23
de octubre de
2005
El pueblo de la tribu Leví
Sus
colegas les llaman la tribu de sacerdotes y
a su tierra el pueblo sacerdotal. Ellos han
elegido las sendas de Dios y han hecho que San Francisco
Chinamequita sea el municipio con más misioneros
en La Paz.
También
les dicen que fueron cortados con la misma tijera, o con el
mismo cuchillo. Casi todos parecen de la misma estatura, tienen
el pelo lacio, la piel morena y sus ojos son negros y achinados.
Originarios
de un pueblo donde los rasgos indígenas aún
pesan fuerte. Una región más bien fantasma,
con un solo acceso y una sola calle en el centro. Enclavado
sobre una loma, bordeado de espesos cerros, donde al parecer
la vida carece de sobresaltos.
En esa
comarca tan aislada, a pesar de distar sólo 35 kilómetros
de San Salvador, ha germinado la semilla de la vocación
religiosa. De allí han surgido siete sacerdotes y cuatro
seminaristas, el mayor número que hasta ahora ha tenido
un municipio del departamento.
Ellos
lo saben, pues suelen comentarlo cuando asisten a los convivios
pastorales. Ustedes son la tribu de Leví (como
la que fue designada para colaborar en el templo, según
el antiguo testamento), les ha bromeado más de
una vez el obispo de Zacatecoluca, monseñor Elías
Bolaños.
Ellos
se sienten orgullosos de eso y de mucho más: de vestir
sus ornamentos sacerdotales, de visitar comunidades rurales
para transmitir la palabra y a veces también llevan
alimento a los más necesitados.
Algunos
de los que se han ordenado como sacerdotes dejaron de ser
cercanos en el pueblo y se convirtieron en vecinos parroquiales.
Dirigen iglesias en San Pedro Masahuat, en San Antonio Masahuat,
en Villa Palestina... y de vez en cuando coinciden en sus
labores religiosas y comunitarias.
Como una
mañana reciente. El padre Santos Martínez, de
la iglesia de San Antonio Masahuat, y el padre Cristóbal
Cruz Pérez, de la parroquia Astoria y Villa Palestina,
se encontraron en el cantón El Achiotal, en un punto
donde las casas fueron derribadas por el desbordamiento del
río Jiboa.
Uno llevó
los alimentos donados por su feligresía y el otro acompañó
a las 20 familias que habían quedado sin sus viviendas.
Esa ocasión se estrecharon las manos, allí rodeados
de la gente necesitada, y recordaron que desde el día
en que se ordenaron juntos han transcurrido ya nueve años.
Un año
después de ellos se recibió el padre Rigoberto
Nieto Martínez, actual encargado de la iglesia de San
Pedro Masahuat. Y siete años más tarde, los
sacerdotes Zacarías Martínez, de la diócesis
de Sonsonate, y Ricardo Cortés, párroco de ocho
cantones y 37 caseríos en la zona del Bajo Lempa.
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| Fieles
de Santa Cruz Porrillos, parroquia a cargo del padre Ricardo
Cortés. |
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| Hace
una semana, los padres Cristóbal y Santos se reunieron
en el cantón EL Achiotal. |
Dos jóvenes
más pasan por el seminario mayor. Carmen Gordiano,
que recién vino de cursar estudios en Roma y está
a punto de obtener su diaconado, y Justino Gordiano, que partió
hace unos días a España para completar su proceso
como sacerdote.
El diácono
Óscar Pérez, vicerrector del seminario menor,
está a un paso de vestir sus ornamentos sacerdotales.
Y entre el grupo de diez muchachos que él guía,
procedentes de todo Zacatecoluca, está Adrián
Rodas Martínez, el más joven de los hombres
con vocación de San Francisco Chinamequita.
Un
pueblo fervoroso
El padre
Porfirio Martínez, quien ahora reside en Estados Unidos,
fue el primer hombre del municipio que ofició una misa,
luego de ordenarse en 1972. Y más tarde sirvió
de inspiración a otros.
Algunos
no saben explicar por qué su tierra ha sido fuente
de vocación religiosa. Otros, como el padre Cristóbal
Cruz Pérez, lo atribuyen a una bendición de
Dios y al testimonio de los sacerdotes que ellos han admirado.
