27 de marzo de 2005

En todo el mundo cristriano, la Semana Santa es una de las celebraciones más importantes, ya que conmemora la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo, y es esta última la que sirve de base para las creencias y la fe cristiana.

Orsy Campos
Fotos: Archivo EDH


ilustración: Eduardo Calacin


El sacerdote salesiano Óscar Rodríguez, párroco de la iglesia María Auxiliadora —conocida como Don Rúa—, nos habla de la importancia que es para el cristianismo la celebración de la resurrección de Jesucristo, dentro de la festividad de la Semana Santa.

Hay que tomar en cuenta que el tema de la resurrección es algo recurrente en la Biblia. Los profetas Elías y Eliseo, en el Antiguo Testamento, resucitaron a algunas personas, y el mismo Jesús resucitó a otras tantas antes de ser crucificado, y entre esos revividos está Lázaro; luego los apóstoles también efectuaron resucitaciones.

Según la Biblia, Jesucristo fue levantado de entre los muertos al tercer día de su fallecimiento, y su espíritu se materializó en cuerpo para que sus apóstoles cimentaran más su fe, y para que estuvieran seguros de que al cumplir sus preceptos también serían resucitados. Esta es la esencia de la que nos habla el padre Rodríguez, la esencia de la religión cristiana.

¿Cuál es la importancia de la resurrección para la Iglesia católica?
Para la Iglesia católica y para todo el cristianismo, el domingo de resurrección es la solemnidad más importante que tiene la Iglesia a través de todo el año litúrgico, en forma tal que ese domingo día de resurrección nosotros celebramos el núcleo de nuestra fe. Fuera de ese domingo no hay un domingo más importante en el año, y es tan importante que la fiesta de resurrección, es decir la fiesta de pascua, se prolonga por un periodo de 50 días, como si fueran 50 domingos seguidos, en los que vamos a estar proclamando la verdad más importante de los cristianos: Jesucristo ha resucitado de entre los muertos, según las escrituras, y como dice el apóstol San Pablo: “Si Jesucristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe, estaríamos defraudados y seríamos los hombres más infelices, pero como Jesucristo ha resucitado nuestra fe tiene sentido”.

Entonces, ¿no es el domingo de resurrección cuando termina la festividad de Semana Santa?
El domingo de resurrección es el culmen de la Semana Santa, pero empieza la celebración de la Resurrección del Señor, que va a durar 50 días, y esos 50 días, en la liturgia católica se llama la cincuentena pascual, es decir 50 días en la que vamos a proclamar la verdad más importante que es la resurrección de Jesucristo.

¿Cómo celebran ustedes el domingo de resurrección?

Nosotros (en la iglesia Don Rúa) tendremos celebraciones eucarísticas, de las seis de la mañana hasta las siete de la noche, es decir un horario como el día domingo, y le damos muchísima importancia porque creemos que el domingo es más importante que el Jueves Santo, el Viernes Santo, y que todos los otros días, es decir, no hay día más importante que el domingo de pascua.

¿Habrá procesión?

Aquí en la parroquia nosotros no tenemos procesión, pero sí en muchísimas partes, en los departamentos y en otras parroquias se hace la procesión llamada de la resurrección del Señor. Y está procesión es en contraste con todas las procesiones anteriores, porque en las anteriores se había centrado la atención en la pasión y en la muerte de Cristo; en cambio, el domingo de resurrección es todo alegría, ya no hay ninguna tristeza, porque se manifiesta el triunfo de Jesucristo sobre la muerte y sobre el pecado. Nosotros consideramos que el triunfo de Cristo es nuestro triunfo, y que la resurrección de Jesucristo es nuestra resurrección.

¿Cómo eran las celebraciones cuando usted era niño?

El domingo se celebraba la resurrección de Jesucristo, pero lo que eran las celebraciones se hacía Sábado por la mañana, de la pascua, por eso se decía Sábado de Gloria; hoy ya no se dice Sábado de Gloria, porque la liturgia ha cambiado y ha puesto las cosas en su puesto.

¿Desde cuándo cambió?
Desde el Concilio Vaticano II, hace 40 años. Yo estaba pequeño.

¿Dónde vivió usted su niñez?
Yo vivía en Costa Rica.

