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27
de marzo de 2005

El
camino del cine salvadoreño les sigue pareciendo solitario,
surcado
de muchos obstáculos, sobre todo los económicos.
Pero tres creadores
están decididos a cruzarlo con sus tres propuestas
de largometraje.
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Quienes
están a cargo de los tres proyectos de cine más
grandes que por ahora se vislumbran en El Salvador no tienen
reparos en hablar del séptimo arte; tampoco los tienen
para revelar que viven, respiran y sueñan cine. Esto
último es lo que más hacen.
David Calderón, el cineasta que llegó a consagrarse
con el largometraje Los peces fuera del agua,
se refiere al cine como una debilidad. Y siempre que se vuelve
un realizador se siente como la palabra: realizado.
El semblante serio de Noé Valladares se relaja cuando
se le lanza la pregunta simple, pero para él inspiradora:
¿Por qué se siente tran atraído por hacer
cine? Porque es una forma de expresarse, un escape para transmitir
ideas, pasiones y sentimientos.
A Rolando Medina López, emprender un proyecto cinematográfico
lo hace sentirse optimista, creyente de que con esfuerzo filmar
un largometraje puede lograrse tarde o temprano. Y ¿por
qué apostarle al cine?, porque lo lleva muy adentro
e incluso llega a llamarlo invento endemoniado.
Sus proyectos no son recientes y han pasado ya algunos años
desde que se pusieron en lista de espera. El libreto De
la misma sangre, de David Calderón, busca financiamiento
desde 1999 y aún no ha encontrado a alguien que decida
invertir en su largometraje.
14 abriles locos, de Noé Valladares, lleva
cinco años de ires y venires, desde la elaboración
del guión hasta su presentación en festivales
internacionales, de esos donde se reúnen coproductores
de varios países para conocer libretos y financiar
los que les resulten más atractivos.
El guión de Ulises con y, de Rolando Medina
López, pasa ahora por una revisión y quizás
vuelva a escribirse. Pero la coproducción que su director
ha gestionado con México y Estados Unidos abre posibilidades
para que sea filmada antes de que en el 2006 cumpla los cuatro
años como proyecto.
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| Imágenes
de El cuento de lo que quiero y no quiero,
basado en la obra de Salarrué. Este es parte de
los seis proyectos de dibujos animados que tiene el Museo
de la Palabra y de la Imagen. |
El
mismo panorama
Héctor Sermeño, historiador y crítico
de cine, considera que las grandes limitantes para desarrollar
el séptimo arte en El Salvador siguen siendo las mismas
de décadas pasadas. Los creadores se siguen enfrentando
a la falta de dinero y de personal técnico y actoral
especializado.
Aunque la gente apasionada, cree él, ha hecho que desde
1901 en un desierto cinematográfico tan árido
se hayan realizado unos 1,200 trabajos, desde cortos de un
minuto hasta largometrajes de dos horas.
A su juicio, todo se hizo ya en este país, sin presupuestos
y sin apoyo, sólo con las ganas y la capacidad de los
luchadores. El momento más grandioso fueron los 12
años de guerra. De esa época se conocen unas
200 producciones, la mitad de ellas largometrajes.
En años recientes las producciones nacionales no han
parado. Cada año se hace una veintena de documentales
gubernamentales y empresariales, subraya Sermeño.
Se cuentan los cortos y los documentales producidos por la
Universidad de El Salvador y por la Fundación para
la Promoción del Cine Cultural Salvadoreño (Fundacine)
y los de la Universidad Centroamericana José
Simeón Cañas.
El Museo de la Palabra y de la Imagen (MUPI) trabaja ya en
la grabación de seis historias animadas basadas en
la obra Cuentos de cipotes, de Salvador Salazar
Arrué (Salarrué), y tiene entre sus proyectos
a largo plazo una cinta basada en la obra del mismo escritor
y un corto sobre la danza de los historiantes.
