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2
de abril de 2006
LUGARES
Y CIUDADES
Bilbao La ciudad del Guggenheim
Al
norte de España y frente a la aguas del mar Cantábrico,
Bilbao florece como un punto de referencia para las artes
y la cultura. La capital de Bizkaia no huele más a
huelgas o el riesgo de un atentado explosivo.
Desde la tregua permanente anunciada recientemente
por la organización separatista ETA, el norte de España
vuelve su mirada hacia la paz y dice adiós al fantasma
del terrorismo. Los vascos empiezan a percibir los beneficios
de una sociedad sin conflicto.
En principio, Bilbao puede ser asociada a una ciudad vasca
donde la lengua oficial es el euskera; pero en la vida cotidiana
la situación es menos complicada.
La lengua vasca coexiste con el español a pesar de
la represión dura que sufrió durante la dictadura
franquista.
Si bien es impensable pensar que un lugareño intentará
hablar euskera con un extranjero, todos coinciden en que la
lengua es un signo de orgullo y de resistencia a la dictadura
de Francisco Franco. Por lo tanto, una característica
importante de la ciudad es su bilingüismo.
Desde hace un lustro, en Bilbo como la llaman afectuosamente
los lugareños confluyen las raíces vascas
con el olor a Europa.
El foco de atracción más internacional es el
Museo Guggenheim, una de las creaciones del arquitecto estadounidense
Frank Gehry.
El Guggenheim, ese edificio rocambolesco, marcó el
camino hacia la modernidad de un pueblo cuyo origen se remonta
más allá del medioevo y que ha sobrevivido un
siglo XX convulso tanto por la Guerra Civil, la dictadura
y la tensión por ETA.
A fines de los noventa, un acuerdo entre el Gobierno Vasco,
la Diputación Foral de Bizkaia y la Fundación
Solomon R. Guggenheim de Nueva York fue el instrumento para
que la ciudad empezara el camino hacia el futuro. Así
el museo vio la luz en 1997.
Vientos de paz
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| El
edificio está recubierto con placas hechas de piedra
caliza y titanio. |
Desde su fundación, la administración
optó por tres constantes: el gigantismo, la desmesura
enciclopédica y la polémica. El escritor español
Antonio Muñoz Molina así lo describió
recientemente al comentar la novedad de la temporada: ¡Rusia!.
Este mes ese espíritu enciclopédico sorprende
con una exposición que patrocina un banco multinacional.
La muestra es la misma que el Guggenheim de Nueva York dedicó
hasta hace unos meses y donde exhibieron desde retratos de
Lenin, la iconografía rusa, hasta la abstracción
y el arte socialista de la era comunista.
A lo largo de las salas. los visitantes aprecian títulos
como Sirgadores del Volga, de Iliá Repin,
que retrata la vida azarosa de los marinos antes de la revolución;
Futuros pilotos, de Alexander Deineka; Gimnastas
de la URSS, de Dimitri Zhilinski, y Lenin en el
Smolni, de Isaac Brodski.
El año pasado el tema fue Azteca, la maravilla
de la cultura original mexicana, que trajo tiestos, esculturas
y altares, los mismos donde los sacerdotes precolombinos ofrecieron
la sangre de sus sacrificios a los dioses amerindios.
Ahora, con los vientos de paz a su favor, el director del
museo, Juan Ignacio Vidarte, no puede esconder su satisfacción
cuando es abordado por la prensa.
Cada semana desembarcan cientos de turistas británicos
y alemanes que viajan a bordo de los cruceros que navegan
el mar Cantábrico. El punto de atención es el
Guggenheim.
Una pieza genial
El edificio es una obra de arte recubierto con placas retorcidas
hechas de piedra caliza y titanio. Adentro está lo
más granado del arte moderno y contemporáneo
europeo, y, por otro lado, alberga exhibiciones temporales.
Afuera del edificio, decenas de ancianos sonrientes aguardan
su turno para ver.
¿Cómo se siente al venir a Bilbao una
semana después del alto al fuego de ETA?, le
pregunta una reportera de televisión a una jubilada
inglesa.
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El
Museo es una de las
creaciones del arquitecto
estadounidense Frank Gehry. |
Ella, sonrosada, con los brazos descubiertos
y la cabeza coronada por copos de algodón, no alcanza
a entender el inglés de la periodista.
¿Me entiende? Hemos iniciado la paz en el País
Vasco, le insiste.
¿De verdad?, bueno, pues eso es bueno porque
ya no habrá bombas, responde la anciana sonriendo
de oreja a oreja.
Un bilbaíno, adusto, agrega, como si hubiera
bombas todos los días. ¡Si esto no es Bagdad!.
Hasta hace diez años, Bilbao seguía siendo una
ciudad-puerto agobiada por una crisis económica y la
tensión diaria ante el enfrentamiento entre la policía
y los activistas cercanos a ETA.
El Ayuntamiento bilbaíno junto al gobierno vasco invirtieron
en el rescate de espacios urbanos degradados, arquitectura
de vanguardia, una red de transporte moderna (un tren subterráneo
eléctrico) y vasta infraestructura cultural. El resultado
es una estética moderna que complementa al Bilbao medieval,
el de las calles empedradas, cantones, plazas y rincones con
encanto.
Ahora, con la esperanza de una salida política al conflicto,
el pueblo vasco probablemente tenga más tiempo para
disfrutar de sus tradiciones, su historia y su identidad sin
miedo a ningún bando.
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