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20
de marzo de 2005

¿Hay
algo que los títeres no hayan tratado? Han hablado
de los grandes temas de la vida. Han expresado lo que el hombre
no ha podido decir cara a cara, y le han dado un toque mágico,
hasta divertido.
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Francisco
Campos, quizás uno de los primeros teatreros que hizo
títeres en El Salvador, dio vida a la vaquita triste
allá por 1973. Ahora que habla de ese personaje, su
voz tiene un dejo de añoranza, hasta se oye triste.
Era una vaquita que vivía desconsolada porque su compañero
la había dejado sola en su hogar.
Era más bien una obra didáctica donde además
participaban el toro y su hijo, y la dueña del corral
y su esposo.
Pero los títeres han tratado tantos temas que bien
pudieran llamarse protagonistas de la realidad. Han hecho
sátira en contextos de guerra, han ridiculizado la
política, han hablado de salud, de pobreza, de educación,
de economía y hasta de los problemas ambientales.
Se han convertido en principes y mendigos, en empresarios
y campesinos, en señores y vasallos, en políticos
y en gente del pueblo. Han reído, han llorado, han
amado, se han confundido, han muerto y hasta han volado en
el escenario.
Ellos hacen cosas que el hombre no es capaz de hacer,
y por eso nos llevan ventaja, dice Óscar Flores
(el zompopo), un titiritero que cree en la magia de sus muñecos
y se forjó como tal en Europa y en Canadá.
El panorama del teatro con muñecos es ahora como el
de la vaquita, triste.
Es necesario enfocar con una lupa para descubrir el auge de
los títeres en El Salvador, que a veces parece incipiente
y otras sí llega a sorprender por su creatividad.
Por allí aparecen algunos titiriteros autodidactos,
casi quijotes, que han sobrevivido contando cuentos a niños
de comunidades, montando obras esporádicas y demostrando
que sí tienen fe en su arte.
Eduardo Saravia, Óscar Flores, Francisco Ramos, Juan
Paredes, Narciso de la Cruz, Alejandro Jovel, Rolando González,
José Amaya, Jorge Gámez, Mariano Espinoza y
alguno que se nos puede haber escapado de la lista.
Actores tras el teatrino
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| En
una de sus obras, Alejandro Jovel usa una máscara
para representar al hombre del bosque. |
Son en
su mayoría teatreros que primero incursionaron en las
tablas, y en la búsqueda de transmitir sentimientos
descubrieron un día la magia de los muñecos.
Nadie ha tenido escuela formal, como esas que forman titiriteros
en Asia y en Europa. Algunos han viajado, han compartido experiencias
con grandes titiriteros, han leído y otros sólo
han sentido la necesidad; así de simple.
Pero el manejo de este arte les ha permitido ser más
integrales, desarrollar otras ramas. Saben de modelado y de
pintura, porque son ellos quienes elaboran los muñecos;
de actuación, porque les dan el movimiento dramático
y escénico; de escenografía, de iluminación
y hasta de música.
Darle vida a un muñeco es, para Óscar Flores,
alejarse de la vanidad y de su ego. Un títere
cobra vida si el manipulador deja de existir, dice,
y luego , frente a una mesa, trata de sustentar sus palabras.
Los ve con sus ojos de grandes pestañas, casi con dulzura.
Los pone a caminar con calma, les mueve sus brazos, los hace
entristecer y hablar con aflicción. Y su mirada no
hace más que envolver al personaje; su energía
se rinde a él.
El movimiento del títere es tan parecido con el del
manipulador.
Detrás del teatrino, más allá de lo que
el público puede contemplar, se encuentra el actor
doblegado a la representación. Se enfurece, se vuelve
eufórico o se entristece si es necesario.
Alejandro Jovel, un titiritero que por veinte años
hizo escuela en Suramérica y hace más de un
año regresó al país con todo y sus muñecos,
imita los movimientos y la voz de una princesa.
Aaah... qué cansada estoy, y allí,
detrás del teatrino, en la soledad de su arte, él
parece tener el semblante cansado.
De acuerdo con el contexto
La vaquita de Francisco sigue triste, ahora porque no trabaja.
Él tiene doce años de no presentar a sus muñecos;
pero aún recuerda a Torcuato, el taxista
que muere de tanto emborracharse, y durante el velorio, sus
hijas y sus amigos ebrios hablan de los daños del alcohol.
Estos personajes debutaron en tiempos de guerra. Pero en esa
época hablar de los problemas cotidianos y de los temas
universales no era su único interés.
Ellos también eran críticos del conflícto.
Algunos muñecos fueron apresados por expresar lo que
el hombre no se atrevía a decir cara a cara, y más
de un actor fue asesinado por mostrar los sentimientos de
su personaje.
Como Roberto Franco, considerado el maestro de los titiriteros
en el país, que fue capturado en 1984 mientras se dirigía
a impartir un taller de títeres en el Teatro Nacional,
ya nunca volvió a saberse de él.
Guazapito, aquel muñequito rojo que se
presentaba durante los bailes en días de guerra y que
llegó a expresarse incluso detrás de los barrotes
de una cárcel, ha cambiado su mensaje. Rolando González
lo lleva ahora a las comunidades pobres para hablar de gestiones
de riesgo, de educación y del medio ambiente.
A juicio del titiritero Francisco Ramos, director de Cuenterete
Teatro, los muñecos sólo tratan los temas de
acuerdo al contexto. En los últimos tiempos se han
asociado a la diversión infantil, pero también
pueden tocar temas serios y llegar a ser muy complejos.