Además cree en una afirmación de la iglesia
primitiva. La sangre de los mártires es semilla
de nuevos cristianos, señala. Su vocación
surgió en pleno apogeo de monseñor Óscar
Arnulfo Romero, una época de denuncia profética
y mensajes en favor de los pobres.
Él
y el padre Santos crecieron jugando a oficiar una eucaristía
y se hicieron catequistas cuando todavía eran adolescentes.
También fueron testigos, durante los sucesos de guerra,
de la muerte de unos 20 catequistas que ellos habían
visto enseñando la palabra.
El obispo
de Zacatecoluca, monseñor Elías Bolaños,
cree que esa inclinación por pastorear una iglesia
puede tener su origen en una comunidad muy devota y fervorosa,
donde las fiestas patronales en honor de San Francisco de
Asís son muy sentidas por los fieles.
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| San
Francisco Chinamequita se ubica a 35 kilómetros
de San salvador. Su iglesia pasa por una reconstrucción.
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El párroco
del templo del pueblo desde hace más de diez años,
Abelardo Beltrán, y su trabajo pastoral juvenil han
servido de inspiración para los más jóvenes.
Él me ayudó a relacionar las sensaciones
que vivía en la iglesia con el servicio de un misionero,
recuerda el padre Ricardo Cortés.
Aunque
no deja de parecerme un suceso extraño, considera
monseñor Elías Bolaños. Si se toma en
cuenta que los pueblos indígenas, como sucede con los
de Guatemala, no son semilleros de decisiones sacerdotales.
Se da más una tendencia marcada hacia el matrimonio,
opina el religioso.
Pero de
algo sí está seguro. Los sacerdotes de este
municipio, igual que los de otros puntos de Zacatecoluca,
parecen haber tenido el mismo estílo de vida y los
mismos recursos. Ellos provienen de familias pobres,
numerosas y con mucha vivencia cristiana, dice.
Lo cierto
es que mientras San Francisco Chinamequita sea el lugar con
más pastores católicos, a ellos se les seguirá
llamando la tribu de sacerdotes. No faltará
algún bromista que vuelva a decirles: Escogieron
ese camino porque hay pocas muchachas bonitas en el pueblo.
Eso no es cierto; se trata de pura vocación,
dice entre risas el padre Cortés.
| En
labios de los pastores |
El
sacerdocio debe tener un sentido profundo de sacrificio,
sin creerse un héroe y sin sentirse una víctima.
Para ser sacerdote hay que asumir el papel de padre,
no de padrastro ni de capataz ni de funcionario.
A la feligresía hay que guiarla espiritualmente,
pero también hay que darle el alimento físico,
porque de nada sirve ofrecerle la palabra si tienen hambre
en su estómago.
Un sacedote debe estar en constante comunicación
con Dios, sino de lo contrario se convertirá en
una ONG: muy dinámico pero con falta de oración.
Es una experiencia muy humana el sentirse solo;
sin embargo, nosotros contamos con una riqueza de compañía
porque podemos estar cerca de todo el pueblo. |
Decisión
de siete noches de desvelo
El padre
Ricardo Cortés, encargado de la parroquia San Nicolás
Lempa, lleva la palabra a ocho cantones y 37 caseríos.
En esa misión, cada semana se sube a una canoa para
llegar a una isla. Es que el sacerdocio es estar en
las relaciones humanas, refiere.
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¿Ser
joven en este pueblo le ofrecía buenas perspectivas?
Cuando yo estudiaba ni siquiera había bachillerato.
Parecía que las aspiraciones académicas de los
jóvenes terminaban con el noveno grado. Pero yo nunca
vi la imposibilidad de convertirme en sacerdote.
¿Qué lo motivó a seguir el sacerdocio?
En primer lugar la presencia del padre Abelardo Beltrán
en la parroquia del pueblo. Él me ayudó a relacionar
lo que vivía en la iglesia con el sacerdocio.
¿Y entonces un día se dijo voy a ser pastor
de la iglesia?
Tenía 20 años, y había tres cosas
que yo me debatía pensando. Una era la difícil
situación económica de mi familia, pues ese
camino no iba a rendirme económicamente a mí
ni a ellos. Además, tenía una novia a la que
me era difícil dejar y el cantón donde yo vivía
(Concepción Los planes) era una comunidad desgajada
de la fe.
