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7
de mayo de 2006
ARQUEOLOGÍA
Viaje al pasado de Cara Sucia
Las
ruinas que se aprecian hoy en día en Cara Sucia siguen
dando testimonio del ingenio y el poder que tenían
los antiguos habitantes indígenas del lugar.
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| La
pirámide principal de Cara Sucia, de 14 metros
de altura. |
Centro
Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA)
En la cálida costa de Ahuachapán, las ruinas
de Cara Sucia parecen dormidas y olvidadas. No obstante, durante
las excavaciones que realizamos allí en marzo y abril,
este importante sitio prehispánico nos contó
más de su milenario y fastuoso pasado.
El Parque Arqueológico, conocido localmente como Los
Cerritos, es de fácil acceso desde la carretera
del Litoral. Se señala por la presencia de altos árboles,
en una zona que ha sido ampliamente deforestada por la agricultura
y la ganadería.
De los 31 montículos (vestigios de antiguos edificios)
reportados hace 40 años sólo se pueden ver 17
en la actualidad, debido a los daños causados por el
cultivo del algodón en entre 1960 y 1970.
Entre las ruinas que se aprecian hoy en día, la Acrópolis,
las pirámides, un imponente juego de pelota y grandes
empedrados siguen dando testimonio del ingenio y el poder
que tenían los antiguos habitantes indígenas
del lugar.
Pero la antigüedad más famosa del sitio es sin
duda el disco del jaguar, un monumento de piedra
volcánica que se ha vuelto el símbolo de un
banco del país. Esta y otras destacadas piezas de Cara
Sucia (incensarios ceremoniales, vasijas, figurillas) se exhiben
en el Museo Nacional de Antropología Dr. David
J. Guzmán.
En Cara Sucia, la ocupación humana remontaría
a unos 2800 años. El sitio alcanzó su auge en
el Clásico Tardío (600-1000 d. C.), cuando se
volvió un importante centro de la cultura de Cotzumalguapa,
cuyos mayores sitios (El Baúl, Bilbao) están
en la zona de Santa Lucía Cotzumalguapa, en la costa
pacífica central de Guatemala (departamento de Escuintla).
La misma cultura floreció también en varios
sitios de las tierras altas de Guatemala, dejando esculturas
que evidencian una ideología guerrera y conquistadora.
Saqueo masivo en los 80
Cara Sucia no dejó de intrigar a los científicos,
desde que el historiador Santiago Barberena reportara el enigmático
disco esculpido, a finales del siglo XIX. El primer reconocimiento
y mapeo del lugar fue realizado por el arqueólogo estadounidense
Stanley Boggs, en los años 1960. Las ruinas estaban
entonces en terrenos de la hacienda Cara Sucia, cuyo dueño
protegía celosamente los principales montículos.
Pero con la reforma agraria de 1980, el sitio sufrió
un saqueo masivo, durante el cual se cavaron más de
6,000 hoyos ilícitos.
En
Cara Sucia, la ocupación humana
se remontaría a unos 2800 años. El sitio
alcanzó su auge en el Clásico Tardío
(600-1000 d. C.), cuando se volvió un importante
centro de la cultura de Cotzumalguapa, cuyos mayores sitios
(El Baúl, Bilbao) están en la zona de Santa
Lucía Cotzumalguapa, en la costa pacífica
central de Guatemala.
Hace mil años, el sitio colapsó, tal vez
como consecuencia de la llegada de invasores mexicanos.
Hoy las apacibles ruinas nos invitan a un viaje al pasado
para redescubrir la grandeza del legado prehispánico
de El Salvador. |
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Incensario
de Cara Sucia, en el Museo Dr. David J.
Guzman.
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El
Estado puso fin a esta tragedia en 1981, y luego se ordenaron
excavaciones arqueológicas, a cargo de Jorge Mejía.
El arqueólogo estadounidense Paul Amaroli realizó
más investigaciones en 1983, 1986 y 1987. En 2004,
la misión arqueológica
franco-salvadoreña llevó a cabo una prospección
magnética y eléctrica para detectar construcciones
enterradas.
Este año se decidió retomar la investigación,
gracias a los patrocinios de varias entidades francesas y
salvadoreñas: la Embajada de Francia en El Salvador,
el Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos
(CEMCA), la Fundación Nacional de Arqueología
de El Salvador (Fndar), la Universidad Tecnológica
de El Salvador (UTEC) y la Casa de la Cultura de Cara Sucia.
Durante un mes, bajo la autoridad del Departamento de Arqueología
del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura),
y con el apoyo de Paul Amaroli, decidimos desafiar el duro
calor costero para realizar nuevos estudios.
Excavar en Cara Sucia constituye un verdadero desafío,
y no solamente por el implacable sol. En un lugar tan saqueado,
hay que elegir sectores que no han sido afectados.
Efectivamente, el trabajo del arqueólogo consiste en
estudiar los vestigios en su contexto de origen, y asociar
las antigüedades entre sí, para entenderlas mejor.
Decidimos excavar en el juego de pelota situado al sureste
del centro monumental, así como en la Plaza (entre
la Acrópolis y la pirámide principal), sobre
todo para investigar la arquitectura y su evolución
a lo largo de los siglos.
Las dos estructuras alargadas que delimitaban la cancha de
juego de pelota tenían un revestimiento de cantos rodados
(abundantes por la cercanía del río Cara Sucia).
No obstante, la excavación mostró que el piso
de la cancha era de tierra.
A aproximadamente un metro de profundidad, en la cancha tuvimos
la sorpresa de encontrar los cimientos de una casa aristocrática
del Clásico Tardío. Abundante cerámica
(a menudo, fina y decorada), fragmentos de carbón y
huesos de animales son los vestigios de una antigua actividad
doméstica. Tal vez no fue casualidad si el juego de
pelota, donde se practicaba un deporte estrechamente asociado
al poder del rey, fue construido encima de la casa de un gran
personaje
Los datos arqueológicos nos permiten contemplar también
la posibilidad de una reocupación doméstica
tardía del juego de pelota, a finales del Clásico
Tardío o a inicios del Postclásico (1000-1524
d. C.), alumbrando aún más la complejidad de
la historia de este lugar.
En la plaza, la excavación reveló que el piso
era de tierra mezcalada con piedras. Descubrimos frágiles
pedazos de pintura roja, obtenida a partir de óxidos
ferrosos. El color rojo, simbolizando generalmente la sangre
y el oriente, cubría los edificios, las esculturas
y varios objetos de cerámica. A menos de un metro de
profundidad encontramos una capa de la ceniza volcánica
depositada por la enorme erupción del volcán
Ilopango, en el siglo V. La ceniza parece haber sido barrida
por los habitantes, que no abandonaron el lugar a pesar del
impacto regional de esta erupción.
De las excavaciones salieron numerosos fragmentos de vasijas,
incensarios, figurillas, malacates, navajas de obsidiana,
piedras de moler, que atestiguan la intensa actividad que
imperó en el sitio durante cuatro siglos. Cerca del
parque arqueológico exploramos algunos sitios secundarios
que estaban bajo el dominio de Cara Sucia.
Hace mil años, el sitio colapsó, tal vez como
consecuencia de la llegada de invasores mexicanos. Pero hoy
las apacibles ruinas nos invitan a un viaje al pasado para
redescubrir la grandeza del legado prehispánico de
El Salvador.
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| El
muro de una casa, hallado en la excavación del
juego de pelota. |
El
disco del jaguar, exhibido en el Museo Nacional
de Antropología Dr. David J. Guzman.
Diámetro: 85 centímetros. |
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