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28
de agosto de 2005

Carlos
Guillermo Villalta Chacón es un adolescente amante
de búhos y lechuzas, a tal grado que tiene una colección
de 250 figuras de esas aves rapaces. Incluso tiene uno vivo,
lo que lo hace un coleccionador más allá de
la afición.
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Sin dejar
que las supersticiones y la mitología lo asusten, Carlos
Guillermo Villalta Chacón, de 14 años, tiene
una rica colección de búhos y lechuzas en una
esquina de su dormitorio, donde pareciera que lo vigilan sin
cansancio de día y de noche.
Con mucha gravedad, Carlos Guillermo habla de cada una de
las piezas que componen su afición. Cuenta cuál
es la procedencia, el material del que está hecha y
la historia que tiene cada figurilla o figurota de esa ave
nocturna, que desde la antigüedad simboliza a la sabiduría.
Ésta me la dio un muchacho, que creo que fue
guerrillero, porque él me dijo que fue un amuleto que
siempre anduvo en la montaña durante la guerra.
Él anda vendiendo camisas del che Guevara, y me dijo
que me lo daba porque vio que me gustaba, menciona Carlos
mientras agarra ese búho minúsculo.
Aquí tiene las figuras procedentes de muchos países
de alrededor del mundo; hay de Japón, la India, Guatemala,
Colombia, Perú, Estados Unidos, Taiwán y Honduras,
por mencionar algunos lugares.
No importa si es de madera, barro, plástico, peluche
o cerámica; regalados o comprados, caros o baratos,
feos o bonitos, Carlos Guillermo los tiene como uno de sus
más preciados tesoros, a tal grado que la limpieza
de esas figuras la tiene que hacer él mismo, para evitar
que alguna persona los estropee.
La colección presenta la más variada de las
formas: títeres de búho, bolsas con las figuras
del ave, calzoncillos y toallas estampadas, pequeñas
esculturas, alcancías, libros, dibujados en tazas,
incluso dibujados por él mismo o los hechos en plastilina;
hasta tiene unos de barro que al soplar en ellos imitan ese
sonido quejumbroso que en los bosques asusta a cualquiera,
porque pareciera un llanto lejano y embrujado.
Son 250 piezas de colección. Algunas se las han regalado
sus amigos; otros los ha comprado él o su familia.
Con especial cariño muestra la pieza que más
le costó conseguir; está hecha en cuarzo y cuarzo
rosado; tiene la figura de dos búhos con pico de oro,
y mide aproximadamente nueve centímetros de alto.
No me lo querían comprar porque es una piedra
fina y es caro, menciona Villalta con mucho entusiasmo.
Aunque el búho y la lechuza simbolizan la sabiduría,
para el caso Carlos muestra a la diosa Atenea con su escudo
adornado con esa ave rapaz. Este muchachito de cuerpo delgado
menciona que él es un estudiante normal, con buenas
notas.
Estudia sexto grado y ha coleccionado desde que tiene cinco
años, recuerda el joven. Además de búhos,
que es lo más representativo, también ha coleccionado
las figuras de caricaturas de la televisión, como Bob
Esponja, South Park, así como dragones,
osos pandas y dinosaurios, entre otros.
Me gusta (que coleccione) porque se entretiene y anda
pendiente en cualquier país de los búhos. Él
no es de los que andan en la calle; su vida es la escuela,
sus colecciones, sus juegos y la computadora... (y) es muy
detallista, menciona Yaneth Villalta, madre del pequeño
coleccionista.
Aunque su madre asegura que la afición de coleccionar
lo ha heredado de su bisabuela y abuela materna, Carlos menciona
que se identifica con los búhos, porque son inteligentes
y porque tienen los ojos grandes... y a mí me molesta
la luz en los ojos.
En todo caso, la colección que Carlos tiene reta a
aquellos supersticiosos, quienes temen por los malos augurios
que representa esa ave rapaz..., pero que a la vez simboliza
la sabiduría.
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Radiografía
de un ave
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A
los búhos y las lechuzas les llaman rapaces nocturnas
por ser más activas durante la noche y ser carnívoras.
Pero su parentesco con las rapaces diurnas es tan cercano
como al de cualquier otro grupo de aves.
Las lechuzas y los búhos son aves depredadoras,
muy bien adaptadas a una vida nocturna.
Aunque hay algunos miembros de este grupo que por lo general
cazan durante las horas del día.
