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21
de agosto de 2005

Entre
80 y 90 por ciento de aguas residuales se vierte a los mares
de América Latina sin tratamiento. Hay pocos esfuerzos
para evitarlo, dicen especialistas.
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Muchas industrias a nivel mundial
lanzan sus desperdicios a los océanos, contaminando
el recurso hídrico. Foto Juan Tassara |
América
Latina y el Caribe apenas se ocupan de tratar el gigantesco
torrente de descargas municipales, basura, hidrocarburos y
plaguicidas hacia sus aguas marítimas.
Así, millones de dólares se pierden por el deterioro
de los ecosistemas, la reducción de los volúmenes
de pesca y los daños a la salud humana.
Estudios indican que entre 80 y 90 por ciento de las aguas
residuales que provienen de fuentes terrestres llega a los
mares de la región sin ningún tratamiento.
Allí cubren a millones de peces y crustáceos,
los de mayor importancia comercial, y a ecosistemas frágiles
que comienzan a mostrar estragos.
Aunque la información disponible es escasa, todo indica
que hay un gran problema, dijo a Tierramérica
quien es la principal autoridad del Programa de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en materia de contaminación
marina en el Caribe, Chris Corbin.
El funcionario y delegados de gobiernos de esa zona se reunirán
la semana próxima en la capital de México para
analizar la situación, avanzar en programas nacionales
y conjuntos y trazar estrategias.
El experto del PNUMA lamentó que para la mayoría
de los gobiernos la contaminación de mares y ríos
no haya sido asunto prioritario. Sin embargo, en 1996, los
ministros de la región lo declararon el principal problema
ambiental.
Acuerdos y compromisos se hacen muchos, pero todo queda
en palabras, opinó Felipe Vázquez, investigador
del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
América Latina y el Caribe tienen 64 mil kilómetros
de litorales y 16 millones de kilómetros cuadrados
de territorios marinos, diariamente afectados por miles de
toneladas de aguas procedentes de zonas urbanas, industrias
y plantaciones agrícolas.
Sesenta de las 77 mayores ciudades de la región son
costeras, y 60 por ciento de la población vive a menos
de 100 kilómetros de los litorales marítimos.
Esos centros urbanos y sus industrias, incluida la petrolera,
vierten desechos al mar y presionan sus hábitat de
forma directa, pero también lo hacen quienes viven
tierra adentro, por el traslado de aguas residuales a través
de los ríos.
Apenas dos por ciento de las aguas servidas reciben tratamiento
antes de ser vertidas a ríos y mares.
La plataforma marítima regional es de poca profundidad
y relativamente angosta, casi siempre menor a 20 kilómetros,
y cae en abrupta pendiente hasta más de seis mil metros.
Esta topografía permite que las corrientes profundas
renueven con relativa velocidad el agua contaminada.
Pero la descarga contaminante ha llegado a tal punto, que
esa ventaja se está comenzado a perder. Estudios de
la Comisión Económica para América Latina
y el Caribe (CEPAL) indican que algunos manglares y arrecifes
de coral fueron dañados más allá de su
capacidad de recuperación.
Además, en toda la región se reporta una clara
disminución de la pesca y hay una evidente agresión
a la calidad de los alimentos de origen marino.
No hay datos concluyentes sobre el impacto en la salud humana
de estos problemas, pero investigaciones del PNUMA informan
que el consumo de alimentos de zonas costeras y de agua dulce
proveniente de áreas contaminadas producen cerca de
2,5 millones de casos de hepatitis y 25 mil muertes.
Además, enfermedades como el cólera y las diarreas,
y muchas afecciones de la piel están directamente vinculadas
a la contaminación de los mares.
Vázquez sostiene que los gobiernos están
paralizados ante el avance de la contaminación
del mar, y que las medidas aplicadas son dispersas y escasas.
Está por ejemplo la situación en la que
pusieron a los manglares, un ecosistema que va en decadencia,
dijo en entrevista con Tierramérica.
La superficie mundial de manglares bosques pantanosos
de mangle en zonas costeras como estuarios, bahías
y ensenadas se redujo en las últimas décadas
35 por ciento, para llegar a unas 17 millones de hectáreas.
Setenta por ciento de los peces capturados en el mar nacieron,
dependieron de alguna forma o se reprodujeron en manglares,
barreras naturales de franjas costeras muy frágiles.
Según el documento de la CEPAL La contaminación
de los ríos y sus efectos en las áreas costeras
y el mar, en América Latina y el Caribe hay pocos
recursos y dispersión de esfuerzos para enfrentar estos
fenómenos.
Existen problemas importantes de integración
y de enfoque en la gestión del agua, así como
de estrategias para controlar el efecto negativo que tiene
la contaminación de los ríos en las cuencas
bajas y en las áreas costeras, inclusive por aporte
de desechos sólidos al mar y a las playas producto
de convertir los ríos en verdaderos basurales,
señala el estudio.
Si no se toman medidas, los países costeros verán
agravarse sus pérdidas económicas por caídas
del turismo y la pesca, advirtió el investigador de
la UNAM.
El autor es corresponsal de Inter Press
Service (IPS)
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