30 de octubre de 2005

"Halloween"

El comercio lo sigue imponiendo, pero “Halloween” parece debilitarse cada año. Ya no hay dulces especiales para la fecha ni tampoco niños que toquen las puertas de sus vecinos durante las noches.

Morena Rivera
Fotos: Maritza Santos

Hablemos


El viaje y despedida”, óleo sobre tela. La danza cotidiana es presencia cotidiana en sus obras.

Halloween en El Salvador es una fiesta contemporánea, de la segunda mitad del siglo XX, coinciden los antropólogos.

Pero en poco tiempo ganó adictos a sus disfraces; sobre todo a los que imitaban a las brujas, al diablo y a la muerte.

Los niños capitalinos recorrían el vecindario para azotar las puertas y gritar: “Dulces o travesuras”. En otras palabras me das lo que te pido o hago desórdenes en tu casa. “Y si no nos daban los dulces les quebrábamos huevos en las ventanas”, recuerda Silvia Majano, ahora de 21 años.

Silvia y su amiga Alejandra Godoy, también de 21, han dejado de presenciar esos ambientes en sus vecindarios. “Mucho menos hay quiebra de piñatas”, refieren.

Ya en su juventud, algunos años, Silvia ha alquilado un disfraz para ir junto a su hermano a una fiesta de discoteca, de esas donde premian el mejor vestuario de la noche.

Y Alejandra ha optado por olvidarse de ese día de celebración.

La ceremonia del 31 de octubre le parecen una simple imitación que la gente suele adoptar aun sin conocer el significado. “Mucho menos saben cuáles son sus verdaderos orígenes”, considera.

Una cultura remota

Halloween se remonta al siglo VII y VI antes de Cristo. En esa época, el norte y el oeste de Europa eran habitados por los celtas, un grupo común que a su vez estaba controlado por una casta de sacerdotes, llamada “druidas”.
- Ellos celebraban el año nuevo el primero de noviembre y la noche anterior, el 31 de octubre, se festejaba en honor de “Shamhain”, el dios de la muerte. Se creía que las almas regresaban del más allá.
- Esos días, los celtas se disfrazaban con trajes hechos de cabezas y pieles de animales. Se hacían sacrificios humanos, elevaban plegarias a sus dioses paganos y preparaban enormes fogatas.
- A mediados del siglo XVIII, después de Cristo, los emigrantes ingleses e irlandeses que llegaron a Estados Unidos llevaron consigo la tradición de celebrar el día de las brujas.
- Halloween proviene de la expresión “All hallow’s eve”, y significa víspera de todos los
santos.

¿Lo desaprueba la iglesia?
Cuando el cristianismo llega a los pueblos célticos, la tradición del Samhain no desaparece, pese a los esfuerzos de la iglesia católica por eliminar ese culto a las brujas y al diablo.

Después de 2,000 años, la iglesia sigue considerándolo una fiesta pagana. “Es una costumbre que nada tiene que ver con el cristianismo”, cree el padre Óscar Rodríguez, párroco de la iglesia don Rúa.

A su juicio, la Biblia sólo apoya la fiesta de todos los santos (el 1 de noviembre) y la conmemoración a los fieles difuntos (el 2 de noviembre). La primera para festejar a quienes han muerto en amistad con Dios y la segunda para pedir por quienes están en el purgatorio.

Los disfraces más solicitados

- La noche del 31 de octubre los hombres prefieren vestir trajes de batman, del hombre araña, de drácula, de diablo, de magos, de piratas y de la muerte que aparece en la película Scary movie.
-Las mujeres gustan atuendos de brujas, de blancanieves, de egipcias, de mariposas y algunos personajes de cuentos como la caperucita roja.
- Quienes celebran el día de las brujas también suelen usar accesorios como máscaras, antifaces, pestañas, uñas postizas, calabazas, pelucas, globos y pinturas negras y blancas para el rostro.

Fuente: “El mundo del disfraz” y alquileres de traje “Anthony Josué”.

Para el historiador Pedro Escalante Arce, todo parece indicar que Halloween ha fracasado al introducirse como parte de las costumbres populares. “Aunque no en el aspecto comercial”, detalla. Es en ese sector donde aún tiene fuerza, y son los jóvenes quienes más propician la festividad.

