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9
de abril de 2006
LIBROS
Una novela
sorprendente
Realmente en el país hay valores desconocidos en el
campo del arte: en la pintura, en la música, en el
deporte, en las matemáticas, en la literatura, etc.
Son valores de gran talento que, generalmente, pasan inadvertidos
ante la generalidad, porque son modestos, porque son personas
ajenas a la pompa, porque son intelectuales entregados a su
obra sin esperar el elogio ni la vanidad, porque son genuinos
artistas que en realidad entregan a la sociedad auténticas
joyas inapreciables que vienen a enriquecer la cultura de
los pueblos. Son intelectuales que honran a la patria con
sus obras de gran calidad cultural.
Estos valores desconocidos son como los humildes lirios que
en la oquedad de la montaña exhalan su perfume y su
belleza tras el silencio sempiterno de la flora que es hermosura
incomparable. Son como luz de luna llena cuyo bellísimo
esplendor no advierte el caminante en una noche quieta y apacible.
Así son estos valores desconocidos: apacibles, quietos,
humildes, sencillos, abstraídos, a veces melancólicos
y otras veces introvertidos, ajenos a la algarabía
y a la falsedad del mundo con sus escenas placenteras y falaces.
Y entre estos valores desconocidos se puede mencionar con
toda propiedad al joven escritor Roberto Quezada, un artista
de la narrativa que maneja esta rama de la literatura con
extraordinaria facilidad y con admirable capacidad imaginativa.
Roberto demuestra este gran talento que en su novela El
Leoncavallo (...del amor trunco), premiada con el galardón
de primer lugar en los Juegos Florales de San Salvador, en
el año 2000, calzada con el pseudónimo de Fausto
Tinelli, y comentada respetuosamente por reconocidos escritores
extranjeros de gran valía literaria.
La obra es de carácter histórico, y el Jurado
la galardonó por su calidad narrativa, su buen
manejo de la intriga, el suspenso, el humor y el tratamiento
de las acciones y personajes, así como por su manera
desenfrenada de universalizar lo nacional salvadoreño
frente a otras culturas....
De verdad que es una novela sorprendente, porque sorprende
en su narrativa, en su historicidad, en su excelente escritura,
en su coherencia, en el uso real del lenguaje lengua
de nuestro pueblo, en la forma como describe lugares
y situaciones hasta la manera de generalizar lo propio del
salvadoreño con otras culturas lejanas.
La doctora Sheila Candelario, de Setauket, Nueva York, Estados
Unidos, se expresa así de la novela: ... No sólo
trabaja los niveles psíquicos y emocionales de la guerra
desde el exilio, sino que destapa la caja de Pandora desde
varios ángulos: veracidad histórica, silencios
y vacíos en la historia documentada también
hablan, es la escritura, no la historia la que
devela el pasado... Es un texto bien logrado, que deja una
huella histórica sobre múltiples niveles literarios.
Y el doctor Alberto Hijar, de Tlapan, México, D.F.,
crítico de arte, filósofo y catedrático
dice que El Leoncavallo es fundamental, no sólo
como recuento de los daños de una guerra popular, sino
como su prolongación como vida cotidiana de tantos
y tantas vidas determinadas por ella. La trama de esta novela
requiere del español, del italiano, de los modismos
guanacos, hasta construir un discurso complejo
donde los gestos, usos y costumbres también cuentan.
Y nosotros los salvadoreños decimos, emocionados, que
Leoncavallo es una interesante novela histórica
que universaliza nuestra idiosincrasia frente a otras culturas.
Es una obra que le proyecta valor a nuestra patria, que culturiza
a la nación, que refleja lo salvadoreño interiorizándolo
con ingenio literario a otras latitudes a través de
la esplendente pluma de un escritor joven, promesa de la literatura
nacional. Es una novela que debe ser leída por todo
amante del arte de la literatura. ¡Sí, señor!
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