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20
de noviembre de
2005
Semblanza
Sin más protocolos que lo social
En días
recientes fue nombrada la Mujer del año
por la Asociación Unión de Mujeres Americanas.
Seis años han pasado ya desde que dejó de ser
primera dama, pero su trabajo social sigue dejando huella.
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| Elizabeth, de 51 años, quiere
fundar un albergue para mujeres violentadas. |
A Elizabeth
de Calderón Sol no le bastaron los años que
fue primera dama de El Salvador (de 1994 a 1999) para acostumbrarse
a las luces de las cámaras, a los encuentros con los
periodistas donde tiene que reseñar su vida, ni siquiera
a los reconocimientos que ya se han vuelto incontables en
su trayectoria.
El pasado 26 de octubre, la Asociación Unión
de Mujeres Americanas le concedió una placa que la
acredita como la Mujer del año 2005-2006,
y aún con esa personalidad indoblegable y esa chispa
dibujada en su eterna sonrisa, Elizabeth llegó a experimentar
una crisis en su presión.
Me cuesta equilibrar las emociones, confiesa,
aun cuando por defender el derecho a la vida su Santidad Juan
Pablo II le otorgó la Pro Eclesia et Pontífice,
en 1995, y la Organización de las Naciones Unidas le
concedió el Premio mundial de población,
dos años más tarde.
Igual se sigue sintiendo nerviosa cada vez que un periodista
quiere hurgar entre sus recuerdos, sus opiniones sobre la
política y su experiencia en el campo social. Y más
aún cuando sabe que la entrevista va precedida de imágenes.
Ay, mire cómo me pongo (y muestra sus manos heladas).
A las fotos les tengo pánico y hasta llego a sentir
taquicardia, comenta.
Quién lo diría. Sólo cuando se ve envuelta
en el trabajo social que tanto adora: oyendo las necesidades
de la gente, llevándoles jornadas médicas y
ofreciéndoles ropa y víveres, como lo ha hecho
en días recientes luego de la tormenta Stan, las cámaras
dejan de inquietarla.
Ella no es mujer de protocolos. Quizás por eso recuerda
con entusiasmo los días en que era esposa del alcalde
capitalino, pues tenía la oportunidad de estar más
cerca del pueblo, sin horarios, sin anuncios y sin marchas
de llegada.
Incluso en el tiempo que fue primera dama, cada vez que podía
se atrevía a romper las normas establecidas. Durante
la visita de Hillary Clinton al país, en 1998, el Servicio
Secreto de Estados Unidos había planeado sacarla de
un hotel por el acceso de la cocina.
Pero ella decidió llevar a la ex primera dama por el
lobby para que tuviera contacto con lagente. Elizabeth,
esto jamás se me va a olvidar, le comentó
Hillary emocionada en esa ocasión.
Siempre con la gente
Elizabeth siempre hizo lo posible para no establecer barreras
entre ella y la gente. Traté de que las respuestas
no las diera la primera dama, la voz de la amiga, subraya,
Originaria de Ahuachapán, la ex primera dama creció
junto a sus padres y dos hermanas. De niña, ya
demostraba sus dotes de liderazgo y generosidad, escribió
en una semblanza sobre ella Aída Rodríguez Villalta,
una trabajadora social que le ayudó a fundar el Comité
de Proyección Social y también ha sido su asesora,
su compañera.
Ella
es la que me modula, bromea Elizabeth entre risas. Aída
Rodríguez, ahora de 71 años, trabaja en una
memoria donde recopila todas aquellas vivencias que a ella
le gusta ocultar, porque lo que menos quiere es parecer ególatra.
Aún así decide contar algunas que han enternecido
su corazón. Mientras estaba en una de las reuniones
del Instituto Salvadoreño de la Niñez y la Adolescencia
(ISNA, antes ISPM), le llevaron a un niño abandonado
por su madre.
Tomó al pequeño en sus brazos, y mientras ella
seguía en la junta, éste se fue quedando dormido
en su hombro izquierdo. A los dos días se dio cuenta
de que era VIH positivo. Allí se me volcó
el corazón y dije que la prueba del sida debía
ser de rigor para los menores abandonados, relata.
Esa experiencia la llevó a fundar el hogar para niños
con sida Jardín de amor, con la ayuda del
gobierno de Taiwan. El símbolo sigue siendo Óscar
Armando, como se nombró a aquel niño que después
de cinco años va al colegio y las últimas pruebas
de la enfermedad han resultado negativas.
Cuente lo que le pasó el domingo, le susurra
Aída Rodríguez. No, hágalo usted,
le contesta Elizabeth. Tres domingos atrás asistían
a una jornada médica en un cantón de La Libertad
y un hombre seguía los pasos de la ex primera dama.
