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8
de enero de 2006
Medio
ambiente
Más tormentas en C.A. en el 2006
No
espere que El Salvador tendrá un respiro el próximo
invierno. Un equipo de expertos sobre pronósticos tropicales
de la Universidad estatal de Colorado considera que la temporada
de huracanes de 2006 será muy activa.
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| La
madre Tierra está mirándote, dice
una pancarta colocada frente al Palacio del Congreso,
en Montreal. |
El sol
suele aparecer a las ocho y media de la mañana en Montreal,
durante el invierno canadiense, tímido, inofensivo;
luce como una especie de foco pálido que asoma detrás
del cielo gris y enorme que envuelve a quienes viven en esta
ciudad francófona y que combina el estilo cosmopolita
de Nueva York con el espíritu francés de quienes
colonizaron estas tierras frías en el siglo XVII.
Este lugar gélido, donde el termómetro marcó
15 grados centígrados bajo cero, fue el escenario acalorado
de la última Cumbre del Cambio Climático que
organizó Naciones Unidas en diciembre y en la que participó
El Salvador a través de su Ministerio de Medio Ambiente.
La viceministra Michelle Gallardo tuvo tres minutos para demandar
la atención de los países industrializados que
resisten adoptar una nueva política de desarrollo industrial
y ambiental para controlar el cambio del clima.
Gallardo habló de logros y objetivos de nuestro
país en medio ambiente, pero, al cierre de su discurso
dejó claro que después de la última temporada
de huracanes en el Caribe, El Salvador es un territorio vulnerable
que precisa la atención técnica internacional.
En El Salvador se agudiza la problemática del
cambio climático por sus mismas condiciones geográficas,
dijo Gallardo durante la ronda de alto nivel de la Convención
Marco de Naciones Unidas (COP11).
Hasta antes de la reunión de Montreal, el fenómeno
del cambio climático parecía un tema que concernía
a los países industrializados; sin embargo, después
del desastre causado por el huracán Katrina, la tormenta
Stan y el tsunami en Asia, los gobiernos del área entienden
mejor la relación de nuestros territorios con ese juego
de dos palabras: cambio climático.
¿Qué es el cambio?
El efecto invernadero es originado desde hace años
por la emisión de gases derivados de la quema de combustibles
fósiles. En principio, en lugares como El Salvador,
la contaminación sólo fue asociada al aumento
de enfermedades por vías respiratorias.
Ahora, después de huracanes como Mitch y la tormenta
tropical Stan, el escenario es distinto.
Luego de los llamados insistentes de la comunidad científica
fue que surgió un espíritu ecologista que desembocó
en el acuerdo mundial más importante del siglo XX,
el Protocolo de Kyoto, mediante el cual las potencias económicas
reconocían el calentamiento de la tierra como un problema
real que pone en riesgo el futuro de la humanidad.
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| Imagen
del barco explorador canadiense Amundsen en el Polo Norte. |
Durante
la administración del ex presidente Bill Clinton nació
la esperanza porque Estados Unidos es el mayor emisor de gas
carbónico (CO2), pero el gobierno de George W. Bush
desistió y no ratificó el convenio de su predecesor.
Desde entonces, la Conferencia de Naciones Unidas sobre el
Clima, junto a Japón y la Unión Europea, ha
luchado para atraer al resto del mundo a una posición
común que reconozca la ejecución de nuevas medidas
para contener el fenómeno del cambio climático.
Así, cualquier esfuerzo amortigua un problema que ha
empezado a tomar forma con el aumento de la fuerza de los
huracanes en el Caribe y el derretimiento de los glaciares
polares y continentales, en los Alpes, los Andes y los Himalayas.
Y, en Centroamérica, de acuerdo con las pesquisas del
Proyecto de Meteorología de la Universidad de Colorado,
calculan la formación de al menos 17 tormentas
tropicales en el margen de junio a noviembre de 2006. Nadie
descarta que la región vuelva a estar tan agitada como
lo fue 2005, cuando sufrimos el paso de 26 depresiones, incluyendo
los huracanes Katrina, Dennis, Wilma y Rita.
La clave de la Cumbre
Montreal es importante por cuanto fue la primera sesión
después de la entrada en vigor del Protocolo, en febrero
del año pasado, y sobre todo porque en la reunión
precedente llevada a cabo en la ciudad de Buenos Aires
en diciembre de 2004, Estados Unidos rechazó
cualquier iniciativa que le implicara obligaciones para modificar
la política energética e industrial actual,
que gira alrededor del petróleo.
