30
de octubre de
2005
Nostálgica fiesta en tumbas
En
El Salvador, la celebración del Día de los
Muertos sigue su propia tradición. Aunque es diferente
a la mexicana, también honra a los fallecidos con
cierta alegría y respeto, según la mezcla
de la tradición indígena y la costumbre católica.
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| Aunque
las viviendas más pobres de la zona no cedieron
a la fuerza del agua, muchas quedaron semiderruidas y
con los suelos cubiertos de fango.
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El día que no vaya a enflorar a mi hija es porque
entonces voy a estar muerta, y es a mí a quien van
a enflorar. Así de tajante es la respuesta que
da María Julia Murillo, campesina de Ilobasco, que
cada dos de noviembre visita la tumba de su hija para limpiarla,
pintarla y adornarla con flores.
Hay un gozo interno cuando llega al cementerio, aunque la
tristeza siempre aparece como intrusa, a pesar de que la hija
de María Julia ya tiene 16 años de haber sido
enterrada, después de morir ahogada en el río
Lempa.
Es bien alegre ir a enflorar. Veo mis amistades, a mi
familia; comemos, platicamos y le vengo a arreglar la tumba
a mi hijita, dice la señora con cierta melancolía,
sin saber de dónde viene la costubre de llevarle flores
a los que ya murieron.
Lo cierto es que tanto el 1 y el 2 de noviembre se convierten
en días de fiesta, pero una festividad que tiene un
sabor a nostalgia, de recuerdos, de desencantos, de pesares
y quizás hasta de ilusiones por seguir el camino que
otros ya realizaron.
Los colores invaden los cementerios, impregnados en la variedad
de flores que ahí se venden, tanto naturales como artificiales;
también en los adornos hechos de papel, incluso plástico.
Las vendedoras de comida también se ubican afuera de
los camposantos, para anunciar con algarabía las hojuelas
con miel, las empiñadas, además de las acostumbradas
pupusas, entre otros alimentos.
Adentro pareciera que han hecho un entierro masivo, por la
cantidad de dolientes que llegan, donde incluso en algunos
cementerios se dificulta caminar. El ritual de cada familia
inicia con la limpieza de las tumbas, arrancar maleza, reparar
algún deterioro, pintar las cruces o las criptas, para
lo que deambula un pequeño ejército de trabajadores,
adultos y niños, varones y mujeres, quienes cobran
de un dólar en adelante.
Algunos visitantes sólo llegan a enflorar, otros a
departir sus alimentos sobre la tumba y hay algunos, como
en Izalco, que hacen una ceremonia más elaborada, donde
hasta fuman puros para alejar los malos espíritus.
Hay quienes rezan u oran, incluso tienen un monólogo
creyendo que sostienen un diálogo con el ser querido;
mientras en otra sepultura suenan las trompetas y los violines
de los mariachis, con esa música ranchera que permite
hacer un brindis de devoción, hasta que la tarde cae
y la noche les recuerda a los peregrinos que también
los muertos deben descansar.
Tras los orígenes
Aunque
celebrar el Día de los Muertos es una tradición
todavía muy arraigada, principalmente entre los católicos,
muchos no conocen el origen de esta celebración. Algunos
consideran que nace desde antes de la conquista española,
mientras otros piensan que tiene su origen después.
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| El
día de los difuntos es un hecho religioso y cultural
que busca recordar a los antepasados.
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Para el
antropólogo Carlos Benjamín Lara, director del
Instituto de Estudios Históricos, Antropológicos
y Arqueológicos de la Universidad de El Salvador, el
día de los difuntos no es una fiesta de origen cristiano.
Hay una fusión cultural de los indígenas de
Mesoamérica y el español católico.
Lara menciona que aunque no es una tradición cristiana,
no está claro que fuera un ceremonial prehispánico.
Sí está claro que los indígenas rendían
culto a los antepasados, pero no se puede asegurar que la
costumbre actual sea prehispánica; puede ser producto
mestizo, de la fusión de concepciones y prácticas
de origen prehispánico con concepciones y prácticas
de origen hispano.
Lo que no está claro es que si ya lo hacían
los indígenas en la época prehispánica,
por qué a veces atribuimos cosas a los indígenas
que viene en realidad de la colonia, más que de la
época prehispánica. Ahora que sí es una
práctica cultural indígena sí, pero puede
ser de los indígenas de la colonia, no de los indígenas
de la época prehispánica, menciona el
antropólogo.
En todo caso, a los dolientes como María Julia Murillo
no parece importarles si la forma actual de honrar los muertos
es de origen español o prehispánico, sólo
les interesa rendir tributo a su ser amado, con una alegría
nostálgica y aunque sea con un ramo de flores.
La
relevancia de la celebración del día de los
difuntos es tal que incluso el Código de Trabajo establece
en el artículo 190 que el 2 de noviembre es un día
de asueto remunerado.
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| El
día de los difuntos es un hecho religioso y cultural
que busca recordar a los antepasados.
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Para
pequeños y grandes, el día de los difuntos
es la ocasión propicia para ganar dinero extra. |
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