Cuando tuvo la oportunidad se acercó para decirle:
Soy Peña Galdámez, el que estuvo detenido
en la cárcel de Cojute, el que le mandó una
carta y usted no dudó en contestarme, le comentó.
Esa carta yo la guardaba y la mostraba a los demás
reos. Ellos bromeaban que se trataba de una firma chabeleada,
le contó ese día a Elizabeth. Ese hombre con
el cuerpo tatuado también le pidió un trabajo,
y ella piensa darle el deseo.
Su vocación: lo social
Ella está demostrando que después de cumplir
su compromiso de cinco años no se retiró a su
casa para estar de brazos cruzados. Ha vuelto a retomar la
presidencia del Comité de Proyección Social
y además es parte de las fundaciones Inocencia y Nuevos
Tiempos, con especialidad en sida y violencia intrafamiliar.
A su juicio, ella ha dado la impresión de que aunque
no es una mujer de política ni serlo es parte de su
vocación, sigue sirviendo a su país desde un
ángulo social. Ser la primera dama de la nación
no hizo que se olvidara de esa su sensibilidad.
En las cumbres y en las reuniones de las primeras damas de
la región, cuenta Aída, ella siempre se involucró
en el trabajo que hacían los técnicos previo
a la celebración.
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| La exprimera dama el día de su
graduación, junto a su esposo y sus hijos. |
Nunca
fue sólo figura, recuerda su compañera.
No en vano los periódicos de los países que
visitaba llegaron a calificarla como la mejor amiga y la más
simpática.
En una ocasión, recuerda Aída, las primeras
damas de la región con sus equipos regresaban de Chile,
luego de una cumbre iberoamericana. La llegada de una tormenta
tropical hizo que el avión se mantuviera sobrevolando
en el aeropuerto de Santiago.
Las esposas de los jefes de Estado comenzaron a descontrolarse,
pero Elizabeth no hacía más que pedirles la
calma. Una técnica irrumpió: Elizabeth
de Calderón, primera dama de la región,
y todas las demás le siguieron al unísono.
Otra vez, la asistente de una de las primeras damas de la
región se acercó a ella para pedirle un favor.
Su jefa estaba pasando por un momento difícil en su
vida personal y quería que durante un recorrido Elizabeth
la acompañara, pues necesitaba por lo menos hacerla
sonreír frente a las cámaras de los periodistas.
No fue difícil para ella. En pocos minutos ambas parecían
alegres al calor de una plática. Los periodistas terminaron
entrevistando a Elizabeth y más de uno llegó
a preguntarle. ¿Qué hizo para hacerla
sonreír de esa manera?. Yo sólo
doy cariño, fue su respuesta.
Sus
estímulos
Pro
Eclesia et Pontífice,
de Su Santidad Juan Pablo II, por su defensa del derecho a
la vida
Orden de Mayo al Mérito en el grado de Gran Cruz,
por el presidente de Argentina, Carlos Saúl Menem.
Orden de la Estrella Brillante en el Grado de Gran Cordón,
por el presidente de China, Lee Teng Hui.
Orden Caballero Gran Cruz, banda para dama de
la Orden Isabel La Católica, por el Rey de España
Juan Carlos de Borbón.
Orden al Mérito de Chile, por el presidente
de ese país, Eduardo Frei.
Orden José Dolores Estrada en el Grado de Gran
Cruz, por el presidente de Nicaragua, Arnoldo Alemán.
Sus
sentimientos
La política:
Siente por ella admiración, pero no es su vocación.
Lo social: desde donde ella sirve a su país.
La pobreza: Los gobernantes deben dar acceso a oportunidades.
La violencia intrafamiliar: hace falta mucho que hacer, sobre
todo con los niños.
Entrevistas programadas: me pongo nerviosa y empiezo a sudar.
Un nuevo reconocimiento: un estímulo, pero traen más
responsabilidad.
Mujeres políticas que admira: Hillary Clinton, Milena
Calderón de Escalón, Ana Vilma de Escobar y
Violeta Menjívar.
Literatura preferida: la romántica, la espiritual y
la Biblia que recoge sus sentimientos.
Sus libros de rigor: Meditaciones para mujeres que hacen
demasiado, de Anne Sison Shaef, y Camino,
de José María Escrivá de Balaguer.
Algún tipo de arte: Ama la pintura y la escultura,
pero sólo practica el arte de amar.
La relación con sus tres hijos:
La madre que regula y ordena, pero también la amiga.
Sus momentos de soledad: acostumbra a visitar la cripta de
San José de la Montaña, donde se halla Jesús
de las Misericordias.
Armando Calderón Sol: un hombre íntegro, a quien
no tiene nada que reprocharle en la política.
Tiene pendiente: la fundación de un albergue contra
la violencia intrafamiiliar.
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