Por eso es difícil lograr un acuerdo, ya que en el
trasfondo están los intereses de las empresas transnacionales
que ven con alarma la sustitución de los combustibles
actuales por energías renovables como los molinos de
viento, los paneles solares y la energía hecha de la
basura procesada.
En el encuentro de Montreal, sin embargo, el presidente de
la Conferencia y Ministro de Medio Ambiente de Canadá,
Stéphane Dion, consiguió demostrar que el crecimiento
económico es compatible con la reducción de
gases si existe voluntad política de todas las partes.
En la conferencia, una resistencia sorpresiva de Rusia pareció
que iba a echar al traste todo, pero al final pudo más
el bloque hecho por la Unión Europea (UE), Japón,
el Reino Unido y las nuevas grandes potencias económicas
(Brasil, China e India).
Tras un prolongado epílogo en la última madrugada,
junto a los países en vías de desarrollo, persuadieron
al delegado de Moscú. El resultado fue un hecho sin
precedentes, ya que Estados Unidos quedó arrinconado.
La delegación norteamericana siempre participa en las
rondas de alto nivel de la Convención Marco de Naciones
Unidas, denominada COP11, como observador a través
de su ministerio de Medio Ambiente. Pero ahora Washington
tuvo que ceder a una posición más consecuente.
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| El
deshielo de los polos es el principal signo del calentamiento
de la tierra como resultado del efecto invernadero. |
De un
modo u otro, la administración Bush aceptó un
acuerdo de mínimos en Montreal, el cual se concentra
en seguir discutiendo de cara al vencimiento del Protocolo
de Kyoto, previsto en el año 2012. En ese plazo, los
países firmantes deberán confrontar los hechos
con las promesas que hicieron en los quinquenios pasados.
Mecanismo de Kyoto
En esencia, el Protocolo establece normas para controlar la
emisión de CO2 entre los países pequeños
y los chicos. El Protocolo de Kyoto definió el concepto
Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL) por medio del cual los
gobiernos e industrias del globo puedan planificar su futuro.
Así nació un mercado de CO2 donde unos y otros
transan derechos de emisión de gases contaminantes
en función de mantener un equilibrio a largo plazo
para que la humanidad no corra peligro. Suena catastrófico,
pero no es un argumento cinematográfico y, de hecho,
Centroamérica lo ha vivido en carne propia a costa
de la vida de cientos.
El riesgo es una realidad en aquellas regiones vulnerables
del mundo subdesarrollado. Pero la variable más reciente
es el impacto que produjo el huracán Katrina en el
país más rico del continente americano.
A través de los MDL, aquéllos que emiten menos
CO2 pueden obtener descuentos que se traducen en el financiamiento
de proyectos ambientales. Esa es la ventaja que obtienen países
pequeños como El Salvador al participar en las Conferencias
de Cambio Climático, sobre todo después que
los desastres también han revelado nuestro nivel de
vulnerabilidad.
Conclusión
sorpresa
Después
de dos semanas de reuniones en las que participaron alcaldes,
ministros de Medio Ambiente y, finalmente, el ex presidente
Bill Clinton, la Cumbre de Montreal pudo catalogarse exitosa
por cuanto en la recta final salvó las diferencias
que Estados Unidos tiene con el resto del mundo.
La declaración final tuvo el peso de la UE, el
Reino Unido, Japón, Rusia, los países en
desarrollo, y las economías nacientes de India,
Brasil y China.
Al final, Estados Unidos se sumó al acuerdo de
mínimos, el cual no le obliga a nada por ahora;
pero, al menos, garantiza que participará de una
manera más activa en las próximas reuniones
que la ONU organizará sobre el efecto invernadero.
En principio, algunos representantes fueron optimistas
porque pensaron que Estados Unidos vendría a la
Cumbre con una posición más abierta, ya
que el paso del huracán Katrina demostró
que las grandes potencias también son frágiles
al cambio climático.
Por ahora, los debates que acontecieron en Montreal hicieron
algo más que bullir el ambiente polar de la ciudad;
dieron un aliento cálido para quienes piensan que
las nuevas generaciones tienen derecho a gozar un planeta
estable y mejor. |
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