La visión y el oído lo tienen muy desarrollado.
La cabeza, en proporción al cuerpo, la tienen más
grande que las otras aves.
Las plumas de las alas amortiguan el aire de tal forma
que cuando vuelan no hacen ningún ruido.
El búho común es natural de las Américas.
Su distribución se extiende desde Alaska hasta
Tierra del Fuego.
Aquellos que viven al norte y centro del Canadá
normalmente se trasladan para invernar en el sur del Canadá.
El resto de la población de América del
Norte es relativamente sedentaria.
Habita donde hay árboles o arbustos; puede ser
en los bosques, bosques tropicales deciduos, pantanos,
árboles aislados, matorrales y otros lugares.
En las zonas subtropicales y templadas habita en lugares
húmedos y semiáridos.
Se le documenta desde el nivel del mar hasta los 4400
metros de elevación.
Usa los nidos grandes construidos de ramas por otras aves
después que han sido abandonados.
También anida en huecos grandes en los árboles
o grietas en las rocas.
La nidada usual consiste de dos huevos, es posible que
sean tres, que son incubados por la madre.
El macho la alimenta durante este tiempo. Se alimenta
de mamíferos pequeños y aves medianas, hasta
de conejos, patos y gansos.
(www.damisela.com/zoo/ave/otros/strig/strigidae/bubo/virginianus) |
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| Esta
es la figura más grande que posee Carlos en su
colección. |
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Ave
mitológica y legendaria
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Según
la mitología griega, Zeus tenía tantos deseos
de tener una hija que un día consiguió que
saliera de su cabeza una diosa adulta y con armadura,
a la que llamó Atenea, convirtiéndose en
la hija favorita de Zeus.
Es la primera de las tres diosas vírgenes, protectora
de la ciudad, de la vida urbana, de la agricultura y de
la artesanía. Personificaba la razón y la
sabiduría, las artes y la ciencia, siendo la inventora
de la brida que otorgaba a los hombres el dominio del
caballo y de la flauta que nunca utilizó porque
afeaba su rostro.
Su ciudad favorita era Atenas, ciudad que la convirtió
en su símbolo, y el animal sagrado de esta diosa
era la lechuza. En la mitología romana era conocida
como la diosa Minerva.
Las lechuzas fueron las aves de la muerte en el antiguo
Egipto, India, China, Japón y gran parte de América.
Varias características de la biología de
este grupo, que resulta tan interesante como su folclor,
han contribuido para dar forma a la indeseable reputación
que sufren estas aves: sus hábitos crepusculares
y nocturnos, sus cantos y reclamos misteriosos y la mirada
fija, casi humana, de sus desmesurados ojos de posición
frontal, que las ha relacionado con las prácticas
de hechicería y fuerzas ocultas.
En América, uno de los primeros relatos sobre la
superstición indígena sobre los búhos
la describe fray Bernardino de Sahagún en su obra
Historia general de las cosas de Nueva España,
publicada en 1576.
...Del mal agüero que tomaban del chillido
de la lechuza. Cuando alguno sobre su casa oía
charrear a la lechuza, tomaba mal agüero. Luego sospechaba
que alguno de su casa había de morir o enfermar,
en especial si dos o tres veces venía a charrear
allí sobre su casa, tenía por averiguado
que había de ser verdadera su sospecha.
Y si por ventura en aquella casa donde venía a
charrear la lechuza estaba algún enfermo, luego
le pronosticaban la muerte.
Decían que aquél era el mensajero del dios
Mictlantecutli, que iba y venía al infierno. Por
esto le llamaban Yautequiua; quiere decir mensajero del
dios del infierno y diosa del infierno, que andaba llamar
a los que le mandaban.
Y si juntamente con el charrear le oían que escarbaba
con las uñas, el que le oía, si era hombre,
luego le decía: Está quedo, vellaco oxihondido,
que heziste adulterio a tu padre. |
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| Esta
figura está hecha de piedra verde y rosada (posiblemente
cuarzo), cuyo pico está hecho de oro. |
Estas
figuritas de búho, hechas en Ilobasco, Cabañas,
tienen una altura aproximada de un centímetro. |
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| Este
disco de bronce con una circunferencia de diez centímetros,
y que tiene la figura del ave rapaz nocturna, es el primer
objeto con la que Carlos Villalta inició su colección. |
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