¿Cómo fue el momento en que tomó la
decisión definitiva?
Me costó siete noches de desvelo. A esas horas
me sentaba en el corredor de la casa, tomaba la Biblia, el
rosario y me ponía a meditar qué iba a ser de
mi vida a la luz del Evangelio. La última noche, a
las tres de la madrugada, ya lo había decidido.
| Seminaristas |
Carmen
Gordiano (seminarista mayor a pocos días de ordenarse
como diácono).
Justino Gordiano (seminarista mayor que completa sus estudios
de sacerdocio en España).
Rafael Armando Cardona (seminarista mayor que hace su
pastorado en la parroquia San Nicolás Lempa).
Adrián Rodas Martínez (seminarista menor
en Rosario de La Paz). |
¿Cuál
ha sido su trayectoria como sacerdote?
Ingresé el seminario San José de la Montaña
en 1997. Mis primeras prácticas pastorales fueron en
San Francisco Chinamequita.
Los siguientes años estuve en Santiago Nonualco, en
Rosario de La Paz, en Paraíso de Osorio y en San Pedro
Nonualco. Cuando me recibí como sacerdote, el 29 de
mayo de 2004, ya estaba en la parroquia San Nicolás
Lempa.
¿Cuáles son ahora sus sueños como misionero?
Quiero seguir con los fieles, y un día besar las tumbas
de San Pedro y de San Pablo. Y sobre todo luchar por ser siempre
un mejor sacerdote.
Sacerdote
desde la infancia
Sus recuerdos
de infancia lo trasladan a las tardes de catequesis en su
casa, de cuatro a seis, mientras su madre reunía a
los niños del pueblo para enseñarles la palabra.
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¿Dónde
está Dios? En el cielo en la tierra y en todo lugar.
¿Quién es el Papa?, ¿quién es
el obispo?. Esas repeticiones él las oía
todos los días, mientras jugaba, sin necesidad de sentarse
para aprenderlas.
Un día, el padre Cristóbal sorprendió
a su progenitora: Mamá, quiero hacer la primera
comunión. Y a los once años ya se había
convertido en catequista. Tenía su grupo de niños,
a quienes enseñaba a persignarse y a rezar el Ave María
y el Padre Nuestro.
Sentaba a sus discípulos sobre unas piedras y sostenían
sus manos sobre una tabla que hacía la función
de mesa. Allí me sentía realizado,
rememora el padre. Además jugaba a oficiar la eucaristía;
la comunión que daba eran rodajas de guineo y el refresco
de limonada era usado como vino.
Por un tiempo se alejó de los caminos de la iglesia
y sólo volvió atraído por una joven que
integraba el grupo juvenil. Estando allí escuchó
a un seminarista que hablaba de la vocación y sintió
el llamado, a pesar de que su madre le había metido
en la cabeza que el sacerdocio era para los ricos.
Cuando le preguntaron por qué quería consagrarse
a Dios, él respondió que deseaba celebrar la
eucaristía y quería confesar. Mi primera
misa oficiada fue como la primera noche de luna de miel
dice.
En la actualidad atiende ocho cantones en las parroquias Astoria
y Villa Palestina, en San Pedro Masahuat. Hace dos años
vino de España, donde tuvo la oprotunidad de estudiar
una licenciatura en Derecho Canónico.
También es juez auditor e instructor del tribunal eclesiástico
de primera instancia de San Salvador. Aquel niño que
oficiaba la misa en sus juegos ha cumplido sus metas.
| Sacerdotes |
Porfirio
Martínez (1972). Reside en Estados Unidos.
Santos Martínez (1996). San Antonio Masahuat.
Cristóbal Cruz Pérez (1996). Cantón
Astoria y Villa Palestina, San Pedro Masahuat.
Rigoberto Nieto Martínez (1997). San Pedro Masahuat
Ricardo Antonio Cortés (2004). San Nicolás
Lempa, San Vicente y Usulután.
Zacarías Martínez (2004). Diócesis
de Sonsonate.
Óscar González Pérez. Diácono
a punto de recibirse como sacerdote. |
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