Aunque esa seriedad no se ha coronado en El Salvador. De hecho,
Eduardo Saravia, titiritero con 24 años de experiencia,
cree que este arte ha tenido poco auge. Me pregunto:
¿a qué se debe?, dice. Si es tan
atractivo y tiene esa magia que arrastra a niños y
adultos.
| El maestro |
Roberto Franco |
| Al
final de su vida, deben quemarse o sepultarse, solía
decir Roberto Franco de sus amigos, los títeres.
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Esos
personajes que lo llevaron a expresarse, a impartir
talleres en zonas marginales e incluso a ser capturado
y asesinado a finales de 1984.
Filánder Funes, ex amigo de Roberto y ahora director
de la escuela de Arte Teatral del Centro Nacional de
Artes (CENAR), subraya que en esa época estaba
prohibido disentir, y el teatro con muñecos movilizaba
las ideas.
Eduardo Saravia, ex alumno de los talleres de Roberto,
refiere que es el titiritero más grande que ha
existido en El Salvador. Él viajaba y tenía
contacto con compañías famosas de Francia,
Italia y España, relata.
El libro Teatro en y de una comarca centroamericana
detalla que a principios de la década de los
70 llegó a El Salvador el titiritero argentino
Sergio Kristiensen con su teatrito ambulante Pequeño
molino.
A él se le unió Roberto, quien llegó
a fundar su pequeño teatro Pequebú
y más tarde lo transformó en Teatro
de la ranita, personaje que su público
llegó a reconocer como la ranita Aurora.
Filánder lo recuerda creativo y con una gran
capacidad de improvisación. Él había
descubierto el poder de contacto que los títeres
tenían con la gente, y eso le emocionaba,
dice.
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| Juan
Paredes y Francisco Ramos actuando en una de sus
obras con títeres. |
Francisco
Campos, de los pioneros. |
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| Cobran vida |
Alejandro Jovel |
| Al
títere se le ha vinculado a la política;
incluso sus orígenes se han ligado a lo ceremonial.
Pero su esencia es la magia, el hecho de que pueda cobrar
vida. |
Mi
primer personaje fue el de un gallo que al cantar movía
el pico con un hilito.
Fue una aparición fugaz que marcó mi inicio
cuando residía en Colombia y ya trabajaba como
teatrero, allá por 1983.
Luego vino uno más completo: el motorista de un
bus. Era un negro que hablaba sabrosón, solía
quedarse varado en las calles y tenía que empujar
el bus.
Fui parte de compañías de teatro con muñecos,
entre las que recuerdo la Loca compañía,
de Colombia; Teatro para la imaginación,
de Brasil, y la Titiritaina, de Bolivia.
En Suramérica me presentaba en las calles, en los
parques y en los teatros. En ese vaivén por este
arte llegué a España y a Dinamarca, desde
donde, hace año y medio, tuve que regresar a El
Salvador con todo y mis muñecos, que ya han cruzado
el charco.
Luego de mi retorno no he tenido tanta actividad en el
país, ya no salgo a las calles porque siento que
pasé esa etapa.
Ahora estoy esperando la oportunidad para que el cuentacuentos,
el mago cachinflín y los leñadores vuelvan
a tener trabajo. |
| Transmiten sentimientos |
Óscar Flores |
| Creo
mucho en el teatro con muñecos. Siento que es un
arte en sí mismo y que es parte de la imaginación
de la humanidad. El llegar a manejarlo requiere mucho
entrenamiento y disciplina. |
Desde
1979 me había vinculado al teatro, a la música
y a las máscaras. Pero cuando llegué a profundizar
en los títeres, ocho años después,
me di cuenta de que con ellos se pueden transmitir mensajes
y sentimientos.
He tratabajado como titiritero en Francia y en Canadá.
En El Salvador he montado obras en comunidades locales,
financiadas por organismos internacionales como el PNUD.
Los países más representativos en esta rama
son los asiáticos: Japón, China, India,
Tailandia e Indonesia. Aunque las marionetas contemporáneas
han tenido auge en Canadá, Francia, Suecia, España,
México y Argentina.
En el país hay pocos titiriteros con experiencia,
quizás dos. Los demás se atreven a hacerlo.
A veces pienso, aunque no estoy muy seguro, de que este
arte ha tenido poco apoyo porque cuando profundiza penetra
hasta la imaginación, la cultura, la educación
y la crítica. |
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10
Es el promedio de titiriteros que aún trabajan
de este arte en El Salvador.
30
dólares es el precio de un muñeco elaborado
con la técnica guiñol.
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Antiguos
y variados
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*
Se dice que los títeres son tan antiguos como el
hombre. En el libro Teatro en y de una comarca centroamericana
se menciona que el antropólogo Stanley Boggs afirmó
que en una finca del occidente del país se encontraron
figuras que eran usadas como marionetas. Estas correspondían
a 500 años antes de Cristo y eran manejadas con
hilos.
* Existen innumerables técnicas para elaborar y
manipular estos personajes animados. La más usada
en El Salvador es la guiñol o de guante.
* Para su elaboración se usa papel periódico,
madera, alambre, pintura, plastilina, plástico
y esponja, entre otros materiales.
* El 21 de marzo fue establecido como el día mundial
del títere por la Unión Internacional de
la Marioneta (UNIMA Internacional). Esta ONG fue fundada
en 1929 y agrupa a asociaciones de marionetas procedentes
de 87 países. |
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