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30
de octubrede
2005
Escribiendo la historia
de los mares
Nuevos datos sobre la historia de los océanos del mundo
registran cómo el modelo de pesca comercial agota una
pesquería en una o dos décadas.
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| El
rico ambiente marino de décadas pasadas sólo
está quedando como un recuerdo por la sobreexplotación.
Foto Claudio Contreras |
Nuevos
datos sobre la historia del mar revelan que los océanos
del mundo están en una grave crisis en gran medida
por la pesca excesiva, y podrían no recuperarse.
Los océanos son hoy drásticamente diferentes
a lo que eran 150 años atrás, dijo el
científico Poul Holm, del Centro para Estudios Marinos
y Regionales de la Universidad del Sur de Dinamarca.
Entonces había muchos predadores mayores como
el atún, y casi todos los peces eran mucho más
grandes y se encontraban en áreas más extensas
que hoy, dijo Holm a Tierramérica.
Cientos de historiadores y oceanógrafos de todo el
mundo investigaron durante más de cinco años
cómo eran los océanos 150 y hasta 300 años
atrás.
Esta semana, sus hallazgos se presentaron en la conferencia
Océanos Pasados - Historia de las Poblaciones de Animales
Marinos, en Kolding, Noruega.
Los registros históricos revelan, por ejemplo, que
las poblaciones de maruca (Molva molva) del mar del Norte
habían dado señales de agotamiento antes de
1920, si bien hasta ahora se creía que la declinación
de la especie comenzó en la década de 1970.
Los datos sobre pesquerías sólo existen desde
unas pocas décadas atrás, lo que hace difícil
conocer el verdadero alcance de la crisis o administrar las
que quedan, sin información de la era previa a la pesca
industrial, sostuvo Holm.
Necesitamos saber cómo han cambiado los ecosistemas
marinos tanto como conocer las modificaciones de las poblaciones
de peces, añadió.
Aun sin una presión directa por pesca excesiva, la
maruca, al igual que el bacalao (Eleginus gracilis) del Atlántico
Norte y otras especies, no se han recuperado, sugiriendo que
ocurrieron cambios ecológicos fundamentales.
La nueva información sobre la historia de los océanos
registra claramente el modelo de pesca comercial, que agota
una pesquería en una o dos décadas y entonces
pasa a otra.
Ese patrón resulta evidente en la colección
de 200 mil menús de restaurantes estadounidenses, desde
1860 en adelante.
En la década de 1870, las langostas (Homarus americanus)
de nueve kilogramos eran tan comunes que se vendían
enlatadas y raramente se hallaban en los menús. Se
la consideraba un platillo sin valor, a nadie le gustaba que
lo vieran comiendo langosta, dijo Glenn Jones, de la
Universidad Texas A&M, en la localidad marítima
de Galveston.
A medida que otras especies preferidas declinaron, la langosta
se introdujo en los platillos ofrecidos por los restaurantes.
Para 1920 se cobraba a unos 24 dólares el medio kilogramo,
casi el mismo precio de hoy, dijo Jones.
Los ejemplares se redujeron notablemente hasta un cuarto de
kilogramo, el peso mínimo autorizado para su captura,
pero las poblaciones no están amenazadas.
La langosta es uno de los recursos marinos mejor manejados
que tenemos, añadió. Ejemplares mayores,
de tres o cuatro kilos, aparecieron en los menús de
la última década, señal de que las capturas
se movieron a zonas más profundas de la plataforma
marina exterior, 200 millas mar adentro, sostuvo el experto.
En 10 años más, esos ejemplares grandes
habrán desaparecido, vaticinó.
El abalón (Haliotis rufescens), un sabroso molusco
de lento crecimiento en los mares de la costa occidental de
California, siguió un rumbo similar. Muy popular en
los años 20, cuando un platillo de abalón costaba
unos siete dólares, la sobrepesca lo volvió
más y más raro. Sus precios se habían
elevado entre siete y 10 veces más que la inflación
para 1950.
El estado de California prohibió la pesca comercial
del abalón en 1997. La mayoría de los que se
comen hoy en los restaurantes californianos son importados
de Australia o Nueva Zelanda, y cuestan entre 50 y 70 dólares.
La importancia de contar con información de largo plazo
es ilustrada por un estudio realizado con pescadores mexicanos
en el golfo de California. Los mayores de 55 años pudieron
mencionar cinco veces más sitios agotados e igual proporción
de especies desaparecidas que sus pares de 30 años,
sostuvo Andrea Sáenz-Arroyo, de la británica
Universidad de York.
Los pescadores más jóvenes no saben que en los
mares donde han pescado toda su vida abundaron alguna vez
los tiburones, enormes meros, pargos, tortugas verdes, ostiones
de roca y caracoles.
Hubo un drástico cambio en la percepción
humana de lo que constituye el estado natural del ambiente,
dijo Sáenz-Arroyo al boletín Oceans Update,
publicado por la organización no gubernamental SeaWeb,
con sede en Washington.
Trescientos años antes de que nacieran los pescadores
más viejos, el Golfo de California era notablemente
distinto a lo que hoy es. Había montones de madreperlas
en el lecho marino, según las crónicas de los
exploradores españoles. Los meros gigantes eran un
alimento común y preferido, pero ningún pescador
actual, ni siquiera los más viejos, saben de ellos.
Las personas no logran apreciar la escala de la degradación
ambiental que se produce en el curso de sus propias vidas.
Y eso reduce las expectativas humanas de lo que constituye
un ecosistema saludable, agregó la especialista.
La comprensión de las condiciones ambientales
del pasado es esencial para una efectiva conservación,
añadió.
El
autor es corresponsal de Inter Press Service (IPS)
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