueden.
Educación
versus violencia
En
el año 2002, estudiantes de la Universidad de El Salvador
(UES), que realizaban su servicio social, señalaron
la necesidad de dar atención educativa a personas que
se ven afectadas por la delincuencia, por las maras, o que
por razones de trabajo o económicas no seguían
sus estudios en un sistema regular.
Con esta visión nace en la Escuela Fe y Alegría
el Programa de Educación a Distancia, en coordinación
con la Red Local de Apoyo a la niñez y Juventud
de Mejicanos, integrada por el Centro de formación
para todos Fe y Alegría Zacamil, Proyección
Social de la UES, los juzgados Primero de Menores de San Salvador
y Primero de Ejecución de Medidas de San Salvador,
la Unidad de Salud de Mejicanos, Sibasi centro, la Oficina
de Justicia Juvenil de la Corte Suprema de Justicia y la Policía
Nacional Civil, con la colaboración del Ministerio
de Educación.
En el 2005 se gradúa la primera promoción de
bachilleres, y en la actualidad dan desde séptimo hasta
tercer año de bachillerato, con 60 estudiantes, de
los cuales el 20 por ciento está en riesgo social,
menciona Verónica de los Ángeles Jiménez,
coordinadora del proyecto.
Algunas de las personas a quienes se les brinda el programa
tienen problemas con las drogas, son rebeldes en sus casas,
son inestables en sus estudios, han perdido aspiraciones de
superación, tienen pocas perspectivas de estudiar;
otros tienen conflictos con la ley, menciona la promotora
social Videla Funes Solano, delegada de Proyección
Social de la UES en la Red y coordinadora de ésta.
Pero también están los que por razones de trabajo
o por atender la familia no pueden seguir sus estudios. Para
ellos la educación a distancia ha sido un oasis de
conocimiento en el desierto de la ignorancia.
Son 16 tutores universitarios quienes atienden a los estudiantes,
y cuando algún alumno falta a clases lo van a buscar
a sus casas, a la calle o donde se reúnen para incentivarlos
a que regresen a las aulas. Una actitud recompensada cuando
algún alumno destaca y continúa estudiando como
el caso de Ángela Emérita Acevedo Luna.
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