¿Es usted costarricense?
Sí, y en Costa Rica las costumbres son semejantes a toda esta región, con procesiones, con manifestaciones externas de fe; son días de mucho respeto, son días de meditación, de reflexión, y ya la gente tiene en sí ese concepto.

¿Hay alguna diferencia de cómo es celebrado el domingo de resurrección en El Salvador con otros lugares?

Aquí en la región de Centroamérica es muy semejante; la celebración es más o menos la misma.

¿Habrá alguna reminiscencia indígena en la celebración de Semana Santa?
La Iglesia, en su liturgia ha celebrado la esencia de la resurrección de la misma forma; lo que puede cambiar son las tradiciones de los pueblos, y mientras se conserve la esencia de la verdad, que es la resurrección de Jesucristo, lo demás son costumbres populares propias de cada una de las regiones, pero eso no varía la esencia de la celebración, que es la resurrección Cristo.

Padre Óscar Rodríguez, de la iglesia María Auxiliadora, Don Rúa, en San Salvador.

¿Considera que se ha perdido el fervor religioso para estas fechas?
Yo creo que el fervor de la Semana Santa no se ha perdido, lo que tendríamos que ver es si este fervor, que se manifiesta en los pueblos, o esta manifestación externa de la celebración de la Semana Santa, corresponde a la vida que se lleva. Tendríamos que preguntarnos si hay coherencia entre lo que yo creo y celebro, y la vida que llevo, porque no siempre la celebración externa de las personas corresponde a la vida que llevan; entonces sí es un cuestionamiento profundo.
Nosotros estamos acostumbrados a celebrar la Semana Santa, pero para muchas personas es una tradición, es una celebración más, pero el hecho de celebrar los grandes misterios de nuestra redención, que son la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo, debe cuestionar nuestra vida cristiana, porque el sacrificio de Cristo fue por cada uno de nosotros, y vale la pena que se responda con amor a quien es amor, y Jesucristo es el amor de los amores, y merece que a Él se le responda también con amor, es decir dando una respuesta positiva a lo que Él ha hecho por nosotros.
Lastimosamente, hay muchas personas que quizás se olvidan de Cristo. Hubo una parte en la pasión de Jesucristo que se leyó el Domingo de Ramos donde Jesús dijo a sus discípulos: “¿No habéis podido velar conmigo una hora?”, es decir: no han apartado un tiempo ustedes para estar conmigo, y el mensaje es que ese reproche de Jesucristo a sus discípulos podría ser el reproche para muchos cristianos de hoy día, que han pasado toda la Semana Santa sin acordarse de Dios, sin dedicar una hora al Señor. Por eso tendríamos que preguntarnos si en este tiempo que ha pasado ya de Semana Santa hemos dedicado algún tiempo a Dios; si alguien no ha dedicado un tiempo a Dios, ahora empieza la pascua, domingo de resurrección, comienza el tiempo pascual, y es una ocasión propicia para morir al pecado y resucitar a una vida nueva, porque resurrección es vida nueva, es una nueva forma de ser, una nueva forma de actuar, mirando no ya al pasado, las tinieblas, sino mirando hacia la luz que es Cristo, y Cristo es resurrección y vida.

¿Si Jesús no hubiera resucitado sería inútil su fe?

Exactamente, esa es la afirmación del apóstol San Pablo. Todas nuestras creencias, todas nuestras prácticas religiosas, todo el esfuerzo cristiano por ser bueno, por practicar los valores, por acercarnos al prójimo, adquieren sentido en la resurrección de Jesucristo. Si Jesucristo no hubiera resucitado, nos dice el apóstol San Pablo, vana sería nuestra fe, y por lo tanto seríamos los más infelices, los más desdichados, pero como Jesucristo resucitó, Él es nuestra esperanza, y todas las aspiraciones de vida eterna adquieren sentido en la resurrección de Cristo.
Esto es muy importante, todas las aspiraciones cristianas tienen un sentido en la resurrección de Cristo, porque cuando Jesucristo murió en la Cruz, las expectativas de sus discípulos y de muchas personas fueron desanimarse porque vieron que el Maestro había muerto, pero todo esto cobra vida el domingo de resurrección.

 


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