8
de enero de
2005
Plástica
Vívido como los tonos de sus lienzos
Se
le hace imposible hablar solo de la gama de colores en sus
lienzos, de sus mujeres heroínas. Más que
eso cree que el arte es una necesidad, y quienes lo practican
no deben ser las cenicientas de un país.
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Dos años habían pasado ya desde que Miguel Ángel
Polanco, pintor consagrado de Tonacatepeque, en San Salvador,
volvió a descorrer su esencia pictórica.
Fue en Suchitoto, en un homenaje al cineasta Alejandro Coto.
Después Miguel Ángel, de 64 años, pareció
escapar, perderse de las exhibiciones públicas, de
la farándula, como él le llama.
A inicios de diciembre de 2005 volvió a sorprender
su esencia pictórica. Con sus mujeres vendedoras de
rasgos mestizos, con sus paisajes rurales y pueblerinos, con
la sorprendente iluminación que dan los colores, temática
de fondo en sus lienzos.
Durante la inauguración de esa exposición organizada
con el apoyo de la embajada canadiense y el Scotiabank, él
demostró que sigue creando las 24 horas del día.
Si no pinto con la mano lo hago con la mente,
subraya, con sed de hablar de arte.
Mi obra, íntimamente ligada al hombre. Rescato
lo cotidiano, la idiosincrasia de nuestro pueblo, cuenta.
A él le gusta jugar con la forma, el movimiento y el
contraste claro-oscuro.
Así son los lienzos resguardados en su estudio, un
santuario de artista plástico donde se respira el óleo,
se descubre una maraña de trazos y una combinación
de colores hechas sobre las paletas, quizás durante
sus inspiraciones de corrido, a veces de noche.
Aunque para los detalles prefiere el día, En
la noche engañan los colores, subraya. Y la luz
es aliada de los pintores, por eso a su estudio la deja entrar
a través de un enorme ventanal de dos hojas, casi sustituyendo
una de las cuatro paredes.
Allí, paleta y pincel en mano, vistiendo una gabacha
salpicada de pintura y una boina sobre su cabeza, él
goza del regreso a su natal Tonacatepeque. Desde los inicios
del conflicto armado en el país él partió,
junto a su esposa Alba Dinora y dos hijos, a México.
Nuevos colores
En esa nación participó en un mural, hecho al
fresco, aún conservado en el centro de la metrópoli,
y fue invitado por el gobierno para trabajar proyectos artísticos
en las casas de las culturas.
Luego se fue a Canadá. Donde recibí una
de las acogidas más grandes de mi vida, señala.
En Montreal descubrió un ambiente artístico
intenso, y también utilizó su arte para ayudar
a inmigrantes latinos en riesgo social.
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| De
las mujeres de los mercados destaca sus pantorrillas de
gladiadoras, sus ojos grandes y sus rasgos mestizos.
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En ese
país nacieron sus otros dos hijos y su pintura fue
influenciada por el frío reflejado en el azul y el
blanco. Allí cambió mi retina, revela.
Pero al finalizar la guerra no dudó en volver a sus
raíces. Donde dejé mi ombligo, dice.
En ese pueblo donde siendo un niño hacía cine
con sus manos.
Él dibujaba las historietas y un amigo las narraba,
proyectadas a través de un lente de aumento y alumbradas
con una lámpara durante las noches.
El espectáculo se ofrecía en el corredor de
su casa y cobraban un centavo a los espectadores.Una
de las experiencias más grandes de mi vida, cuenta.
Con la firma de los acuerdos de paz en El Salvador, en 1992,
Miguel Ángel volvió a ver los cerros de Tonacatepeque
que antes había plasmado en sus pinturas. Por años
vivió entre los dos países. Algunos meses en
Canadá para estar con su familia y cumplir sus compromisos
pictóricos, y otro tiempo en su terruño para
volver a contemplar sus mujeres héroes en los mercados.
Usted
es preciosista
Un día se estableció por completo en su pueblo,
lo siguieron su esposa y tres de sus cuatro hijos. Ahora se
levanta al amanecer, riega las plantas, tiene un programa
dominical en la radio local y pinta sin horarios fijos.
Crea varios cuadros a la vez y en varias técnicas:
al óleo, al fresco, al temple... Y en estos días
prepara una serie de obras de orden bíblico, surrealistas
de gran formato. Tampoco se olvida de destacar los colores,
igual que lo hacían los fauvistas, un período
postimpresionista antes del futurismo.
Porque de algo está seguro: los pintores deben ser
académicos. Lo sabe desde niño, cuando alguien
le habló de la academia del maestra Valero Lecha. Y
la conoció, en 1956, el día que azotaba una
tormenta y él llegó allí para protegerse
del agua.
Entonces se acordó de la academia. Fue cosa de
Dios. Aquel adolescente subió las gradas, preguntó
porValero Lecha y alguien le dijo que andaba en España.
Venga luego, le sugirieron y él volvió
para estar frente al maestro.
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| Paisaje
inspirado durante sus años viviendo en Canadá.
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Para él
fue como un sueño: ver los caballetes, los bodegones
y el carboncillo. Usted va a ser un preciosista,
le vaticinó Valero Lecha. Con mucho detalle,
ahora se le llama realismo mágico, cree Miguel
Ángel.