Las tiendas de disfraces y los negocios donde se rentan atuendos para ocasiones especiales siguen experimentando sus mayores ganancias en esa época; incluso se ven obligados a contratar por lo menos un empleado más para cumplir con el ajetreo que se despierta en la temporada.

Día para el comercio

“El mundo del disfraz”, un negocio con cinco años de haberse establecido en la capital, emplea más costureras en el taller, y los empleados y sus propietarios deben quedarse trabajando hasta la medianoche para cumplir con la demanda de vestuario que se genera.

Entonces llegan compradores desde la zona oriental del país y de otras naciones centroamericanas como Guatemala, Honduras y Nicaragua. “Comparable a esta fecha sólo es el Día de la Tierra (el 22 de abril)”, señala Iris Salinas, la propietaria.

Octubre trae movimiento en alquileres de trajes “Anthony Josué”, una boutique con cuatro años de haberse embarcado en la renta de atuendos para la “noche de brujas”. Ese mes la gente anda en busca de opciones, y en
días picos se renta un promedio de 30 a 40 piezas por día.

No todo lo que refleja el comercio indica que Halloween sigue de viento en popa. De hecho, Iris Salinas destaca que este año las ventas han estado inclinadas a la baja. Y la demanda de dulces en la Confitería Americana ha dejado de ser especial en estos días.

Hace tres años, cuenta José Luis Cabrera, gerente de Confitería Americana, dejaron de venderse las bolsas de dulces con surtidos especiales para la época.

Dijeron adiós a las figuras de brujas y calabazas porque incluso algunos supermercados dejaron de solicitar el producto.

“Sucede que mucha gente comenzó a asociar la celebración con un ritual satánico”, dice Cabrera. Y la costumbre que tenían los pequeños de solicitar dulces en sus colonias o en los barrios ha ido opacándose en los últimos años.

¿Diversión o creencia?

El antropólogo Carlos Lara, director del Instituto de Estudios Históricos, Antropológicos y Arqueológicos de la Universidad de El Salvador, cree que Halloween aún se halla posicionado entre los nacionales; lo que sucede es que no todos se dedican a celebrarlo.

“No debemos ver al salvadoreño como algo homogéneo”, considera Lara. No en todas las zonas ni en todos los sectores de la población la fecha se vuelve una fiesta, sino que es más costumbre de los jóvenes, de los estratos medios y de los populares urbanos.

En el proceso de difusión cultural, admite Lara, la población hace una selección. “No todos imitan lo que viene de Estados Unidos”, enfatiza. La gente hace, además, una reinterpretación, y eso lleva a una modificación de los elementos culturales.

Es decir que en El Salvador no tiene el mismo significado que tuvo para los celtas, un pueblo que hace más de dos mil años, antes del cristianismo, habitó las islas Británicas, Escandinavia y el oeste de Europa. Para ellos marcaba el fin de año y un encuentro entre los vivos y las almas de los muertos.

Aquí adquiere un sentido de globalización. “Una manera de decir: miren qué modernos somos, pues nos comportamos como lo hacen los gringos”, dice Lara, en alusión a esa práctica que para el caso del país y de

Latinoamérica fue importada de Estados Unidos.

Para el antropólogo Ramón Rivas, director de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Tecnológica, Halloween en el país representa la expresión de un pueblo que ha retomado otra cultura. “Sin embargo, adoptarla no es lo mismo que sentirla”, explica.

A su juicio, los nacionales han retomado una celebración que se ha identificado con su forma de ser, mas no con su creencia. “Para la mayoría es una noche de desahogo detrás de una máscara”, subraya Rivas. Una especie de diversión, donde pueden manifestarse, gritar, comer y beber.

Aunque el historiador Pedro Escalante Arce vaticina que Halloween lleva una tendencia a fracasar, o al menos a quedar estancado si se le trata de igualar a las costumbres populares. Pero Ramón Rivas cree que el ser humano se adapta, y si la gente disfruta el 31 de octubre, entonces ¿por qué no?

 

 


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