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8 de enero de
2005
Guacamayo azul se salva en el Pantanal
Tierramérica visitó los nidos del guacamayo
azul en las entrañas del Pantanal brasileño.
Un exitoso proyecto quintuplicó la población
de esta ave amenazada en una década.
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| Neiva
Guedes, quien trabaja en la conservación del guacamayo
azul en Brasil. |
La bióloga
Neiva Guedes se enamoró de los guacamayos azules cuando
los vio por primera vez en 1989 posados en un árbol
del meridional Pantanal brasileño. Hoy su labor de
conservación empieza a cosechar victorias.
Aquella fue una visión de mucha belleza,
relata a Tierramérica Guedes, quien dedicó los
últimos 16 años a salvar la especie amenazada.
En 1990 se contaban en la zona unos 1,500 ejemplares de Anodorynchus
hyacinthinus, y ahora la población llega a 5,500, gracias
a Guedes y su equipo de colaboradores, que buscan a diario
nidos y vestigios del arará azul, como se lo conoce
aquí, en las entrañas del Pantanal, en el estado
sudoccidental de Mato Grosso do Sul.
Con 250 mil kilómetros cuadrados, el Pantanal alberga
varias cuencas hidrográficas y es considerado un verdadero
santuario ecológico.
Estamos revisando más de 500 nidos, con una relación
muy cercana a los hacendados y a los peones que trabajan en
las haciendas, cuenta Guedes, galardonada con la Orden
del Arca Dorada de Holanda por su trabajo de conservación.
Los pantaneiros, quienes viven o trabajan en el
Pantanal, son los mejores aliados de la preservación
del guacamayo, una de las especies más amenazadas del
planeta.
Miles de ejemplares han sido identificados con un chip subcutáneo
por Guedes y su equipo, que obtienen así información
valiosa sobre la especie y mecanismos para preservarla.
También hay poblaciones de guacamayo en la noroccidental
Amazonia y en los estados de Piauí, Tocantins y Bahía,
noreste del país.
Pero sólo en el Pantanal el trabajo de preservación
está organizado a través del Proyecto Arará
Azul, con apoyo de la Universidad para el Desarrollo del Estado
y de la Región del Pantanal, que contrató a
Guedes como investigadora y a su principal asistente, el ex
militar Cezar Correa.
En otras zonas, la situación es más grave, según
Guedes. En la Amazonia, el guacamayo es una de las principales
presas de cazadores, traficantes de animales e indígenas
en busca de plumas para sus artesanías.
El tráfico de animales es un enemigo mayor de esta
ave majestuosa, que se destaca por ser la mayor de su tipo
en el mundo, con un largo de un metro desde el extremo del
pico a la cola, y un peso de 1,3 kilogramos.
Un ejemplar sano puede venderse en Europa por 10 mil euros
(unos $14,124). Pero la llegada de un individuo sano y salvo
implica la muerte de decenas por el camino, pues la captura,
en los nidos, es de crías muy pequeñas o inclusive
de huevos.
Esta especialización de hábitat (sólo
anidan en árboles de manduvi) es otro problema para
la preservación de la especie, comenta Correa, quien
visita unos 10 nidos por día. Para que un manduvi esté
en condiciones de albergar un nido debe tener casi 100 años.
Antes de esto, la madera es muy dura y a veces (las
aves) no consiguen hacer un hoyo para anidar, describe.
Los árboles utilizados hoy por los guacamayos nacieron
a fines del siglo XIX e inicios del XX. Cualquier proyecto
para ampliar la oferta de sitios de anidación debe
ser hecho pensando en la próxima centuria, indica Correa.
La deforestación representa una grave amenaza para
el guacamayo y centenas de especies del Pantanal, uno de los
ecosistemas más frágiles de Brasil. Son miles
de hectáreas de tierra inundada, cuya flora ha sido
devastada y no tiene capacidad de suplir a la fauna local
con frutos y abrigo.
Según un reporte del 5 de enero la no gubernamental
Conservation International, el pastoreo y la siembra de soja
han destruido 17 por ciento de la cobertura original del Pantanal.
Para paliar el déficit de árboles, el Proyecto
Arará Azul trabaja en la creación de nidos artificiales.
Después de varios experimentos, Guedes y su equipo
lograron crear cajas de madera que deben ser colocadas entre
las ramas del manduvi, para asemejar los hoyos naturales del
tronco, con buenos resultados.
El proyecto cuenta con el apoyo del Fondo Mundial para la
Naturaleza (WWF), y empresas y fundaciones privadas, entre
ellas Toyota, Telecom Brasil, Hyacinth Macaw Fund y Smart
Family Foundation.
El autor es director de la Agencia Envolverde, de Brasil
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