23 de enero de 2005

La licenciada María Isabel Camarena de Guerrero nos habla sobre la importancia de las reglas dentro del hogar y la escuela, para que los infantes se desarrollen dentro de un ambiente de responsabilidad, buena educación e independencia.

Orsy Campos
Fotos: Maritza Santos



María Isabel Camarena es una sicóloga mexicana casada con el cirujano plástico salvadoreño Mauricio Guerrero Arias, la persona responsable de que ella se radique en El Salvador a partir de este año 2005.

Aunque ya había visitado el país anteriormente, para capacitar e impartir cursos y talleres en diferentes empresas y a docentes, ahora le tocará vivir, disfrutar y sufrir del trópico salvadoreño durante un tiempo indefinido.

Vestida impecablemente, con una excelente combinación de estilos y colores suaves en su ropa, así como en sus alhajas, ella tiene la apariencia de una actriz de cine europeo: parece una estrella alemana de los años treinta.

María Isabel Camarena es una mujer atractiva, con unos bellos ojos azul-verde. Dependiendo de la luz, el maquillaje y la ropa que use, así cambia el color de sus ojos, asegura ella. Además de su apareciencia física, destaca la mujer inteligente, independiente y con carácter, segura de sí misma y con alto nivel humano.

En el país seguirá desempeñando su profesión, será asesora de la Editorial Santillana, impartirá clases en la Universidad Tecnológica y existe la posibilidad de que tenga un programa de orientación en el canal ocho, además de ejercer en su clínica particular.

María Isabel se ha especializado en la sicoterapia Gestalt (ver recuadro), y también tiene una experiencia de casi diez años en educación infantil. Y este es el tema que se abordará en esta entrevista, tomando en cuenta que en el país recién ha comenzado el año escolar.

Escudriñando su personalidad
• Su primer trabajo
Profesora de educación especial de 1º a 3º de primaria.
• Cómo se enfrenta al estrés laboral
Va a terapia sicológica, hace ejercicios, practica yoga y usa incienso.
• Ha castigado alguna vez a sus hijos
“Claro que he dado nalgadas, pero sin enojos, porque si no, yo pierdo”.
• Sus virtudes
Es carismática, expresiva, constante, perseverante, estudiosa, fiel con sus valores, creencias y pareja.
• Sus defectos
Es impulsiva, impaciente “con mis cosas, con los pacientes tengo todo el tiempo posible”, y es perfeccionista.
Muchas veces, como el 70 por ciento de las veces, el problema del “niño” no es de niños, sino el mal manejo conductual de los padres.

¿Cuál es su experiencia en cuanto a la educación y la sicología infantil?
Lo he trabajado en forma individual y en grupo. En lo individual me han remitido niños de la escuela por déficit de atención, por hiperactividad, por trastornos de conducta, problemas de la escritura y de aprendizaje.
Lo primero que hago es una entrevista, una historia clínica con los padres, donde se investiga desde si el niño fue planeado, cómo fue el embarazo, y todos los antecedentes antes y durante el nacimiento, y cómo fue su desarrollo la actualidad. Así como la relación familiar, de pareja, si hay hermanos, cómo ha sido la relación, si ambos padres trabajan, quién cuida el niño, cómo están las reglas establecidas en casa, todo un historial de cómo está este chiquito. Después todo mi trabajo se basa en la terapia de juego y nos hacemos amigos. Al conocernos viene la evaluación para hacer el diagnóstico.
Muchas veces, como el 70 por ciento de las veces, el problema del “niño” no es de niños, sino el mal manejo conductual de los padres. Que no hay establecimiento de reglas, que noy hay acuerdos entre madre y padre de cómo educar al niño, de que la dinámica familiar está alterada porque hay conflictos entre los padres, entonces este niño es un receptor de todos esos problemas; entonces por llamar la atención para que los padres no sigan peleando se hace pipí, se muerde las uñas, golpea al compañerito de la escuela, no pone atención en clases, etcétera.
También hago un sondeo neurológico. Si hay daño cerebral lo remito a especialistas, a neurólogos, pediatras, siquiatras, para seguir un tratamiento, y al estar medicado el niñito yo trabajo con él, diseñando las estrategias de aprendizaje o conductual.

¿Qué diferencias ve entre la educación de hace 20 ó 30 años con la actual?

Antes eran las reglas bien establecidas. El niño no podía hacer lo que él quería. No sé si a ti te tocó, que tu mamá o tu papá con la simple mirada tú sabías lo que tenías que hacer. Ni necesitaban decir nada. Ahorita qué pasa con la sicología nueva, hay una revoltura desde los noventa. Empieza la sicología: deja ser libre a tu hijo, lo vas a traumar, no le pegues, no le grites, o sea libertad. Los padres entienden erróneamente esta transmisión, o a lo mejor es transmitida erróneamente.
Entonces ya no hay reglas, el niño puede hacer lo que quiera, se puede dormir a la hora que quiera; si quiere hacer tareas la hace o si no, no la hace, puede interrumpir la conversación de los adultos. Entonces está tomando la autoridad, y los padres están viviendo alrededor de lo que el niño dice, hace o quiere.
En estos quince años que ha sido la revoltura de los niños “precoces”, “hiperactivos”, hay una disyuntiva de que hay niños normales que no tienen ninguna lesión, son normales, pero son mal educados... no hay reglas... ni en la casa ni en la escuela. Y hay otra que sí hay niños con lesión cerebral que viene el déficit de atención, se llama TDHA: trastorno del déficit de atención, con hiperactividad o sin ella.
En México hay un problema frecuente: que todo niño inquieto, desordenado o majadero creen que tiene TDHA, y muchas maestras los mandan con el siquiatra. Con el siquiatra no va, primero va con el sicólogo, y éste determina si va con el médico o no. Gran parte son niños mal educados.