Estando en penúltimo año ganó un segundo
premio mundial de pintura. Ya graduado, ganó una beca
para estudiar en la Academia de Bellas Artes, en Europa.
Al volver
al país y antes de emigrar por las condiciones de guerra
exponía al aire libre junto a contemporáneos
como Rigoberto Guzmán y Carlos Castaneda, con el nombre
Mancha nueva.
Fundó su taller de pintura y junto a Camilo Minero,
Mercedez Durán, Miguel Ángel Orellana y Raúl
Elas Reyes crearon el movimiento Jardín del arte.
La gente iba a los parques, y nos veían pintar.
Eran tiempos bellos, reseña.
La guerra se llevó todo eso, agrega. Pero
ahora que ha vuelto a establecerse en El Salvador, ahora que
ha vuelto a las andadas de exhibir sus lienzos, quiere abrir
un taller en su pueblo. No quiere morir sin heredar los conocimientos
de toda una carrera como pintor.
Los artistas no somos la cenicienta
Crítico
y enfático cuando diserta sobre arte. Miguel Ángel
Polanco cree que éste no debe verse como un objeto
decorativo. Más que eso es una necesidad. Como
el pan, como viajar, cree.
Algunos de sus contemporáneos aducen que ha estado
alejado del movimiento plástico. ¿Es cierto
eso?
Yo no me he apartado de pintar; me he apartado de la farándula
porque no quiero perder el tiempo. Estoy dedicado a pintar
día y noche. Por otro lado soy cristiano, no bebo,
no fumo y no me gusta estar dando justificaciones; aparte
de eso me da miedo salir de noche.
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¿Cómo
están las artes plásticas en El Salvador?
A falta de academias han surgido pintores empíricos,
autodidactos. Hace falta crear una academia seria de parte
del Estado, donde los pintores puedan aprender todas las técnicas
plásticas y tomarse un año de búsqueda.
Faltan becas. Qué le costaría al gobierno darle
un sueldo a un pintor, y lo que ese hombre haría por
el país no lo pueden hacer ni 10 mecánicos ni
40 ingenieros.
Pintores consagrados se han ido sin pena ni gloria.
Es vergonzoso que pintores como Camilo Minero hayan muerto
así. Parecemos la cenicienta, y ese no es el sitio
que nos corresponde.
El arte no se ha tomado tan en serio.
El Salvador no figura como una potencia cultural. Aquí
hay gente que ama el arte, pero la mentalidad de quienes tienen
potencial económico no le ha puesto el ojo; lo miran
decorativo, y el arte no es eso. Es una necesidad humana,
como la tortilla, el pan o viajar. No es para mediatizar ni
para llenar una pared.
¿Cuáles son sus proyectos?
Estoy preparando una serie de obras bíblicas y
otras de desnudos, pero no quiero dejar los mercados, porque
un día éstos van a desaparecer y yo quiero rescatarlos.
Tengo proyectos de exponer en Canadá, Japón,
Israel y Estados Unidos.
Quiero abrir un taller en mi pueblo, para enseñar las
técnicas antiguas que aprendí en Europa. No
quiero morir y llevarme esto; me costó tanto y no quiero
ser egoísta. Pero tampoco puedo, como dice la Biblia,
tirar perlas a los cerdos.
| El
despertar de un gran artista |
Sus
grandes temas |
De
vivir tiene 64 años, de dibujar 55 y de pintar
como profesional, por lo menos 50. Miguel Ángel
Polanco, único hijo de su madre, nació en
Tonacatepeque.
Cuando cursaba los primeros años de escuela en
ese pueblo, alguien descubrió sus dibujos y le
dijo: Usted puede llegar a ser un gran artista.
En 1956, ya cuando su familia se había establecido
en San Salvador, Miguel Ángel pudo ingresar a la
academia del maestro Valero Lecha.
Su madre, siendo una doméstica, no podía
costear sus estudios, pero el empresario Ricardo Sagrera
le proveyó una beca económica para que pudiera
pagar sus cinco años en la academia.
Llegó a ser un alumno destacado. Estando en penúltimo
año ganó en segundo premio mundial de pintura.
En ese tiempo destacaba por el costumbrismo en sus paisajes
y el dominio de la luz en sus obras.
En 1962 hizo su primera exposición individual en
San Salvador. Luego fue parte de misiones culturales que
visitaron Costa Rica, México y Estados Unidos.
Por último recibió una beca de parte del
gobierno italiano para estudiar en la Academia de Bellas
Artes. |
Miguel
Ángel pinta a las mujeres, porque le gusta exaltarlas.
Y las atrapa con sus rasgos indígenas, con sus
pantorrillas de gladiadoras, de tez morena, de ojos grandes
y nunca las muestra tristes.
Las llama mujeres heroínas porque siempre
están trabajando, y aunque lo hagan tienen a sus
hijos cerca de la venta, debajo de alguna mesa.
Le rinde homenaje a su país, a su gente y a la
luz. te humana Aunque su temática de fondo siempre
es el color. Mi cromática parte del amarillo
porque es luz, es vibración y es más luminoso
que el blanco, agrega.
Estando en Canadá aprendió a jugar con la
forma, el movimiento y el contraste claro-oscuro. Aparecen
los blancos que evocan la nieve y los azúles, el
frío, pero también el silencio entre formas
y espacios. |
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