Contraluz producciones, integrado por un grupo
de periodistas graduados de la Universidad de El Salvador,
edita en la actualidad el cortometraje La honra,
una adaptación de uno de los Cuentos de barro,
también de Salarrué.
Estas propuestas son ejemplos de que hay gente con pasión.
Pero ¿cuál es el panorama que se avecina en
el campo cinematográfico? Sermeño piensa que
siempre habrá luchadores tratando de producir. ¿Que
de dónde van a sacar el dinero?, quizás lo pongan
ellos, porque la vocación los llevará a creer
en sus ideas.
Por ahora, el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura)
no puede más que prometerles talleres para que intercambien
experiencias con productores internacionales, y dar el aval
institucional a sus proyectos para que busquen financiamiento
con coproductores extranjeros y empresarios salvadoreños.
Para Federico Hernández, presidente de Concultura,
el cine es una herramienta de desarrollo económico
y da sentido de pertenencia y autoestima a los pueblos. A
sus manos han llegado propuestas maravillosas, pero el interés
por invertir en esta rama aún sigue sin movilizar a
los empresarios.
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Juana
y la amiga en uno de los momentos de grabación
del cuento La honra, de Salarrué.
Este cortometraje está en la postproducción.
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De
1979 a 1992 se crearon en El Salvador unas 200 producciones
sobre temas relacionados con la guerra.
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De
la misma sangre
El cine requiere trabajo, sudor, gritos y llanto,
dice David Calderón. También necesita de
mucha paciencia y hasta de sueños, esos que lo
llevan a imaginarse un día en la realización
de su largometraje.
¿Qué tan difícil es hacer cine en
países como El Salvador?
Es más difícil que en cualquier otra parte,
sobre todo porque no hay recursos y de esa forma el cine
está condenado a desaparecer.
¿Por qué cree que los empresarios nacionales
no ponen sus ojos en el cine?
La producción cinematográfica necesita de
distribución y mientras no esté resuelta,
la recaudación es bastante dudosa, insegura.
De la misma sangre ha recorrido mucho camino
sin encontrar financiamiento.
Es un proyecto ambicioso y costoso. El presupuesto anda
por un millón de dólares; esto es nada para
Hollywood, pero nosotros no tenemos un centavo.
¿Qué están haciendo entonces para
encontrar el financiamiento?
Ahora estamos pensando en interesar a coproductores de
países como Francia, España y Suecia para
que nos resuelvan la distribución a nivel mundial.
¿Cuál es el argumento De la misma
sangre?
Está basada en la obra del escritor salvadoreño
Carlos Velis. Se da en el contexto de la guerra civil,
y aborda la historia de dos grandes amigos, uno guerrillero
y el otro soldado, que al pertenecer a bandos distintos
llegan a separarse.
¿Hacia dónde cree usted que se encamina
el cine nacional?
El panorama es bastante triste, el gobierno es indiferente,
y el cine es un proyecto muy ambicioso. Como quiera que
se mire deben haber inversionistas. |
14 abriles locos
Si para Noé Valladares el cine es como un escape
para expresar ideas y sentimientos, con su largometraje
presentará la otra cara de las pandillas.
Este creador llama audacia a la posibilidad que ofrece
su guión, de ir adentro, y mostrar que los pandilleros
también son humanos, que pueden amar.
Cinco años de trabajo: investigando el tema, elaborando
el guión (a cargo del cubano Humberto Jiménez)
y enviándolo a festivales de coproducción
en España y México para buscar financiamiento,
no han bajado sus ánimos.
Habla del argumento con intensidad. Trata de un joven
que lucha por salirse de la mara, y en medio de ese conflicto
llega a enamorarse. Al final queda de fondo una
reflexión colectiva de las personas que viven en
violencia, dice Noé.
Por ahora han invertido el 27% de los 800 mil dólares
que costaría el largometraje de 90 minutos. El
resto aún sigue en la búsqueda, 30% a nivel
internacional y el 25% es solicitado en El Salvador.
