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6
de agosto
de
2005
Turismo
Barra de Santiago
Nunca
en mi vida había quedado tan asombrado con una visita
a un manglar. Quedé maravillado después de hacer
un recorrido por la Barra de Santiago y descubrir la gran
riqueza que alberga ese pequeño rincón de nuestro
terruño.
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La Barra
de Santiago se encuentra ubicada en el suroeste del departamento
de Ahuachapán, en el municipio de Jujutla, próximo
a la frontera con Guatemala, en el kilómetro 95 de
la carretera hacia La Hachadura.
Abarca una superficie mayor a las 2,233 hectáreas,
constituida en su mayor parte por bosque de mangle y estero.
El más común es el mangle rojo; sin embargo,
también es posible observar mangle blanco, botoncillo,
istaten y madresal.
Aparte de esto cuenta con una gran variedad de fauna, entre
la que destacan mapaches, coyotes; reptiles como iguanas,
garrobos, cocodrilos, lagartijas; aves como el vireo de manglar,
el chipe amarillo, la garza tigre, la garza cucharón,
el ibis blanco, el martín pescador enano, el loro de
frente blanca, el gavilán caracolero, el águila
pescadora, la paloma de mar, el pelícano y otros. Además
es el hábitat de especies en peligro de extinción
como el pez lagarto o machorra.
Viaje tempranero
Partimos temprano, cuando aún se enseñoreaban
la luna y el nixtamalero en el firmamento. Llegamos a una
excelente hora, las 6:00 a. m. Al llegar, don Toño,
jefe de guardaparques del área, ya estaba listo para
partir en nuestra misión por descubrir aquel santuario.
La primera gran sorpresa que nos llevamos fue cuando se precipitó
en las mansas y cristalinas aguas de la barra una inmensa
mancha oscura, sumergiéndose para luego salir sacudiendo
sus alas que parecían no haberse mojado. Y de la misma
forma que se sumergió, así salió como
un relámpago con un pez en su pico.
En lo más alto de un mangle blanco yacía un
vigía observando detenidamente cada uno de nuestros
movimientos hasta que pasamos frente a él. Se trataba
de un gavilán cangrejero en la espera de su presa.
Hermoso y altivo observaba detenidamente como si se tratara
de uno de los guardianes de aquel mágico santuario.
Estábamos ingresando a los canales, internándonos
al estero. En aquel lugar don Toño me mostró
una isla, llamada El Cajete. En ese lugar se encontró
una importante aldea indígena de la época precolombina.
ahí hay un pequeño altar, una pirámide
y una calzada de piedra que conduce a Cara Sucia, otro importante
centro ceremonial prehispánico.
Hay muchas historias antiguas relacionadas con El Cajete.
La más importante de ellas la princesa Chasca. Una
historia pasional que narra como la joven se suicidó
en las aguas de la Barra debido a la pérdida de su
amado Acayetl, que murió a manos de los hombres de
su padre que lo asesinaron por no pertenecer al linaje de
la princesa.
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Esta leyenda
aún forma parte de las tradiciones de la Barra, se
conmemora con una procesión cada día de Santiago
Apóstol, el patrono del cantón. Consiste en
una procesión nocturna con velas en las que los pescadores
lanzan ofrendas al mar solicitándole a Chasca que los
favorezca con buena pesca durante todo el año.
Visitantes alados
Penetramos en los canales y en la tranquilidad del bosque
donde empezamos a observar bandadas de garzas reales que al
escuchar el sonido del motor salieron despavoridas; más
adelante observamos la garza azul y algunas moteadas de azul
con blanco, que son las más jóvenes que están
mudando plumas para adquirir aquel azul intenso que las camufla
con el cielo y el mar. De pronto se asuma un martín
pescador.
Estamos ingresando a las entrañas del bosque, ingresando
por veredas acuáticas que sólo conocen los guardaparques.
De pronto, lo inesperado. Nunca pensé que en el país
pudiera contemplarse al rey de todos los reptiles: un cocodrilo
de unos tres metros de largo se zambulló en la oscuridad
del estero. Consulté con don Toño si alguna
vez se ha reportado algún ataque de cocodrilos a humanos,
pero hasta la fecha nunca ha sabido de nada.
Los animales prefieren pasar inadvertidos para no ser molestados
por los humanos, porque conocen el peligro que representamos
y al menor indicio de personas huyen. Este lugar se llama
Minguía y es el mejor sitio para observar aves acuáticas
y reptiles. Más adelante pudimos encontrar otros dos
cocodrilos de las mismas dimensiones y varios bebés
inexpertos que plácidamente tomaban el sol sobre el
tronco de un mangle.
Al mediodía salimos a la bocana y con la marea baja
pudimos contemplar en un banco de arena miles de gaviotas,
pelícanos y alzacolitas que aprovechan la marea baja
para capturar peces y moluscos que quedan atrapados en la
arena.
El paisaje es espectacular; interminables bandadas van y vienen,
la algarabía es intensa, así como el movimiento,
al fondo la bocana y el sol ocultándose en el horizonte.
Con la marea baja se forman muchos jacuzzis naturales en el
banco de arena que pueden ser ocupados por los infantes para
darse un delicioso chapuzón. Las aguas en la bocana
son cristalinas y mansas, ideales para tomar un baño
con tranquilidad y seguridad.
Al caer el sol fuimos caminando hasta los nidales, donde tuvimos
que sumergirnos en el manglar hasta la cintura. Fue algo verdaderamente
emocionante, pero no recomendable, ya que puede ser letal.
Una guía nos condujo a un lugar donde podríamos
tener un mayor acercamiento de las aves. Mi primer contacto
lo tuve con unas enormes hormigas, de las cuales quedé
fascinado y tomé varias fotos, hasta que una de ellas
se subió en mi mano y pude determinar que hasta la
fecha no había conocido un insecto con una mandíbula
tan poderosa como la de ésta.
Su mordida, aun sin tener veneno, fue el dolor más
intenso que jamás había sentido, siendo procurado
por un insecto. Avanzamos hasta aproximarnos a los nidos donde
pudimos apreciar varios Ibis blancos con sus respectivas crías,
aparte de la garza de cucharón o charancuaco que emite
un particular sonido que parece una burla.
El sitio está siendo manejado por la Asociación
de mujeres de la Barra de Santiago (Adesco Ambas), un grupo
de mujeres que han tomado la iniciativa para la conservación
de su principal modus vivendi: la Barra, que les permite extraer
peces, conchas, curiles para subsistir.
En la actualidad están desarrollando varias actividades
de conservación, como reforestación del área
con mangle rojo, creación de nidos artificiales para
un mayor control de la reproducción del pichiche, lo
que ha sido un gran éxito. También rescate y
protección de huevos de tortuga y cocodrilo.
Los primeros son entregados por un grupo de personas que se
dedican a esta actividad: recolectan todos los huevos de un
desove, de cada cual deben entregar dos docenas.
El resto les queda como pago de su labor. Los huevos de cocodrilo
son recolectados en los nidos por los guardaparques para evitar
que los pobladores los coman o los destruyan. Los que son
protegidos se llevan a un lugar libre de depredadores naturales
y del hombre, donde se mantienen hasta que las tortuguitas
o los cocodrilitos rompen el cascarón y luego son puestos
en libertad.
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