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30 de enero de 2005

Varios
de ellos, antes de abrir sus ojos por primera vez, habitaban
ya en su nuevo hogar: Cárcel de mujeres, purgando delitos
que no cometieron y que su inocencia les impide comprender.
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| Jugar
y divertirse en cualquier parte no parece imposible para
los pequeños internos en el recinto. |
Coqueta
y soñadora. Así es Paola Belén, una pequeña
de tres años, quien se inquieta ante las cámaras
y pide que le tomen una foto.
Su pelo es largo, igual al de su madre, una presidiaria de
22 años, de tez blanca y cuerpo esbelto. Belén
se despierta temprano, cuando su madre ya ha regresado de
lavar.
Esta le da un baño, la cambia de ropa y luego la dirige
a la guardería, donde pasará el tiempo mientras
recibe su curso de pastelería que imparte el Instituto
Salvadoreño de Formación Profesional (Insaforp).
Belén se inmiscuye también en el taller, lo
que se le ha permitido por la dirección al ver que
la niña observa atenta el desempeño de su madre.
Belén sueña con ir al kinder. El oto año
voy a il al colegio, dice ilusionada, con su medio hablar.
Precisamente este año ingresará al kinder a
donde asisten todos los demás niños hijos de
las internas; el Joseph, contiguo al recinto.
En este existe un plan de becas para los pequeños,
incluso luego de que sus madres hayan recobrado la libertad,
éstas pueden seguirlos llevando.
Linda, su madre, espera con ansias a que Belén cumpla
los cinco años, pues al llegar a esa edad los niños
deben abandonar la penitenciaría. Espero irme
con ella, dice Linda, quien tiene tres años de
pagar por el delito de posesión de drogas.
Paradójicamente, para las demás madres no es
alegría que sus hijos lleguen a esa edad, pues deben
abandonar el lugar e irse con sus familiares o a hogares infantiles,
mientras ellas deben quedarse hasta cumplir su pena.
Posteriormente deben conformarse con verlos una vez por semana,
cuando sus familiares puedan llevarles el día de visita.
Mientras están aquí tratamos de hacerle
la estancia agradable, nos dice Ana Ruth Serrano, trabajadora
social del penal.
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| Varias
internas dedican mucho de su tiempo a sus vástagos
que conviven con ellas. |
Eduardito,
mejor conocido en materno infantil como Guayito, de tres años,
ojos claros, pelo color sol, inquieto y juguetón, es
otro interno del recinto.
Ese fue el lugar que conoció como hogar desde que nació,
sin saber que su progenitora ex policía de carácter
fuerte purga una pena de 54 años por el delito
de robo agravado y privación de libertad. Su padre
también está pagando por sus propios delitos
en el penal de Mariona.
Tú estás aquí porque te portaste
mal, le dice su hija mayor a Roxana (nombre ficticio).
Por eso tú debes portarte bien, le contesta
esta. Y una dulce caricia de Guayito en el rostro aminora
su dolor.
Héctor Adonai aún no llegaba al mundo cuando
su madre fue sorprendida con la cárcel.
Apenas tiene unos 23 días de nacido. Su joven madre
fue detenida por el publicitado caso de estafa en una empresa
de cosméticos mexicana. Pero ella afirma que tanto
ella como su esposo también preso son inocentes,
y que todo se debe a envidias de ciertos empleados inconformes.
Igual que los hijos de estas internas, 34 menores más,
entre cero y cinco años, adornan el sector C del área
materno-infantil del Centro Penal de Ilopango, conocido como
Cárcel de Mujeres. Así, 41 internas
madres y ocho embarazadas habitan en el sector. Lo de las
41 es porque en algunos casos se les ha permitido a las internas
tener hasta dos hijos con ellas.
Se hace un estudio socioeconómico y si se comprueba
que las condiciones del hogar no son las idóneas y
van a estar mejor acá, se les permite, afirma
la trabajadora social. Pero para eso deben llenar una solicitud
y esperar una resolución que puede llevar bastante
tiempo.
Las internas madres cuentan con un programa específico,
contemplado dentro del plan anual operativo. Este trata sobre
el involucramiento de las mujeres en actividades productivas,
como los talleres de panadería, cosmetología,
y corte y confección, así como asistir a charlas
de escuelas para padres.
Estos les hace más llevadera su estancia y les devuelve
las ganas de superarse por el porvenir de sus vástagos,
la razón que encuentran para seguir luchando desde
las rejas.
| El
niño, la cárcel y el kinder |
| El
oto año voy a il al colegio, dice ilusionada
y a media voz Belén, pues ya cumplió la
edad apta para hacerlo. La lonchera, el uniforme y los
colores ya están siendo preparados por los pequeños,
listos para iniciar su primera enseñanza académica
y su primer encuentro con el exterior. |
| Una
escapadita |
Su
cautiverio no los aleja de lo que todo menor disfruta,
es por ello que regularmente les llevan de paseo por el
zoológico, el cine y otros lugares de esparcimiento
en donde puedan aprender y divertirse. Sin embargo, ellos
preguntan por qué su mamá no puede acompañarlos,
ya que a ellas no se les permite hacerlo. Las internas
en fase de confianza, junto a las trabajadoras sociales
y personal técnico, son los encargados de enseñar
y cuidar a los menores durante su visita a los lugares
de esparcimiento.
En el reclusorio cuentan con zonas aptas para que a su
edad empiecen a conocer su entorno, como ludoteca, guardería
y el sector donde departen con sus madres y los demás
niños. Eso es quizá lo que hace que su estancia
sea más llevadera, pues el ambiente fresco e infantil
les hace respirar un clima diferente a su realidad. |
| Familia:
unida y separada por la prisión |
La
base fundamental de la sociedad se ve desquebrantada en
estos casos, sobre todo cuando ambos padres están
en prisión. Pero, ¿cómo mantener
unidos los lazos a través de las limitantes?
Paola y Guayito departen juntos sus travesuras y sueños
en el recinto. Ellos, junto a Héctor quizá
no tengan vínculos sanguíneos, pero comparten
historias fraternales muy similares.
Sus padres pagan una pena, pero la relación con
sus progenitores es aún peor.
Belén, por su parte, sí conoce a su papá
(retenido en el penal de máxima seguridad en La
Paz) y lo ha visitado regularmente, cuando su abuelita
logra reunir para los pasajes y la lleva. La visita no
dura más de cinco minutos. Ella lo quiere besar
y abrazar, pero un vidrio los separa. |
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| Los
sueños y las inquietudes de Belén parecen
no tener limitantes. |
Las
celebraciones infantiles en el recinto hacen que su estancia
ahí sea más agradable y placentera. |
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