27 de febrero de 2005

Maythe Morán es una salvadoreña que se fue como inmigrante a Estados Unidos, y en pocas semanas se convirtió en la directora creativa de una empresa norteamericana. ¿Cómo lo logró? Con valentía y magia, dice ella.

Tania UrÍas
Fotos Arely Umanzor


“No me gusta que me controlen, que me pongan límites...”, dice Maythe mientras se acomoda más de una docena de pulseras que hacen ruido cuando habla.

Vestida toda de negro, luce tantas pulseras como le caben en sus delgados brazos. Lo primero que impresiona es su aire exótico y su apariencia frágil y delgada; su peso no supera las 93 libras.

Al conocerla, de inmediato cautiva la soltura que muestra al hablar y la seguridad que proyecta. Mientras habla, mueve sus manos con inquietud.

No son los nervios, eso es claro, sino su necesidad de moverse. Estarse quieta no es una de sus virtudes, como ella misma aclara.

De hecho, desde niña ha tenido —el defecto dice ella; la virtud, diríamos nosotros— de no quedarse quieta ni un momento; parece incluso que está viviendo demasiado de prisa.

Tiene 27 años, y ya es la directora creativa de Whitehaus Collection, empresa dedicada a la elaboración de artículos de cocina y de baño, como lavamanos, lavatrastos, chorros, bañeras y otros similares en Conectitut, Estados Unidos.

Además es la responsable del mercadeo de la empresa, cuyos artículos son de un lujo tal que bien se puede encontrar un lavamanos de tres mil dólares que toca música o cambia de color cuando cae el agua.

Y ahí está Maythe Morán, que hace tres meses no sabía nada de chorros, que nunca había tenido contacto con el diseño gráfico estadounidense, tan distinto al que estudió en la Escuela de Diseño de la Universidad Matías Delgado.

“Yo en realidad quería ser pediatra”, dice. Fue su hermano Joel, cinco años mayor que ella, quien la empujó a elegir esta carrera.

Su hermano falleció en un accidente en el mar, cuando Maythe tenía 16 años y antes de que comenzara la carrera, quizá por eso ella cumplió el deseo de Joel.

Y su hermano no se equivocó. Desde el primer día Maythe se sintió profundamente identificada con la carrera, misma que hoy es su pasión.

Una inmigrante más

Fue sin duda esa pasión la que la llevó a ocupar este cargo que hoy la enorgullece tanto. Sin embargo, llegar a residir en Estados Unidos no es una opción que Maythe contemplara para su vida. “Fue el destino que me mandó hasta allá”, aclara.

Y es que mientras estudiaba conoció a través de la internet a su actual esposo Robert, un estadounidense que quedó prendado de ella hasta el punto de visitarla seis meses más tarde y luego de largas horas de conversación
cibernética.

Al año se casaron y vivieron primero en El Salvador y luego en Estados Unidos, junto a Robert Joel, hijo de ambos y hoy de dos años.

Los estudios de su esposo los obligaron a regresar a Estados Unidos. Maythe se fue en calidad de turista con una visa de seis meses y luego obtuvo la residencia.

Maythe también se encarga del marketing y tiene la responsabilidad de cerrar contratos de miles de dólares con revistas especializadas.

Allá vivió como inmigrante y aunque sabía el idioma, había muy pocos latinos y el hecho de ser extranjera le dificultó las cosas. “Cuando buscaba empleo me miraban desconfiados, como si fuese ilegal”, recuerda.

Seis meses tardó en obtener un trabajo en una tienda por departamentos. Por diez dólares la hora, Maythe colocaba etiquetas a los productos de oferta en el almacén.

En esos ires y venires nunca dejó de aplicar en ofertas de empleo donde se solicitaban diseñadores gráficos. Aunque ni siquiera la llamaban para entrevistarla, ella no se rendía. “Nadie nunca me llamó, y yo pensaba que era porque no cumplía con los requisitos, no porque no fuera capaz...”, recuerda.

Dos días después de aplicar a Whitehaus Collection, la tarde de un viernes a principios de enero de 2005 recibió la llamada que esperaba.

“El dueño, que es israelita, me dijo que ya había visto 40 currículos. Me había escogido a mí porque quería a alguien que no fuera (norte)americano, alguien que tuviera un estilo distinto”, dice.

Comenzó el lunes siguiente su primera semana de prueba; tres días después la contrataron y dos semanas más tarde le dieron el puesto de directora creativa. ¿Cualquiera puede lograr esto? ¿Cuál es la clave?, le preguntamos.

“La clave es no tener miedo y ponerle magia a la vida”, dice convencida. Y luego explica como es una apasionada de las hadas y sobre todo de las libélulas que usa como sello personal.

“Son mi sello personal porque son los únicos insectos que pueden volar hacia atrás, es decir, regresar o moverse sin miedo de nada”, explica, y luego muestra un tatuaje de libélula que lleva orgullosa en su espalda.

Llámele magia, suerte o casualidad, lo cierto es que esa joven, cuya vida quizá no sea extraordinaria, sí logró en poco tiempo una vida plena y un excelente empleo, simplemente porque no tuvo miedo, como ella enfatiza.

“Son mi sello personal porque son los únicos insectos que pueden volar hacia atrás, es decir, regresar o moverse sin miedo de nada”, explica, y luego muestra un tatuaje de libélula que lleva orgullosa en su espalda..

Unas preguntas

Cuénteme de su diseño, de su estilo.
“Tengo un estilo muy mío. Son ilustraciones que están llenas de letras que casi nadie ve. Ese es mi fuerte: mirar donde nadie ve. Mis diseños están cargados de cosas que muy pocos verán, pero que le dan un sentido único...”.
Y en la empresa, ¿cuál es su trabajo?
“Diseñar anuncios que van a ir a revistas especializadas de diseño de interiores en todo el país; además reviso el producto, e incorporo el marketing con lo creativo, incluyendo información cultural... Diseño los logos para toda la línea de productos de la empresa...”.
¿Ser latina le ayudó a obtener el empleo?
“El diseño (norte)americano tiene un montón de huecos; no hay un concepto detrás. En cambio, ser latina me permite tener otro estilo al diseñar. Nuestro diseño es distinto; la escuela de la Matías nos enseña que si usted hace un logo o diseño tiene que fundamentarlo, dar las razones de peso por lo que lo puso ahí... y sí creo que mi estilo y mi origen me ayudaron...”.
¿Cualquier salvadoreño puede lograr lo que usted ha logrado? ¿Cuál es la clave?
“La clave es no tener miedo. Yo no tuve miedo de contestar cuando me preguntaron si podía; hay que estar seguro de ser capaz de hacer lo que nos piden. Claro que el conocimiento es fundamental, o sea tener las herramientas profesionales y además la seguridad de sentirnos capaces”.
¿Cuánto gana ahora? Veinticinco dólares la hora, pero a mí no me importa ganar lo que sea con tal de entrar al diseño. Sé que es una oportunidad única la que tengo...

 

 


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