¿Cuál es el caso más difícil que ha tratado?

Un varoncito que fue violado por su padre. A éste lo metieron a la cárcel y el niño de seis años se quedó a cargo de la madre. Empezó con una regresión del habla, con rasgos autistas. Para darnos cuenta quién fue el agresor pasó más o menos un mes. Fue un caso muy sonado en Guadalajara, pero el niño salió adelante. Dentro de lo posible está estable, está de alta por mí, pero es visto una vez al mes por una compañera para evitar una regresión.
¿Usted tiene hijos?
Tengo dos varones (uno de 12 años y el menor de ocho).

¿Cómo es su régimen educativo con ellos?
Desde chiquititos son las reglas en casa; qué es lo que tienes que hacer, cómo lo debes de hacer y a qué horas lo debes de hacer. Yo trabajo con la economía de fichas con mis hijos y con mis pacientes, una estrategia conductual, del conductismo, en el que hay un pizarrón a la vista del niño, que lo hace junto conmigo, de lo que debe de hacer todos los día y a qué horas lo debe de hacer.
Nunca he sido madre que haga las cosas por ellos, desde chiquitos: a ver, a ti te toca hacer esto, colabora, porque somos un equipo. Si tú no puedes cuando estás chiquito obviamente que las voy a hacer, pero ahora que tienes doce años tú lo puedes hacer.
Sabes cuál es el problema: que los padres creen que la única responsabilidad de los hijos es traer buenas notas, y no, error, esa no es la única responsabilidad: también es mantener el orden, la limpieza... y es un ambiente agradable de familia, porque no te sientes con esa carga que tienes que llegar de trabajar y tienes que hacer todo.
La mayoría de padres parecen repetidoras: lávate las manos, lávate los dientes, recoge esto, güiri güiri. Yo no repito. Ahí está escrito (en la pizarra) y si no lo hace hay consecuencias.

¿Cómo reacciona cuando sus hijos sacan mala nota?
He platicado con ellos. ¿Qué pasó con esta nota? “Es que la maestra no me calificó; no me dijo, no le entendí; yo hice mi mejor esfuerzo, mami, te lo juro que lo hice”. A mí me puedes mentir, a ti mismo no te puedes mentir, y el resultado es para ti, no es para mí, yo ya cumplí. Qué hiciste y qué no hiciste, la plática llega a tal grado que el niño hace conciencia. “No hice la tarea, no estudié previo al examen”. Ya cuando hizo esa conciencia, yo como madre: en qué te puedo ayudar. “Ayúdame en ponerme ejercicios durante todo el mes, o ayúdame en hacer los proyectos especiales”.
Entonces le ayudo, y él empieza a hacer los cambios individuales para sus trabajos, y esperamos al mes y la nota sube. Y si no sube, otra vez volvemos a hablar: qué te está pasando, qué necesitas, hasta que sí lo haga.
Fíjate que para mí no son importantes los dieces, a mí me interesa que sepan, que tengan el conocimiento para enfrentarse en la vida, para qué te sirve sumar, aplícalo. Si tú como padre haces lo que al niño le toca, nunca vas a criar un ser independiente, será dependiente aunque tenga 30 años.


¿Qué es la sicoterapia Gestalt?
Gestalt se traduce del alemán como “forma” o “configuración”, y se refiere a los fenómenos de percepción, estudiados por los alemanes que demostraron el carácter global de la percepción, como una totalidad que integra figura y fondo.
La sicoterapia Gestalt es una corriente dentro de la sicología humanista y se caracteriza porque considera que la persona cuenta con los recursos necesarios y suficientes para vivir feliz. Y desde esta perspectiva, el terapeuta no es sino el que acompaña a la persona en el proceso de descubrimiento personal. No da consejos ni consignas, sino herramientas para explorar nuestra vida y encontrar las propias soluciones. Se valora el aquí y ahora, es decir, la actualidad, el presente.
Es obvio que muchas veces hablamos de acontecimientos del pasado o expectativas hacia el futuro; sin embargo, en Gestalt estos recuerdos o expectativas se traen al presente, para darnos cuenta de cómo está repercutiendo en el momento actual.
Por ejemplo, un duelo no resuelto por una muerte o una separación amorosa, observamos cómo está influyendo y cómo vive en el presente, aunque pertenezca al pasado.
De igual modo el miedo al futuro nos puede incapacitar y es conveniente darse cuenta de qué tiene que ver con los miedos u otras emociones del presente. Por ejemplo, los hijos que nunca terminan la carrera o que no encuentran trabajo por miedo a enfrentarse a las responsabilidades de la vida adulta.
En la terapia Gestalt se valora, también, el darse cuenta, es decir, la capacidad que tiene cada ser humano para percatarse de lo que está sucediendo dentro de sí mismo y en el mundo que lo rodea. (Fuente: usuario.tiscali.es/pacod/gestalt.htm).
En palabras de la licenciada María Isabel Camarena, la terapia Gestalt pretende que el ser humano, en cualquiera de sus etapas desde los tres años hasta su muerte, haga contacto con lo que él siente, necesita y quiere.
“En la medida que se crece, se va perdiendo la naturalidad, empezamos a actuar según la educación o lo que nos dicen que hagamos, nos dicen desde cuna cómo debemos comportarnos, qué debemos decir y hacer. Con la terapia se pretende la integración de lo que el ser humano necesita con las reglas de la sociedad, sin olvidarnos de lo que necesitamos o sentimos”.


 


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