|20 de marzo de 2005

El Concilio Vaticano II transformó la Iglesia hacia la modernidad. Entre otras cosas cambió la misa, y dejó el latín; no obstante, hay un grupo que mantiene el antiguo rito, como “en aquel tiempo” (“in illo tempore”) cuando la ceremonia usaba el idioma del Imperio Romano.

Orsy Campos
Fotos: René Estrada


La hora de la misa ha llegado. El sacerdote entra al oratorio que tiene una capacidad hasta para 15 personas, y se coloca frente al altar, le da la espalda a la feligresía y comienza a persignarse y a decir en voz clara y fuerte “In nómine Patris, et Fílii et Spíritus Sancti”.

Así da inicio la misa en latín, una ceremonia católica que busca preservar el ritual romano que sufriera modificación a finales de los años 60, un rito que no es celebrado en cualquier iglesia ni por el común de los sacerdotes.

La ceremonia a la antigua, donde hasta puede haber cántos gregorianos que estremecen el alma, y donde sólo el sacerdote dirige toda la actividad, se realiza en el oratorio de una casa particular, es la vivenda de Eduardo Antonio Mendoza Clark, en la ciudad de Sonsonate, quien se considera un seguidor del rito romano, pero en ningún momento un fanático.

A veces la misa es oficiada en San Salvador, en otro oratorio donde llegan los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, el grupo religioso que fomenta y realizar la misma misa que se hacía antes de 1969.

Hay que aclarar que aunque no acepta el cambio dictado por el Vaticano, la jerarquía de la Fraternidad y los feligreses que participan se consideran católicos, apostólicos y romanos, como cualquier otro católico, con la diferencia que prefieren el rito antiguo y no el establecido por el Concilio Vaticano II.

“Nosotros rezamos por la salud y el bienestar del Papa, por el de los sacerdotes y por la Iglesia, porque no dejamos de ser católicos”, menciona Clark, quien desde 1992 forma parte de la fraternidad y quien demuestra que tiene gran fervor religioso, a tal grado que en su casa hizo el oratorio donde los sacerdotes —procedentes de Guatemala— ofician la misa.

La capilla tiene un altar rico en detalles y simbolismos cristianos, con imágenes de santos y Jesús crucificado, además de casi 300 reliquias de varias personas beatificadas o santificadas por el Vaticano, guardadas en tecas, y de las cuales Clark asegura tener certificados de autenticidad proporcionados por el mismo Vaticano.
¿Por qué en latín?

Todo comenzó con el Concilio Vaticano II, realizado entre el 11 de octubre de 1962 y el 8 de diciembre de 1965. Para entenderlo mejor diremos que el concilio ecuménico es una asamblea regular de obispos y teólogos que deciden cuestiones de doctrina o de disciplinas eclesiásticas.

En el caso del Concilio Vaticano II, éste fue celebrado en la Basílica de San Pedro de Roma, en cuatro sesiones, durante el pontificado de Juan XXIII y Pablo VI, reunido para propiciar la renovación de la Iglesia frente al mundo moderno y para restablecer la unidad cristiana.

Sin embargo, entre los cambios que influyó el Concilio se encuentra la modificación de la liturgia romana. Eso implicó dejar de utilizar el latín para el ritual de la misa, y en su lugar se procuró el uso de las lenguas vernáculas y la ceremonia se hace ahora dándole la espalda al altar para darle la cara a la feligresía, entre otros cambios.

A raíz de esta nueva liturgia, monseñor Marcel Lefebvre fundó en Suiza la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en 1970, con la intención de formar sacerdotes que preservaran y fomentaran el ritual antiguo. A pesar del rechazo del Vaticano.

Es así como la fraternidad se ha desarrollado a nivel mundial, a tal grado que han sido creados tres seminarios para formar más sacerdotes bajo la liturgia romana antigua: uno está ubicado en Suiza, otro en Estados Unidos y uno más en Argentina.

Aunque no hay un dato certero de cuántas personas participan en las misas en latín, lo cierto es que esta actividad se realiza en más de veinte países.

En El Salvador, la ceremonia antigua se realiza gracias a la participación activa de Clark, ya que él la ha promovido, a tal grado que en la actualidad se reúnen hasta doce adultos y tres niños.

Aunque algunas autoridades eclesiásticas no están de acuerdo con la Fraternidad, sus miembros utilizan el oratorio de Sonsonate y de San Salvador como refugio de esa tradición católica, apostólica y romana ancestral.

Origen de la misa tradicional

- Durante los siglos I y II, las palabras con las que Jesucristo consagró el pan y el vino en la última cena fueron rodeadas, poco a poco, por un conjunto de ritos que se constituyeron en el culto divino de la comunidad cristiana.

u En el siglo IV, con la aceptación del cristianismo por Roma, durante el papado de Dámaso I (años 366-384), el rito romano de la misa se consolidó.

- El papa Gregorio I (Magno) (590-604) se ocupó de que fuera redactado un “Liber Sacramentorum”, un libro con la liturgia pontifical, y puede decirse que en este misal ya casi contenía la misma misa que llegó al siglo XX.

- El papa Pío V (1566-1572) se encargó de codificar en forma definitiva el Misal Romano, tras el concilio reunido en la ciudad de Trento; por lo tanto, a esta misa le llaman tradicional, o “Misa de siempre”, también llamada Misa de San Pío V o Misa Tridentina (por el Concilio de Trento).

- El papa Paulo VI (1963-1978), retomando las opiniones del Concilio Vaticano II promulgó la nueva misa.

- En 1970, en Suiza, monseñor Marcel Lefebvre fundó oficialmente la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, con el fin de formar sacerdotes tradicionales y conservar el antiguo ritual romano.

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