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30 de enero de 2005

La
política de intervención de tierras del presidente
venezolano Hugo Chávez podría afectar reservas
ricas en biodiversidad, alertan ambientalistas.
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| Ecologistas
se oponen a la intervención del Hato Piñero,
dedicado a la ganadería y rico en especies de flora
y fauna. Crédito: Hato Piñero |
Un talón de Aquiles verde tiene la ofensiva agraria
del presidente venezolano Hugo Chávez, que busca hacer
justicia social y animar la producción de alimentos,
pero puede afectar bosques primarios que son hábitat
de especies en riesgo de extinción.
Desde diciembre, autoridades regionales, alentadas por decretos
del Ejecutivo para atender la demanda de tierras por parte
de centenares de miles de campesinos, han intervenido con
apoyo militar decenas de grandes propiedades rurales que albergan
bosques y sabanas inundables.
Su objetivo, aducen, es constatar la propiedad y el uso de
esos fundos.
El Estado repartió en los últimos años
unos dos millones de hectáreas a 135 mil familias,
pero hay otros 400 mil aspirantes, dijo a Tierramérica
el líder agrario Braulio Álvarez.
En el frente ambientalista, entretanto, se disparan alarmas.
No estamos en contra de que se garanticen tierras a
los campesinos, pero pedimos que se respeten los espacios
que albergan gran diversidad de especies, dijo a Tierramérica
Marieta Hernández, de la organización no gubernamental
Audubon de Venezuela, asociada con Birdlife International.
Nos preocupa que se destruyan bosques primarios que
luego no podrán ser recuperados, resaltó.
Los decretos de intervención, que buscan acelerar la
reforma de la Ley de Tierras de 2001, afectan tierras
urbanas, rurales o con vocación agrícola, públicas
o privadas, que se encuentren ociosas o enmarcadas bajo el
régimen latifundista, o en conflictos de tenencia y
con problemas de distribución.
La intención no es expropiar tierras, sino evaluar
las condiciones de algunas propiedades para reactivar su productividad
y fomentar el desarrollo endógeno y la seguridad agroalimentaria,
alegó el gobernador del oriental estado de Monagas,
José Gregorio Briceño, uno de los 21 mandatarios
regionales que apoyan a Chávez.
El problema está en que ningún particular
puede manejar reservas biológicas y forestales para
su propio provecho, explotando en forma de negocio turístico
ese recurso de todo el país, advirtió
el presidente del estatal Instituto de Tierras (INTI), Eliécer
Otaiza, cercano colaborador del presidente.
Un caso emblemático puede ser el del Hato Piñero,
de 80 mil hectáreas en el central estado de Cojedes.
Parte de esa propiedad alberga pastizales para 12 mil cabezas
de ganado vacuno, pero la mayoría son sabanas inundables
o bosques de galería, en ríos tributarios del
Orinoco.
El Hato alberga todas las especies de la fauna de los llanos
del Orinoco, ha ganado fama como observatorio de aves, entre
ellos, el paují copete de pluma (Crax daubentoni),
en peligro de extinción, y es plaza para el turismo
ecológico nacional e internacional.
Una intervención del Hato afectaría la
biodiversidad, pues en sus espacios se concentra 27 por ciento
de las aves que habitan el país y especies de felinos
como el jaguar (Panthera onca), el puma (Puma concolor) y
la tigrilla (Leopardus tigrinus), mientras que su herbario
registra 2,025 ejemplares de plantas, dijo a Tierramérica
Edgar Useche, director ejecutivo de la Fundación Hato
Piñero.
Además, somos los segundos empleadores de Cojedes,
después del Estado, y quedaría cesante un sector
de la población que trabaja en las labores ecoturísticas,
así como en las ganaderas, tales como herraje y vacunación
de ganado, adujo.
Los decretos contemplan que la producción de los hatos
se mantenga durante el periodo de intervención,
un término todavía no suficientemente explicado,
pero que implica sobre todo revisión de la titularidad
de las tierras y comprobación de su uso eficiente.
El Estado no sólo busca más tierras para repartir
a campesinos, sino también obligar a los propietarios
a que desarrollen planes productivos. En el caso de reservas
intocadas, posiblemente la intervención dará
paso a tomar las riendas de esas zonas.
En defensa de la tesis oficial, Álvarez, el líder
agrario, dijo que muchos de los crímenes ecológicos
han sido cometidos por empresarios del campo. Fue un crimen
apropiarse de grandes extensiones de terreno, con fines privados,
además de que dejaron a mucha gente sin poder trabajar
y producir.
Sin embargo, organizaciones ambientalistas consideran que
hay casos de manejo ambiental exitoso por parte de particulares
y que, de todas maneras, no todas las tierras son productivas
desde el punto de vista económico tradicional.
Si algún particular administra bien una reserva,
no debería permitirse la intervención de su
finca, dijo Hernández, de Audubon, más
aún cuando hay muchos parques nacionales bajo
manejo gubernamental en completo abandono.
En un comunicado, el grupo ecologista Vitalis advirtió
que no todos los territorios pueden ser ocupados
y que para garantizar el desarrollo sustentable necesitamos
conservar las fuentes de agua de las cuales dependemos para
sobrevivir, así como el resto de los recursos naturales.
Colaboradora de Tierramérica
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