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23 de enero de 2005

El
legendario fotógrafo Sebastiao Salgado relata a Tierramérica
sus primeros días a bordo del velero Tara, que inició
una expedición a la Antártida.
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Son algunas de las imágenes más bellas
que he visto en mi vida, confesó Sebastiao Salgado,
legendario fotógrafo brasileño, en referencia
a los paisajes australes que ha captado durante sus primeros
días a bordo del velero científico francés
Tara, que se dirige a la Antártida.
Hemos tenido mucha suerte, pues el clima ha sido magnífico
para fotografiar maravillas del Cabo de Hornos, extremo sur
del continente americano, el estrecho de Drake entre los océanos
Atlántico y el Pacífico, y las islas Shetland
del Sur, Capitán Arturo Pratt y Esperanza, dijo Salgado
a Tierramérica en una entrevista telefónica
vía satélite desde el Tara.
El velero de dos mástiles partió el 5 de enero
del chileno puerto Williams, unos 2,400 kilómetros
al sur de Santiago, en el marco del proyecto Génesis,
que Salgado lanzó en 2004 con apoyo del Programa de
las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Organización
de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia, y
la Cultura.
La meta de Génesis es fotografiar durante ocho años
la cara pura y virginal de la naturaleza y de la humanidad,
resumió el fotógrafo.
El proyecto tiene cuatro capítulos, y el primero, La
creación, busca registrar en zonas aisladas vestigios
del estado natural prístino, con referencia al aire,
el agua y el fuego como elementos generadores de vida.
Esa etapa, en curso, comenzó el año pasado en
las ecuatorianas islas Galápagos, las selvas de Virungas
en República Democrática del Congo y la argentina
punta Valdez, en la costa del Atlántico y unos mil
kilómetros al sur de Buenos Aires, a la que llegan
ballenas a procrear cada septiembre, al comienzo de la primavera
austral.
Los capítulos siguientes serán El arca
de Noé, sobre especies animales que han resistido
la domesticación; Los primeros seres humanos,
sobre grupos sociales que mantienen un modo de vida ancestral,
y finalmente, Las primeras civilizaciones, sobre
los restos más antiguos de asentamientos humanos.
El propósito de nuestro proyecto es educativo
y de protección ambiental. Queremos documentar simultáneamente
la belleza y la fragilidad de nuestro planeta, explicó
Salgado, que se propone culminar estos trabajos en 2011, con
un libro y una exposición itinerante.
El Tara es un velero con dos mástiles de
27 metros de alto, de 26 metros de largo y 10 de ancho, que
dispone de velas de más de 400 metros cuadrados. Un
casco reforzado de aluminio lo protege para viajar entre glaciares.
Hace 15 años que la nave transporta a equipos de ambientalistas.
Con el nombre Seamaster sirvió al legendario
marino neocelandés Peter Blake, representante especial
de la Organización de las Naciones Unidas, asesinado
por piratas en diciembre de 2001 durante una expedición
en la Amazonia. Tras la muerte de Blake fue adquirido por
el francés Etienne Bourgois, quien lo rebautizó
Tara y coordina la expedición actual.
Bourgois dijo a Tierramérica que este viaje con Salgado
sirve también para preparar otra expedición
al océano Ártico, que se prevé realizar
durante dos años desde fines de 2006, para estudiar
efectos del cambio climático sobre los glaciares. El
proyecto se denomina Deriva Ártica y conmemorará
también el Año Polar Internacional en 2007.
A bordo del Tara acompañan a Bourgois y
Salgado varios científicos, que aprovechan la aventura
para investigar y clasificar flora y fauna marinas y de la
Antártida. Uno de ellos es el biólogo marino
Laurent Ballesta, que buceó en las aguas del estrecho
de Drake.
A 30 metros de profundidad, el oleaje es todavía
muy violento, escribió Ballesta en el diario
de la expedición el cinco de enero.
A primera vista, la roca submarina parece desnuda. Pero
a corta distancia nos hemos dado cuenta de que la flora y
la fauna realmente se han adaptado a la fuerza del oleaje
y se adhieren a la roca. Algunos tipos de algas tienen raíces
más voluminosas que sus hojas, añadió.
El Tara se ha detenido en el archipiélago
de Diego Ramírez, donde habitan pingüinos, pelícanos,
albatros y los llamativos pingüinos de penacho amarillo
(Eudyptes chrysocome). En las próximas semanas visitará
las islas de Argentina y la antigua base chilena de Videla,
totalmente ocupada por pingüinos papúa (Pygoscelis
papua) y de barbijo (Pygoscelis antarctica). (Ver infografía).
En la región viven también ballenas y focas,
sobre todo de la especie Leptonychotes weddellii, que pueden
alcanzar profundidades de 600 metros y sobrevivir bajo el
agua más de una hora.
Finalmente alcanzará el norte del mar de Weddell, ya
en plena Antártida, hasta llegar a la isla de la Decepción,
donde la base chilena del golfo del Péndulo fue destruida
por la erupción de un volcán en 1967.
El autor es corresponsal de IPS
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