Pero esos porcentajes no han llegado aún. Hace
unas semanas ni siquiera pudo obtener un par de boletos
que solicitó a una aerolínea para asisitir
a un encuentro de coproductores en Guadalajara, México,
donde su libreto había sido elegido para participar.
Siin embargo, él no habla del mismo discurso de
la falta de apoyo. Y para qué quejarse de
algo tan común, considera. A los empresarios
no les viene el dinero del cielo, cree, y si Concultura
le da para su cinta se queda sin presupuesto.
Mejor prefiere seguir en la famosa búsqueda. También
se imagina una película de gran público;
que tenga pasión, aventura y comicidad. Quiere
contratar personal técnico de Centroamérica
y combinar actores salvadoreños con otros más
fogueados, quizás de Cuba y de México. |
Ulises
con y
Rolando Medina López se siente un optimista irremediable
con su proyecto de largometraje. Una buena historia
tarde o temprano encuentra el dinero, refiere.
Detrás de un sí de las actrices mexicanas
Patricia Llaca, Ana Serradilla, y del actor cubano Jorge
Perugorría, quienes podrían actuar en su
película, ha recibido muchos no y ha tocado puertas
que nunca se le han abierto.
Eso no le quita el sueño, pues cree que la producción
cinematográfica es difícil en cualquier
parte, más aún con cines mergentes como
el de El Salvador.
Su proyecto surgió en el 2002, como una idea más
sin saber a dónde lo iba a llevar. La dejó
descansar y después le siguió pareciendo
interesante.
Ulises con y es la historia de un hombre que
al salir de la cárcel redescubre un El Salvador
diferente del que había dejado cuando fue condenado.
Un contraste del país de guerra y el de posguerra.
El hombre también lucha por conseguir el perdón
de su familia que lo cree culpable de haber asesinado
a su propio padre. Allí hay una mezcla de
imaginación, recuerdos y hasta fragmentos de mi
vida, detalla Medina López.
Ahora su libreto pasa por una revisión y si todo
va bien piensa filmar a partir de enero del próximo
año. Dice haber conseguido apoyo para la posproducción
con los estudios Churubusco de México y ya ha firmado
un convenio con una distribuidora estadounidense.
Él cree que lo más duro de hacer cine en
El Salvador no es la falta de recursos económicos,
sino la incredulidad de la gente. Sueña con que
un largometraje llegue un día a exhibirse con honores
en la pantalla, y a lo mejor detrás de él
comience a llegar esa cascada de apoyo. |
El
séptimo arte tiene pasado
La historia del cine no miente. Eduardo Suvillaga, encargado
de audiovisuales y documentales de canal 10, detalla que
el primer largometraje nacional, Águilas
civilizadas, se filmó en 1929 y fue dirigido
por los migrantes italianos Virgilio Crisonino y Alfredo
Massi.
Documentales, mediometrajes y largometrajes se siguieron
produciendo en los años posteriores. Entre éstos
sobresale Los terceros juegos olímpicos centroamericanos,
de 1935, considerado hoy como el primer documental más
completo.
De 1945 a 1970 se produce cine con capital salvadoreño,
se traen actores de México y Estados Unidos y se
filma en locaciones nacionales largometrajes como El
pirata negro, Cinco vidas y un destino
y Sólo de noche vienes.
Durante esos años también aparece Alejandro
Cotto, con su cortometraje El rostro, y David
Calderón, con Los peces fuera del agua,
al que Héctor Sermeño califica como el filme
salvadoreño más universal de todos los tiempos.
A partir de 1973, con el nacimiento de la Televisión
Educativa, el cine y el video tuvieron mucho auge en el
país. Suvillaga recuerda que en ese tiempo se trabajaron
siete películas en formato de 16 milímetros
y un número incalculado de cortos y documentales.
Sin duda, el momento más glorioso para el cine
salvadoreño, explica Héctor Sermeño,
fue el periodo de guerra. Las producciones de esa época
acumularon más de 40 premios internacionales. |
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